Beatifican en Ibiza a 20 sacerdotes mártires asesinados durante la Guerra Civil española
20 de octubre 2026
Los nuevos beatos fueron asesinados en 1936 por odio a la fe. La ceremonia, presidida por el cardenal Marcello Semeraro, se celebró este sábado en la Catedral de Ibiza y es la primera beatificación realizada en las Islas Baleares.
IBIZA, España, 17 de octubre de 2026. La Iglesia Católica celebró este sábado la beatificación de 20 sacerdotes mártires de la Diócesis de Ibiza, asesinados en 1936 durante la Guerra Civil española por odio a la fe.
El Dicasterio para las Causas de los Santos señala que la única razón por la que estos sacerdotes fueron asesinados fue su condición de ministros de la Iglesia. Los testimonios recogidos durante la investigación de la causa niegan que existieran otros motivos para sus muertes.
La celebración tuvo lugar en la Catedral de Ibiza y fue presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. La Misa contó con la concelebración de varios obispos y numerosos sacerdotes.
De acuerdo con el Obispado de Ibiza, se trata de la primera beatificación celebrada en las Islas Baleares.
Los nuevos beatos serán recordados litúrgicamente cada
6 de noviembre.
Los 20 nuevos beatos
Los sacerdotes forman parte de los 53 sacerdotes diocesanos que tenía Ibiza en aquella época. La causa de beatificación está encabezada por el sacerdote Juan Torres Torres, quien además era el más joven del grupo.
Los 20 nuevos beatos son:
- Juan Torres Torres
- Antonio Tur Costa
- Antonio Roig Guasch
- José Tur Bennassar
- Miguel Planells Tur
- José Ramón Escandel
- Joaquín Cirer Sala
- José Riera Bonet
- Antonio Cardona Vingut
- José Torres Torres
- Mariano Roig Marí
- José Ferrer Guasch
- Antonio Marí Torres
- Ignacio Serra Riera
- Antonio Ramón Orvay
- Mariano Escandell Roig
- Miguel Riera Bonet
- Andrés Tur Tur
- José Tur Ferrer
- José Serra Ribas
“La fidelidad de los mártires surge de la certeza de ser amados por Cristo”
Durante la homilía de la celebración, el cardenal Semeraro recordó las palabras de Jesús sobre quienes serían perseguidos por causa de su fe: “Seréis llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio”.
El prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos explicó que la Iglesia no celebra el martirio como una exaltación del heroísmo humano, sino como testimonio de fidelidad a Cristo.
“No exaltamos el heroísmo de personas excepcionalmente fuertes, sino la fidelidad de aquellos que permanecen enamorados y no permiten que el odio hacia los demás se convierta en su propio odio”, afirmó.
El cardenal subrayó que la fortaleza de los mártires no procedía de considerarse invencibles, sino de la confianza en el amor de Cristo.
“La fidelidad de los mártires no surge de la pretensión de ser invencibles, sino de la certeza de ser amados por Cristo”, señaló.
Al finalizar, invitó a los fieles a pedir no una vida libre de dificultades, sino la gracia necesaria para permanecer fieles a Cristo en medio de ellas.
“No pedimos ser librados de toda dificultad, sino no perder a Cristo en la dificultad; no pedimos estar libres del miedo, sino no ser gobernados por él; no pedimos una vida sin contradicciones, sino la gracia de permanecer fieles en el amor”, expresó.
Sacerdotes perseguidos durante 1936
Los nuevos beatos fueron arrestados entre agosto y septiembre de 1936, durante una etapa de violencia en Ibiza y Formentera en la que se produjo la supresión del culto y de los sacramentos, además del saqueo y la destrucción de iglesias.
Entre los primeros asesinados estuvo Juan Torres Torres, quien encabezaba la causa de beatificación y era el más joven de los sacerdotes. Había sido ordenado apenas dos meses antes cuando recibió la sentencia de muerte.
Ante su ejecución, exclamó: “¡Viva Cristo Rey!”. Fue asesinado el 7 de agosto de 1936 por su condición de sacerdote.
Ese mismo día también fue asesinado Antonio Tur Costa, quien había desarrollado su ministerio pastoral en la parroquia de San Carlos. Fue capturado junto con su padre y uno de sus hermanos.
Según el relato de la causa, fue desfigurado y posteriormente fusilado después de negarse a renunciar a su fe o blasfemar.
Otro de los mártires fue Antonio Roig Guasch, párroco y ecónomo de San Francisco Javier, en Formentera. Fue detenido entre el 7 y el 9 de agosto de 1936 y recluido en una prisión improvisada, donde fue torturado.
Sus captores intentaron obligarlo a blasfemar, pero ante su negativa fue ejecutado a tiros.
Los demás sacerdotes del grupo fueron recluidos en el Castillo de Ibiza y ejecutados el 13 de septiembre de 1936, después de un atentado que dejó alrededor de 20 muertos y numerosos heridos.
Tras las ejecuciones, los cuerpos permanecieron sin sepultura y posteriormente fueron trasladados al cementerio municipal.
El 29 de octubre de 1940, los restos fueron trasladados a la Catedral de Ibiza, donde reposan actualmente.
Con la beatificación de estos 20 sacerdotes, la Iglesia reconoce oficialmente su testimonio de fe y los propone como ejemplo de fidelidad a Cristo en medio de la persecución y el sufrimiento.
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