El abrazo que emocionó al Papa León XIV: la historia de amor, adopción y fe de Tommaso y Pina conmueve a Italia
13 de mayo del 2026
El Papa León XIV vivió este viernes uno de los momentos más conmovedores de su pontificado durante su visita al Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, en Italia. Allí conoció a Tommaso y Pina, un matrimonio italiano que transformó el dolor de la infertilidad en una auténtica vocación de amor acogiendo a dos niños gravemente enfermos y abandonados.
Ante el Santo Padre, la pareja relató entre lágrimas cómo Dios convirtió su sufrimiento en un camino inesperado de entrega total. Junto a ellos estaban Matteo, de 17 años, y María Rosaria, de 4, ambos en silla de ruedas y con graves discapacidades, pero profundamente amados por una familia que decidió decir “sí” donde muchos otros sólo veían miedo y sufrimiento.
“La Iglesia necesitaba un hombre capaz de sostener la unidad, iluminar al mundo y recordar que el cristianismo no depende de ninguna civilización concreta”
Del dolor de la infertilidad a una misión de amor
Tommaso y Pina llevan 24 años casados. Durante años soñaron con tener hijos biológicos, pero finalmente recibieron el diagnóstico que tanto temían: no podrían ser padres. Lejos de encerrarse en la desesperación, comenzaron un camino interior que terminó transformando completamente sus vidas.
“Con el tiempo entendimos que Dios nos pedía algo distinto”, explicaron ante el Papa. Aquella herida se convirtió lentamente en una llamada a amar de una manera radical.
Matteo: el primer “don de Dios”
En 2008, la pareja vio un reportaje televisivo sobre un niño abandonado a las puertas de un hospital de Nápoles. Había nacido sin brazos ni piernas.
Aquel niño era Matteo. Tommaso y Pina aseguran que bastó una sola mirada entre ellos para comprender que aquel pequeño formaría parte de su familia.
“Supimos inmediatamente que era el don que Dios nos confiaba”, relataron emocionados. Tras completar el proceso legal de adopción, Matteo llegó definitivamente a su hogar. En su primer cumpleaños, sus padres lo consagraron a la Virgen de Pompeya durante una Misa celebrada en el santuario.
Un segundo “sí” todavía más difícil
Catorce años después, el matrimonio volvió a abrir las puertas de su hogar a otra niña marcada por el sufrimiento. En 2022 conocieron a una bebé recién nacida llamada María, abandonada poco después de nacer y diagnosticada con una enfermedad gravísima e incurable. La pequeña era ciega y sorda, tenía traqueostomía y necesitaba alimentación mediante sonda. Los médicos aseguraban que apenas le quedaba un año de vida. Nadie quería adoptarla. Pero Tommaso y Pina no dudaron. “Dijimos nuestro ‘aquí estoy’”, contaron al Pontífice.
El gesto de la Virgen que cambió todo
El proceso de adopción fue inicialmente rechazado por el Tribunal de Menores de Nápoles, que consideró excesiva la carga para una familia que ya cuidaba de un hijo con necesidades especiales. Sin embargo, todo cambió tras un episodio vivido en el Santuario de Pompeya. Durante la tradicional bajada del cuadro de la Virgen, una responsable de la casa-familia colocó la mano de la pequeña sobre la imagen mariana. Dos días después, el tribunal reconsideró su decisión y autorizó la adopción. Para Tommaso y Pina no hubo dudas: aquello fue un regalo de la Virgen. La niña fue bautizada con el nombre de María Rosaria en honor a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya.
Las caricias del Papa que tocaron el corazón de todos
El momento más conmovedor llegó después del testimonio de la familia.
El Papa León XIV se acercó lentamente a Matteo y María Rosaria. No hubo discursos largos ni grandes gestos protocolarios. Sólo ternura. Primero acarició a Matteo con delicadeza, apoyando su mano sobre su cabeza y besándolo en la mejilla. Después se inclinó hacia María Rosaria y la besó suavemente. La niña, aunque no puede ver ni oír, percibió el cariño del Santo Padre. La escena dejó en silencio a todos los presentes.
Una vida redimida por el amor
Tommaso y Pina confesaron que lo más doloroso no son las enfermedades de sus hijos, sino el rechazo y la incomodidad que muchas personas muestran ante ellos. “A veces ni siquiera son capaces de mirarlos”, lamentaron.
Por eso, la mirada limpia y llena de amor del Papa tuvo para esta familia un significado inmenso. En apenas unos segundos, aquellas caricias parecieron abrazar años enteros de sufrimiento, soledad y lucha silenciosa. Y en medio de ese pequeño instante, el dolor quedó transformado en algo más grande: una historia viva de Evangelio, donde el amor vence al miedo y donde la fragilidad humana se convierte en reflejo de la ternura de Dios.
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