“24 horas para el Señor”: iglesias abiertas en todo el mundo para experimentar la misericordia de Dios
11 de marzo del 2026
Su diario espiritual, escrito durante la persecución nazi, continúa inspirando a creyentes y pensadores de todo el mundo
En medio de una reflexión sobre la búsqueda de Dios en la vida cotidiana, el Papa León XIV sorprendió este domingo durante el rezo del Ángelus al recordar la figura de Etty Hillesum, una joven escritora judía neerlandesa asesinada en el campo de exterminio de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.
El Pontífice citó una de las frases más conocidas de los cuadernos espirituales que Hillesum escribió mientras Europa se hundía en la barbarie del nazismo. En aquellos textos, redactados entre 1941 y 1943, la joven narraba con extraordinaria profundidad su experiencia interior, marcada por la persecución, el sufrimiento y una intensa búsqueda de Dios.
La cita evocada por el Papa describe la fe como un pozo interior que, en ocasiones, queda cubierto por las piedras del miedo, la angustia o la desesperanza. Sin embargo, explicaba Hillesum, siempre es posible volver a excavar para encontrar nuevamente a Dios. León XIV utilizó esta imagen para explicar que el encuentro con Cristo despierta en el corazón humano una fuente interior de vida, capaz de brotar incluso en medio de las circunstancias más oscuras.
“En el corazón humano siempre existe un pozo profundo donde habita Dios, incluso cuando el dolor parece haberlo sepultado.”
Una joven pensadora marcada por la tragedia del siglo XX
Etty Hillesum nació el 15 de enero de 1914 en Middelburg, en los Países Bajos, en el seno de una familia judía culta e intelectualmente activa. Su padre era profesor de lenguas clásicas y su madre procedía de Rusia. Durante su juventud estudió Derecho y lenguas eslavas en la universidad. Sin embargo, su reconocimiento mundial no llegaría hasta después de su muerte, cuando se publicaron los diarios que comenzó a escribir en 1941. La escritura surgió inicialmente como una recomendación terapéutica de su psicólogo, Julius Spier, quien le aconsejó registrar sus pensamientos para profundizar en su proceso interior.
Aquellos cuadernos pronto se convirtieron en algo mucho más que un ejercicio personal. En ellos Hillesum reflejó el progresivo deterioro de la vida judía bajo la ocupación nazi en los Países Bajos, pero también una transformación espiritual sorprendente. Mientras la persecución se intensificaba, su reflexión se volvió cada vez más profunda, marcada por una relación interior con Dios que ella describía como una presencia viva en su interior. En uno de los pasajes más célebres escribió: “Hay un pozo muy profundo dentro de mí. Y en ese pozo habita Dios.”
Un testimonio espiritual en medio de la persecución
Los diarios de Hillesum han sido comparados frecuentemente con el Diario de Ana Frank, aunque presentan un tono distinto. Mientras el relato de Ana Frank refleja el drama de una adolescente escondida durante la persecución nazi, los escritos de Hillesum se caracterizan por una mirada filosófica y espiritual profundamente madura. Sus reflexiones dialogan con las grandes corrientes intelectuales del siglo XX y han sido estudiadas junto a figuras como Edith Stein, Simone Weil o Hannah Arendt.
Pero lo que más impresiona de su testimonio es la serenidad con la que afrontó el sufrimiento. En lugar de caer en la desesperación o el odio, Hillesum insistía en la necesidad de preservar la humanidad incluso en medio de la violencia.
Permanecer junto a su pueblo
A medida que la persecución contra los judíos se intensificaba, Hillesum tuvo la oportunidad de esconderse o abandonar el país. Sin embargo, decidió permanecer en los Países Bajos para acompañar a su comunidad. En 1942 comenzó a trabajar como mecanógrafa en el Consejo Judío, la institución que mediaba entre la comunidad judía y las autoridades de ocupación. Poco después se ofreció como voluntaria en el campo de Westerbork, un campo de tránsito desde el cual miles de judíos neerlandeses eran deportados hacia los campos de exterminio en Europa del Este.
Allí desempeñó tareas como enfermera y también actuó como intermediaria entre los prisioneros y el exterior. Gracias a permisos especiales, pudo viajar en varias ocasiones a Ámsterdam para llevar cartas y noticias de los deportados a sus familias.
Una espiritualidad que miraba al mundo
En sus escritos, Hillesum desarrolló una forma de oración profundamente original. Para ella, rezar no consistía necesariamente en retirarse del mundo, sino en mirar la realidad con una conciencia abierta a la presencia de Dios.
En uno de sus textos explicó: “Algunas personas cierran los ojos para rezar y se vuelven hacia su interior. Pero también se puede rezar abriendo los ojos y contemplando la vida con todo su dolor y su belleza.”
Sus reflexiones también abordaban la responsabilidad humana frente al mal.
En junio de 1942 escribió una frase que con el tiempo se haría célebre:
“Dios no es responsable del daño absurdo que los hombres se hacen unos a otros. Somos nosotros los responsables ante Él.”
El viaje hacia Auschwitz
Finalmente, en septiembre de 1943, Hillesum fue deportada junto con su familia al campo de exterminio de Auschwitz. Tenía apenas 29 años. Antes de partir, escribió una breve postal que arrojó desde el tren. El mensaje fue recogido por campesinos y más tarde recuperado.
En él se podía leer una frase que revela la serenidad con la que afrontaba su destino: “Hemos dejado el campo cantando.” Murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943.
Un legado espiritual que sigue creciendo
Tras el final de la guerra, los diarios de Hillesum fueron publicados y comenzaron a despertar el interés de teólogos, filósofos e historiadores.
Hoy su obra es estudiada en universidades y centros de espiritualidad de todo el mundo. Su testimonio se ha convertido en una de las voces más profundas del siglo XX sobre la fe, la esperanza y la dignidad humana en medio del sufrimiento.
Una figura citada por los Papas
El Papa León XIV no es el primero en evocar su figura. En 2013, durante una audiencia general, el Papa Benedicto XVI también mencionó a Hillesum como ejemplo de cómo el ser humano puede descubrir a Dios incluso en medio de las tragedias más profundas de la historia. El pontífice alemán destacó que su experiencia espiritual surgió precisamente en el contexto del horror del Holocausto.
Más de ochenta años después de su muerte, el testimonio de Etty Hillesum sigue siendo una referencia para creyentes de distintas tradiciones religiosas.
Su vida recuerda que incluso en los momentos más oscuros de la historia humana puede surgir una fe capaz de iluminar el sufrimiento con esperanza.
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