La luz que nos guía y atrae es la esperanza, afirmó el Papa en la procesión de antorchas en Lourdes
27 de Septiembre del 2026
Autor: Julieta Villar
Al culminar la tercera jornada de su viaje apostólico a Francia, el Papa León XIV encabezó el rezo del
Santo Rosario y procesión con antorchas (aux flambeaux) en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, una de las tradiciones más emblemáticas de este centro mariano y patrimonio cultural inmaterial de Francia.
Antes de comenzar el rezo del Rosario, el Papa se detuvo un momento frente a la imagen de Nuestra Señora de Lourdes para rezar en silencio. Seguidamente dio inicio la procesión, encabezada por la cruz y la imagen de la Virgen de Lourdes iluminada, que recorrió el santuario ante una multitud de peregrinos que permanecieron con sus velas encendidas.
Finalizado el Rosario, cuyos misterios se rezaron en diferentes idiomas, el Santo Padre se dirigió a los fieles, asegurando que este gesto es una respuesta al pedido que Nuestra Señora, a través de Santa Bernadette, dirigió a los sacerdotes: "Que se venga aquí en procesión".
En ese contexto, consideró conmovedor "ver al pueblo fiel, de generación en generación, responder con amor y confianza a la tierna invitación de la Virgen María", escucharlos entonar himnos llenos de fervor y fe, y caminar con sus velas encendidas hacia su Madre del cielo.
El Pontífice aseguró que "esta luz que nos guía y nos atrae es la de la esperanza que nunca nos abandona, incluso durante nuestra peregrinación por esta vida, a menudo marcada por pruebas, pero ya plena por la alegría de sabernos hijos de Dios, amados y salvados por Jesús".
León XIV se refirió en particular a los enfermos que llegan a Lourdes para ofrecer sus dolencias a la intercesión de la Virgen: "Necesitamos participar en esta procesión con ustedes, queridos enfermos, para comprender plenamente su realidad", afirmó, y citando al Papa Pío XII, expresó: "¡Nunca en lugar alguno de la tierra se ha visto semejante cortejo de sufrimiento, nunca semejante resplandor de paz, de serenidad y de alegría!".
Ese milagro de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba, aseguró el Papa, es posible "porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que tenemos la certeza de alcanzar si permanecemos firmes en la fe y en la caridad".
En palabras de San Pablo, el Pontífice animó a la multitud diciendo: "Los sufrimientos del tiempo presente no tienen comparación con la gloria que un día se nos manifestará", e invitó a los enfermos a guardar en la memoria esas "palabras de oro".
Asimismo, llamó a perseverar en el camino en el que María nos precede, y acudir con confianza hacia Ella, cuya Inmaculada Concepción "resplandece como un faro en medio de la noche".
"Ella es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita", afirmó el Santo Padre. Por eso, exhortó a volver la mirada hacia Ella, "tan gloriosa y tan humana", y dejar que Ella nos conduzca hacia Dios, que es el vencedor.
Al recordar que fue en Lourdes donde María se presentó a sí misma como la Inmaculada Concepción, León XIV recordó que "Jesús, por los méritos de su Pasión y de su Resurrección, quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de ella una nueva Eva —sobre quien el demonio nunca tendrá poder alguno—, a partir de la cual todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros".
Por ese motivo, afirmó, "su amparo y su intercesión no son secundarios para el cristiano que desea acoger la gracia de la Redención, obtenida por la sangre de Jesús, y luchar contra el mal".
Describiendo a la Virgen como "la estrella del mar" —Stella maris— recordó la oración de San Bernardo: "Oh, tú, que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, no desvíes los ojos de la luz de esta estrella. [...] Si la sigues no puedes desviarte; si la invocas no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte; si ella te sostiene, no caes; si ella te protege no tienes qué temer, si ella te guía no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta".
Finalmente, dirigiéndose a los fieles de todo el mundo que llegaron a Lourdes para participar de la "ferviente y serena" procesión de luces, los invitó a llevar sus intenciones más queridas y urgentes a Nuestra Señora.
"Al contemplarla en su Inmaculada Concepción, brotan en nuestro corazón una alegría y una esperanza invencible: pues, revestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada de estrellas, ella es gloriosa, es poderosa; y, al mismo tiempo, es humilde, está muy cerca de nosotros, es la Madre de Jesús, es nuestra Madre", concluyó.
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