La resurrección de Lázaro revela el poder de Cristo sobre la muerte, afirma arzobispo
23 de marzo del 2026
Mons. Javier del Río destaca que este milagro anticipa la victoria definitiva de Jesús en la Pascua y fortalece la esperanza cristiana
En el camino hacia la Semana Santa, la Iglesia propone contemplar uno de los signos más impactantes del Evangelio: la resurrección de Lázaro. A partir de este pasaje, el Arzobispo de Arequipa, Mons. Javier del Río, ha ofrecido una profunda reflexión en la que subraya que este milagro no es un hecho aislado, sino una manifestación clara del poder absoluto de Cristo sobre la muerte.
En un texto difundido recientemente, el prelado recuerda que este episodio narrado por el Evangelio de San Juan no solo conmueve por su dimensión humana, sino que encierra un significado espiritual de gran alcance: anticipa la victoria definitiva de Jesús en su misterio pascual.
De este modo, la resurrección de Lázaro se convierte en una invitación a redescubrir la esperanza cristiana, fundada en el amor de Dios que vence toda forma de muerte.
“La resurrección de Lázaro nos revela que el amor de Cristo es más fuerte que la muerte y abre el camino a la vida eterna.”
Un signo que anticipa la victoria de Cristo
Mons. del Río explica que el milagro de Lázaro no debe interpretarse únicamente como un hecho extraordinario, sino como un signo que anuncia la obra definitiva de Jesús.
Al devolver la vida a su amigo, Cristo manifiesta su autoridad sobre la muerte física, pero al mismo tiempo anticipa lo que realizará plenamente en su Pasión, Muerte y Resurrección. Según el arzobispo, este gesto revela que Jesús no solo tiene poder para devolver la vida temporal, sino para destruir la muerte en su raíz, abriendo a los hombres la posibilidad de participar en su propia resurrección. Así, la escena de Betania se convierte en una luz que ilumina el misterio pascual, mostrando que la muerte no tiene la última palabra.
El cumplimiento de las promesas de Dios
El prelado destaca también que este milagro está profundamente conectado con las promesas anunciadas en el Antiguo Testamento. En particular, recuerda las palabras del profeta Ezequiel, en las que Dios promete abrir los sepulcros y devolver la vida a su pueblo. La resurrección de Lázaro aparece así como el inicio del cumplimiento de estas promesas, mostrando que la acción salvadora de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta que se manifiesta en la historia.
Este signo, además, ocupa un lugar especial en el Evangelio de San Juan, que lo presenta como el último gran milagro de Jesús antes de su entrada en la Pasión. Según subraya Mons. del Río, el evangelista relata estos signos con un propósito claro: fortalecer la fe en Cristo como Hijo de Dios y fuente de vida.
Cristo vence la muerte desde dentro
Uno de los aspectos más profundos de la reflexión del arzobispo es la afirmación de que Jesús no evita la muerte, sino que la enfrenta y la vence desde dentro. Inspirándose en enseñanzas del Papa Benedicto XVI, Mons. del Río recuerda que la resurrección de Cristo no consiste en escapar de la muerte, sino en transformarla.
Al asumir la muerte en su propia carne, Jesús la derrota definitivamente, convirtiéndola en un paso hacia la vida plena. Esta victoria no se limita a Cristo, sino que se extiende a todos aquellos que creen en Él, participando de su vida nueva. De este modo, la fe cristiana no niega la realidad del sufrimiento y de la muerte, pero la ilumina con una esperanza que va más allá de lo visible.
La vida nueva en el Espíritu
El arzobispo concluye su reflexión recordando las palabras de San Pablo en la Carta a los Romanos, donde se afirma que el Espíritu que resucitó a Cristo habita en los creyentes. Esta presencia del Espíritu Santo es la garantía de que la vida nueva ya ha comenzado en quienes acogen a Dios.
La resurrección, por tanto, no es solo una promesa futura, sino una realidad que empieza a manifestarse en la vida del cristiano. El amor de Dios, derramado en el corazón por el Espíritu, es ya participación en esa vida que no tiene fin.
Una llamada a la fe y a la esperanza
La resurrección de Lázaro, contemplada en este tiempo litúrgico, se presenta como una invitación a renovar la fe en Cristo. Más allá del asombro que provoca el milagro, el Evangelio dirige la mirada hacia una verdad más profunda: Jesús es la vida y quien cree en Él no muere para siempre.
Así, la reflexión de Mons. Javier del Río anima a los fieles a confiar en el poder salvador de Cristo, especialmente en los momentos de dificultad.
Porque, como recuerda la Iglesia en este tiempo de preparación hacia la Pascua, la muerte no es el final, sino el umbral hacia la vida eterna que Dios ofrece a quienes se acogen a su amor.
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