Vida y milagros de San Martín de Porres: ¿Qué hizo para llegar a los altares?
04 de noviembre del 2026
San Martín de Porres, conocido como el “santo de la escoba” y llamado popularmente “Martín de la Caridad”, es recordado por su profunda devoción a Cristo, su amor a la Eucaristía y su entrega a los más necesitados. Su vida estuvo marcada por numerosos testimonios de curaciones y hechos extraordinarios, y fue canonizado por San Juan XXIII en 1962.
Cada 3 de noviembre, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Martín de Porres, religioso dominico peruano que dedicó su vida a la oración, la humildad y el servicio a los pobres y enfermos.
Nacido en Lima, Perú, San Martín falleció el 3 de noviembre de 1639. Su fama de santidad se extendió por su profunda caridad y por los numerosos testimonios de hechos extraordinarios atribuidos a su intercesión.
Fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa San Juan XXIII, en una ceremonia celebrada en el Vaticano. Durante la homilía, el Pontífice destacó su amor a Cristo, su devoción a la Virgen María y su entrega generosa a todos, especialmente a quienes vivían en condiciones de mayor vulnerabilidad.
¿Qué milagros hizo San Martín de Porres durante su vida?
A San Martín de Porres se le atribuyen numerosos milagros durante su vida, aunque, según los testimonios, nunca se adjudicó estos acontecimientos ni buscó reconocimiento por ellos. Entre los relatos más conocidos se encuentran curaciones inexplicables y el don de la bilocación, es decir, la capacidad de encontrarse en dos lugares distintos al mismo tiempo.
Algunos testimonios afirmaban haberlo visto en lugares lejanos de Lima, donde vivía en el convento de los dominicos, acompañando y curando enfermos. Incluso se mencionan apariciones suyas en África y Japón, territorios a los que habría deseado viajar como misionero.
El escritor peruano Ricardo Palma recogió varios episodios extraordinarios en su obra Tradiciones peruanas. Uno de los más conocidos relata cómo San Martín consiguió que un perro, un ratón y un gato comieran juntos de un mismo plato, un gesto que se convirtió en símbolo de la armonía y la paz.
Otra historia cuenta que un albañil cayó de un andamio mientras trabajaba cerca del Convento de Santo Domingo. Al advertir el accidente, San Martín habría logrado detener al hombre en el aire para evitar que se estrellara contra el suelo. Sin embargo, como tenía prohibido realizar nuevos milagros, pidió autorización al prior del convento antes de permitir que el trabajador descendiera lentamente.
El historiador peruano Rafael Sánchez-Concha también ha recogido testimonios sobre otros fenómenos atribuidos al santo, como la capacidad de anticipar acontecimientos futuros y la levitación. Según explicó, algunos testigos aseguraban haberlo visto elevarse hasta tres metros del suelo sin ayuda alguna.
Asimismo, se decía que San Martín podía intuir el estado espiritual de los religiosos fallecidos en el convento. Cuando consideraba que alguno necesitaba purificación, pedía oraciones por su alma; cuando creía que había alcanzado el Cielo, animaba a los demás frailes a imitar sus virtudes.
¿Qué hizo San Martín de Porres para ser santo?
Más allá de los milagros que se le atribuyen, la santidad de San Martín de Porres estuvo marcada por su profunda vida espiritual y su amor incondicional al prójimo.
En la homilía de su canonización, San Juan XXIII recordó que el religioso dominico tenía una intensa devoción a Cristo crucificado. Al contemplar los sufrimientos de Jesús, experimentaba una profunda emoción que, según el Pontífice, lo llevaba a derramar abundantes lágrimas.
El Papa también destacó su amor a la Eucaristía, ante la que permanecía largas horas en oración y adoración. La Virgen María ocupaba igualmente un lugar especial en su vida, pues la reconocía y veneraba como una madre cercana.
Sin embargo, una de las virtudes que más distinguieron a San Martín fue su caridad. Siguiendo las enseñanzas de Cristo, amaba a todas las personas como hermanos, sin importar su origen, condición social o situación económica.
San Juan XXIII resaltó que el santo consideraba a los demás mejores que él mismo y procuraba tratarlos con una generosidad extraordinaria. Perdonaba las ofensas, disculpaba las faltas ajenas y buscaba ayudar a quienes se habían apartado del buen camino. También dedicaba especial atención a los enfermos y necesitados, proporcionándoles alimentos, ropa y medicinas.
Su servicio alcanzaba particularmente a campesinos, personas de origen africano y mestizos que, durante aquella época, desempeñaban los trabajos más humildes. Por esta entrega constante, el pueblo comenzó a llamarlo “Martín de la Caridad”.
Su amistad con Santa Rosa de Lima es otro de los aspectos recordados de su vida, marcada por una espiritualidad profundamente arraigada en la fe y en el amor a Dios.
¿Qué milagros permitieron su canonización?
Aunque durante el proceso de canonización se estudiaron distintos testimonios, dos curaciones fueron reconocidas para que el Beato Martín de Porres pudiera ser declarado santo.
El primer milagro reconocido ocurrió en 1948, en Paraguay. Una mujer de 89 años sufrió un infarto y los médicos consideraban que le quedaban pocas horas de vida. Ante la gravedad de su estado, una de sus hijas pidió la intercesión del Beato Martín. Al día siguiente, la anciana había recuperado la salud.
El segundo caso tuvo lugar en 1956, en las Islas Canarias, España. El beneficiado fue un niño llamado Antonio Cabrera Pérez, quien padecía gangrena en la pierna izquierda después de sufrir un fuerte golpe.
Los médicos contemplaban la posibilidad de amputarle la extremidad. Sin embargo, sus padres recurrieron a la intercesión del Beato Martín y colocaron una estampa suya junto al niño.
Según el relato recogido por el historiador Rafael Sánchez-Concha, al día siguiente el pequeño amaneció completamente curado. Estos dos acontecimientos fueron determinantes en el reconocimiento de su santidad por parte de la Iglesia.
San Martín de Porres, ejemplo de humildad y caridad cristiana
La vida de San Martín de Porres recuerda que la santidad no se manifiesta únicamente en hechos extraordinarios, sino también en la fidelidad cotidiana a Dios y en el amor concreto hacia los demás.
Su devoción a Cristo crucificado, su amor a la Eucaristía, su cercanía a la Virgen María y su servicio a los pobres y enfermos hicieron de él un ejemplo de vida cristiana.
Al canonizarlo en 1962, San Juan XXIII reconoció oficialmente su santidad y presentó su testimonio como una invitación a vivir la caridad sin distinciones, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
Compartir
Suscríbete a EWTN España
Mantente al día con nuestras noticias más importantes y recibe contenido exclusivo directamente en tu correo electrónico.
Otras noticias












