Cuatro solemnidades marianas que marcan el año litúrgico: comenzar y caminar bajo el amparo de la Madre de Dios
2 de enero del 2026
La devoción a la Virgen María ocupa un lugar central en la vida de la Iglesia Católica. A lo largo del año litúrgico, los fieles celebran numerosas fiestas y memorias marianas que expresan el amor del pueblo cristiano por la Madre del Señor.
Sin embargo, solo cuatro celebraciones dedicadas a María poseen el rango de solemnidad, el grado litúrgico más alto. Estas solemnidades, celebradas por los católicos de todo el mundo, no solo honran a la Virgen, sino que iluminan aspectos esenciales del misterio de la salvación.
No es casual que la primera de ellas coincida con el 1 de enero, cuando la Iglesia inicia el año civil confiándose a la protección maternal de Santa María, Madre de Dios.
“El verdadero propósito cristiano no es cambiar de vida por esfuerzo propio, sino dejar que Cristo la transforme mes a mes con su amor, su misericordia y su esperanza.”
Una revolución que comienza en el corazón
El Papa León XIV ha señalado con claridad que el centro del Evangelio no es una idea ni una norma, sino una Persona: Jesucristo, cuyo amor nos hace hermanos. Desde esta convicción, ha hablado con fuerza de la necesidad de una auténtica “revolución del amor”, capaz de transformar nuestras relaciones familiares, sociales y eclesiales.
El inicio del año se presenta, así, como una llamada a revisar cada día dónde y cómo estamos llamados a amar más. No se trata de grandes gestos visibles, sino de decisiones cotidianas que construyen comunión: una palabra reconciliadora, un perdón ofrecido, una atención sincera al otro. El Papa recuerda que esta es “la hora del amor”, y que la caridad concreta es el lenguaje más creíble del cristiano en el mundo.
En los meses siguientes, este camino de amor se profundiza al afrontar con realismo la fragilidad humana. León XIV insiste en que la fe no nos exime de caer, pero sí nos ofrece siempre una salida: la misericordia.
Allí donde el pecado parece tener la última palabra, la luz de Cristo no se apaga, sino que comienza a brillar con más fuerza. El Año Nuevo se convierte así en una oportunidad privilegiada para reconciliarnos con Dios, especialmente a través del sacramento de la confesión.
Vivir desde Cristo: Eucaristía, Palabra y unidad
A lo largo de su magisterio, el Pontífice ha subrayado que la vida cristiana se sostiene en una relación viva con Cristo, alimentada por la Eucaristía y la Palabra de Dios. Redescubrir la centralidad de la Misa, prolongar la acción de gracias, adorar en silencio y dejarse formar por la Escritura son pilares esenciales de un camino espiritual sólido.
En este horizonte, León XIV recuerda que la Iglesia solo es fecunda cuando vive unida a la cruz y al don total de Cristo. De ahí su insistencia en la comunión: en Cristo somos una sola familia, más allá de diferencias culturales, ideológicas o de sensibilidad. La unidad no es uniformidad, sino un don que se cuida con la oración, la escucha y la humildad.
Este llamado a la unidad se traduce también en una apertura misionera. El Papa propone una evangelización que no busca imponerse, sino irradiar la alegría de vidas transformadas por el Reino de Dios. Ser misioneros no significa ir lejos, sino dar testimonio allí donde cada uno vive, trabaja y se relaciona, señalando siempre a Cristo y no a uno mismo.
Esperanza concreta para un mundo herido
En la segunda mitad del año, el itinerario espiritual inspirado por León XIV pone el acento en la acción del Espíritu Santo, que despierta corazones adormecidos por el individualismo y el miedo. El Papa advierte que una vida encerrada en sí misma termina marchitándose, y que solo el Espíritu abre fronteras interiores y libera del egoísmo.
Desde esta libertad interior brota la entrega al prójimo: actos sencillos, muchas veces ocultos, que preparan un espacio donde Dios puede habitar. El Pontífice recuerda que el culto, si no se convierte en amor concreto, corre el riesgo de vaciarse de sentido. Servir, perdonar y acompañar son expresiones auténticas de una fe viva.
Especial atención merecen, en su enseñanza, los ancianos, los pobres y los olvidados. León XIV insiste en que la historia no se agota en el presente, y que el encuentro entre generaciones es fuente de sabiduría y esperanza. Estar con los demás —más que hacer cosas para ellos— es, según el Papa, el secreto de la caridad cristiana.
El año culmina en el Adviento, tiempo de espera confiada. En un mundo marcado por la guerra, la injusticia y la incertidumbre, el Pontífice exhorta a pasar de esperanzas frágiles a una esperanza firme, anclada en el amor de Dios que no defrauda. Preparar el corazón para la venida del Señor se convierte así en el gran horizonte que da sentido a todo el camino recorrido.
Estos doce objetivos espirituales, inspirados en el magisterio del Papa León XIV, configuran una propuesta exigente y profundamente evangélica para vivir 2026 no como un simple año más, sino como un auténtico itinerario de conversión, comunión y misión, muy cerca del corazón de Jesús.
Recibe las noticias de EWTN España por Whatsapp. Cada vez es más difícil ver noticias católicas en redes sociales. Suscríbete hoy mismo a nuestro canal gratuito.
Suscríbete a EWTN España
Mantente al día con nuestras noticias más importantes y recibe contenido exclusivo directamente en tu correo electrónico.
Otras noticias












