El libro favorito de León XIV revela el secreto de una vida unida a Dios
6 de marzo del 2026
“La práctica de la presencia de Dios”, el clásico espiritual del hermano Lorenzo que inspira al Papa, enseña cómo encontrar a Dios en lo cotidiano
En una época marcada por la prisa, la dispersión y la dificultad para encontrar espacios de silencio interior, un pequeño libro espiritual escrito hace más de tres siglos continúa iluminando la vida de muchos cristianos. Se trata de La práctica de la presencia de Dios, una obra profundamente sencilla que recoge conversaciones y cartas del hermano Lorenzo, un humilde religioso carmelita que vivió en el convento de París entre los siglos XVII.
Este texto, considerado uno de los grandes clásicos de la espiritualidad cristiana, ha sido señalado como uno de los libros predilectos del Papa León XIV. En sus páginas se revela un mensaje sorprendentemente actual: la posibilidad de vivir constantemente en la presencia de Dios incluso en medio de las tareas más ordinarias de la vida.
Lejos de tratados teológicos complejos, el libro transmite la experiencia espiritual de un hombre sencillo que descubrió que la santidad no se encuentra solo en los momentos extraordinarios, sino también en las acciones cotidianas realizadas con amor.
“La verdadera unión con Dios no exige cambiar de vida, sino aprender a hacer cada acción por amor a Él.”
El testimonio silencioso del hermano Lorenzo
El autor de las reflexiones recogidas en el libro fue Nicolás Herman, conocido en la vida religiosa como hermano Lorenzo de la Resurrección. Nacido en el año 1610, ingresó como hermano laico en un convento carmelita de París, donde desempeñó tareas humildes durante gran parte de su vida. Era un hombre discreto, tímido y poco dado a las conversaciones. Sin embargo, quienes convivían con él percibían en su rostro una alegría profunda y constante. Aquella serenidad despertaba curiosidad entre los religiosos del convento y entre quienes visitaban la comunidad.
Muchos se preguntaban cuál era el secreto de su paz interior. El propio hermano Lorenzo nunca pretendió dejar un legado escrito. Su experiencia espiritual se habría perdido con su muerte si no fuera por el interés del padre Joseph de Beaufort, consejero del Arzobispo de París. Este sacerdote recopiló cuatro conversaciones mantenidas con el hermano y quince cartas dirigidas principalmente a una misma persona, reuniéndolas en el pequeño libro que hoy se conoce en todo el mundo. A través de esos textos, se revela una espiritualidad sorprendentemente simple: vivir cada instante consciente de la presencia amorosa de Dios.
Encontrar a Dios en lo cotidiano
Una de las ideas centrales del libro consiste en aprender a ofrecer a Dios tanto las acciones espirituales como las actividades más simples de la vida diaria.
Para el hermano Lorenzo, la unión con Dios no depende de abandonar las ocupaciones ordinarias, sino de realizar cada tarea con amor y con la intención de agradar a Dios. El religioso afirmaba que esta práctica requiere al principio cierto esfuerzo, pero que con el tiempo se convierte en algo natural gracias a la acción del amor. La clave está en dirigir continuamente el pensamiento hacia Dios, purificar la intención y rechazar las distracciones que apartan el corazón de Él.
En su experiencia personal, incluso los trabajos más sencillos podían convertirse en oración. No era necesario realizar grandes obras para agradar a Dios; lo que verdaderamente cuenta es la intención con la que se actúa.
El propio hermano expresaba esta actitud en una oración sencilla que refleja el espíritu de su vida: “Señor, puesto que estás conmigo y debo ocuparme de estas cosas exteriores, te suplico que me concedas la gracia de permanecer en tu presencia”.
Confiar en Dios incluso en la dificultad
Otro de los pilares espirituales que atraviesan el libro es la confianza absoluta en Dios. El hermano Lorenzo enseñaba que la vida espiritual atraviesa momentos de sequedad, cansancio o desánimo. En esos momentos, el cristiano está llamado a abandonarse con mayor confianza en la providencia divina.
Cuando una tarea parece difícil o una situación resulta pesada, el religioso aconsejaba acudir a Dios con sencillez, reconociendo la propia debilidad y pidiendo su ayuda.
Para él, la confianza honra profundamente a Dios porque reconoce que todo bien procede de Él. En lugar de angustiarse por el futuro o por las propias limitaciones, invitaba a vivir cada momento con serenidad, afrontando las dificultades cuando llegan y confiando en que Dios ofrece la gracia necesaria para cada circunstancia. Su actitud espiritual se resume en otra breve oración que refleja el abandono total en Dios: “Mi Dios, aquí estoy totalmente consagrado a ti; haz conmigo lo que desees”.
Fe, esperanza y caridad: el camino de la madurez cristiana
El hermano Lorenzo insistía también en que el crecimiento espiritual no consiste en acumular prácticas externas o penitencias extraordinarias.
Según su enseñanza, la verdadera madurez cristiana se construye sobre tres virtudes fundamentales: la fe, la esperanza y la caridad.
Quien cree en Dios encuentra más fácil confiar en su providencia. Quien espera en Él aprende a perseverar incluso en las dificultades. Y quien ama descubre que todas las cosas pueden convertirse en ocasión de encuentro con el Señor.
El religioso advertía contra la tentación de buscar experiencias espirituales extraordinarias o consuelos sensibles. Nada une tanto a Dios —afirmaba— como un sencillo acto de fe realizado en medio de la vida cotidiana.
Por eso animaba a los cristianos a recordar que Dios habita en su interior y que no es necesario buscarlo lejos. Se puede hablar con Él en cualquier momento, ofrecerle el corazón mientras se trabaja y dirigirle una oración silenciosa incluso en medio de las ocupaciones diarias.
Un mensaje espiritual para nuestro tiempo
Más de tres siglos después de la muerte del hermano Lorenzo, su enseñanza continúa inspirando a creyentes de todo el mundo. Su espiritualidad demuestra que la santidad no está reservada a quienes realizan obras extraordinarias, sino que se encuentra al alcance de cualquier persona que aprenda a vivir cada momento en la presencia de Dios.
No es extraño que una obra tan sencilla haya marcado también la vida espiritual de pastores de la Iglesia, como el Papa León XIV, quien encuentra en sus páginas una invitación constante a redescubrir la dimensión contemplativa de la vida cristiana.
En un mundo que a menudo separa la oración de la vida cotidiana, La práctica de la presencia de Dios recuerda una verdad fundamental: cada instante puede convertirse en encuentro con Dios si se vive con fe, confianza y amor.
Y ese, precisamente, fue el secreto del humilde hermano Lorenzo. Un secreto que, siglos después, sigue iluminando el camino de innumerables cristianos.
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