En España se juega otro “mundial”: Lanzan la Copa Nacional de Seminarios
20 de Agosto del 2026
Autor: Walter Sánchez Silva
Con la memoria aún fresca de la recién ganada Copa Mundial de la FIFA 2026, España se prepara para un torneo en el que, ciertamente no se verá a Ferrán Torres ni a Lionel Messi, pero en el que las emociones y la disputa leal de cada encuentro estarán a tope: la IV Copa Nacional de Seminarios.
¿Qué enseña la Iglesia al respecto? Una distinción esencial
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que “la adoración es el primer acto de la virtud de la religión” (cf. CEC 2096) y que adorar a Dios es reconocerlo como Creador, Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe.
También enseña que adorar a Dios “es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la ‘nada de la criatura’”, y que esta adoración libera al hombre de la idolatría.
Por eso, cuando un católico se arrodilla ante el Santísimo Sacramento está “adorando”; mientras que cuando honra a la Virgen o a un santo, lo que hace es “venerar”. No se trata de un juego de palabras, sino de una distinción esencial para custodiar el primer mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas.
La teología católica, de hecho, ha acuñado términos precisos para que esta distinción no quede solo en el terreno de la intuición, sino que tenga nombre propio: la “latría” —la adoración— reservada únicamente a Dios; la “dulía” —el honor que se da a los santos—; y la ‘hiperdulía’, la veneración singular a María por su lugar único dentro de la historia de la salvación.
Dicho de forma sencilla: al santo se le imita; a Dios se le adora. Al santo se le pide intercesión; a Dios se le ofrece el corazón, la obediencia y el culto pleno.
Todo en María referencia a Cristo
Como parte de su magisterio, el Papa Benedicto XVI explicó que la Iglesia venera a María como Madre de Dios, porque “dio carne al Hijo del Padre eterno”, y precisaba que glorificar al Hijo honra a la Madre, y honrar a la Madre glorifica al Hijo.
En otras palabras, la devoción mariana auténtica no se queda en María: conduce siempre a Jesucristo. En consecuencia, un amor a la Madre de Dios no le quita nada de lo que le corresponde al Hijo.
En otra enseñanza, Benedicto XVI afirmó que “venerar a la Madre de Jesús en la Iglesia significa aprender de ella a ser una comunidad que reza”. Esa frase resume la lógica católica: María no ocupa el lugar de Dios, sino que enseña a creer, a orar y a obedecer al Señor.
Una distinción que evita confusiones: el problema de las imágenes
La confusión suele aparecer cuando se mira solo el gesto externo, es decir, cuando se reduce todo a las apariencias. Pero la fe católica distingue entre el culto que se da a Dios y el honor que se ofrece a sus “amigos”, del mismo modo que no se ama una fotografía por sí misma, sino a la persona que esta representa.
Por eso, el uso de imágenes sagradas no implica idolatría. La Iglesia no adora madera, yeso o pintura; honra a Cristo, a María y a los santos representados en esas imágenes, siempre ordenando todo a Dios.
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