Ética y tecnología: crean un consejo sobre inteligencia artificial para salvaguardar la dignidad humana
27 de febrero del 2026
Un nuevo foro interdisciplinar busca equilibrar innovación y responsabilidad en el desarrollo de la IA, con presencia de expertos de distintas tradiciones filosóficas y religiosas
En una época en la que la inteligencia artificial avanza a un ritmo vertiginoso y redefine ámbitos tan diversos como la medicina, la educación, la economía o la vida familiar, surge una pregunta ineludible: ¿quién vela por la dignidad humana en medio de esta transformación tecnológica?
Con esa preocupación de fondo, el American Enterprise Institute (AEI), reconocido centro de estudios sobre políticas públicas en Estados Unidos, ha anunciado la creación de un Consejo sobre Ética en Inteligencia Artificial. Su objetivo es claro: ofrecer recursos y marcos de reflexión que permitan armonizar el progreso tecnológico con la prudencia moral, la libertad con la responsabilidad y la innovación con el respeto incondicional a la persona.
“No basta con preguntarnos qué podemos construir; debemos preguntarnos qué debemos construir para que el futuro esté ordenado al bien de la persona humana.”
Un consejo inspirado en la bioética, pero con un alcance más amplio
La iniciativa se inspira en el antiguo Consejo Presidencial de Bioética, pero adopta un enfoque más amplio. No se limitará a cuestiones biomédicas, sino que abordará el impacto de la inteligencia artificial en múltiples dimensiones de la vida social.
Anthony Mills, director del Centro de Tecnología, Ciencia y Energía del AEI, será quien coordine este nuevo organismo. En su presentación pública, subrayó que el propósito no es alcanzar un consenso superficial, sino crear un espacio serio de debate sobre las exigencias éticas del momento histórico actual.
El consejo está integrado por un equipo interdisciplinar procedente de diversas instituciones y tradiciones intelectuales. En él conviven perspectivas seculares y religiosas, liberales y conservadoras, lo que refleja la voluntad de afrontar los desafíos éticos desde una pluralidad real.
Entre sus miembros destaca el teólogo católico Brian Boyd, director del Centro de Ética y Justicia Económica de la Universidad Loyola de Nueva Orleans, cuya presencia aporta una voz enraizada en la tradición moral cristiana.
Más allá del consenso: un foro para la indagación moral
Mills insistió en que el consejo no busca fabricar acuerdos artificiales en una sociedad profundamente dividida. En su lugar, pretende fomentar un diálogo honesto y riguroso, donde el disenso sea visto como oportunidad para comprender mejor la complejidad de los dilemas éticos que plantea la inteligencia artificial.
El público al que se dirige esta iniciativa es amplio: legisladores, expertos técnicos, líderes empresariales, educadores, padres de familia y responsables comunitarios. La IA no es ya una cuestión restringida a laboratorios o empresas tecnológicas; afecta de manera directa la vida cotidiana.
El consejo aspira a proporcionar herramientas prácticas que permitan a estos actores tomar decisiones informadas, evaluando no solo la eficiencia o la rentabilidad de las tecnologías, sino también su impacto en la dignidad humana.
“Un futuro ordenado a los bienes de nuestra naturaleza”
Durante el acto de lanzamiento, varios miembros del consejo compartieron sus motivaciones personales. Brian Boyd expresó su preocupación desde una perspectiva familiar: su interés en la ética de la IA nace, afirmó, de su deseo de que sus hijos y las futuras generaciones hereden un mundo configurado según los bienes propios de la naturaleza humana, y no simplemente determinado por la lógica de la eficiencia o el poder tecnológico.
Esta inquietud conecta con una pregunta central: ¿estamos diseñando herramientas que fortalecen la libertad humana o que la sustituyen progresivamente? Otros participantes, como el investigador Matthew Crawford, señalaron la necesidad de analizar la inteligencia artificial desde la economía política y la antropología, advirtiendo que podría intensificar tendencias ya presentes en la sociedad contemporánea.
Por su parte, la profesora Nita Farahany subrayó la importancia de proteger la autodeterminación humana. ¿Qué significa ser autor de los propios pensamientos? ¿Cómo garantizar que el uso de la IA no erosione la capacidad de dirigir la propia vida con libertad y responsabilidad?
Tradición moral y desafíos contemporáneos
Uno de los aspectos más relevantes del consejo es su intención de dialogar con las grandes tradiciones filosóficas y teológicas. Según Boyd, aunque no corresponde a un comité técnico definir en profundidad la naturaleza humana, sí puede inspirarse en las fuentes clásicas para orientar su reflexión.
Desde Aristóteles hasta San Agustín, pasando por desarrollos contemporáneos sobre capacidades humanas fundamentales, el marco de trabajo pretende integrar distintas corrientes que coinciden en reconocer que la persona posee una dignidad que no depende de su utilidad ni de su rendimiento.
El debate incluye cuestiones tan delicadas como la posible erosión del intelecto humano ante sistemas cada vez más sofisticados, la sustitución de empleos, la manipulación de datos personales o la transformación de las relaciones sociales. La pregunta no es solo técnica, sino profundamente moral: ¿qué tipo de humanidad estamos promoviendo?
Política, sociedad y responsabilidad compartida
Farahany apuntó que el debate sobre la inteligencia artificial no debe quedar exclusivamente en manos de empresas tecnológicas o expertos especializados. La sociedad en su conjunto —a través de mecanismos políticos y democráticos— debe participar activamente en la definición de límites y orientaciones.
Un consejo como este puede contribuir identificando preguntas que aún no se están formulando adecuadamente y sugiriendo intervenciones normativas que protejan el bien común. Desde una perspectiva católica, este esfuerzo resulta coherente con la doctrina social de la Iglesia, que insiste en que el desarrollo tecnológico debe estar siempre al servicio de la persona y no al revés.
Tecnología al servicio de la dignidad
La creación del Consejo sobre Ética en Inteligencia Artificial del AEI no representa un rechazo a la innovación, sino un llamado a integrarla dentro de un marco moral sólido. En un momento en que la inteligencia artificial promete aumentar la eficiencia, acelerar procesos y ampliar capacidades humanas, la reflexión ética se vuelve imprescindible. No todo lo técnicamente posible es moralmente conveniente.
El desafío consiste en garantizar que el progreso no sacrifique la dignidad, la libertad y el sentido de propósito que caracterizan a la persona humana.
En última instancia, el trabajo de este consejo recuerda una verdad fundamental: la tecnología es herramienta, no fin. Su valor depende del horizonte al que esté orientada.
Y ese horizonte, para quienes creen en la centralidad de la persona creada a imagen de Dios, no puede ser otro que el servicio al bien común y la promoción integral de la dignidad humana.
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