León XIV llama a “apagar el ruido” en Cuaresma: menos pantallas, más silencio para escuchar a Dios

23 de febrero del 2026

En el primer domingo de Cuaresma, el Papa invita a desconectar de televisores y smartphones para redescubrir la oración, el ayuno y la limosna como camino hacia la verdadera felicidad


El inicio de la Cuaresma ha venido acompañado de una invitación tan sencilla como exigente: apagar el ruido exterior para encender la escucha interior. En el primer domingo de este tiempo litúrgico, el Papa León XIV exhortó a los fieles a reducir el uso de televisores, radios y teléfonos móviles para abrir espacio al silencio y, en ese ámbito privilegiado, escuchar la voz de Dios.


Asomado a la ventana del Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus, tras haber celebrado la Eucaristía en una parroquia cercana a la estación Termini —un barrio popular de Roma donde conviven familias locales e inmigrantes de diversas nacionalidades— el Santo Padre ofreció una catequesis profundamente práctica sobre cómo vivir la Cuaresma en un mundo saturado de estímulos y distracciones.



León XIV propuso redescubrir este tiempo como un verdadero itinerario espiritual, cimentado en la oración, el ayuno y la limosna, y subrayó que para renovar la relación con Dios es necesario “hacer silencio”, incluso en el plano tecnológico.


“Para escuchar a Dios es necesario apagar el ruido que nos distrae y crear espacio al silencio que transforma el corazón.”

Apagar el ruido para escuchar al Espíritu

En una sociedad donde la información fluye sin descanso y la hiperconectividad se ha convertido en norma, el Papa advirtió que el exceso de estímulos puede dificultar la escucha interior. Por ello, lanzó una invitación concreta: reducir el uso de dispositivos electrónicos para dedicar tiempo a la meditación de la Palabra de Dios y a la vida sacramental.

El Santo Padre animó a los fieles a apagar por momentos los televisores, la radio y los teléfonos móviles, no como un rechazo de la tecnología en sí misma, sino como un gesto ascético que permita recuperar la profundidad espiritual. En el silencio —afirmó— el Espíritu Santo habla al corazón y permite discernir con mayor claridad el camino que Dios propone.


Esta invitación se enmarca en la lógica propia de la Cuaresma, tiempo de desierto y purificación. Así como Cristo se retiró al desierto para orar y enfrentar la tentación, también el cristiano está llamado a crear espacios de interioridad donde pueda confrontar su vida con la verdad del Evangelio. El Papa recordó que el silencio no es vacío, sino presencia: presencia de Dios que invita, corrige, consuela y orienta.



Oración, ayuno y limosna: un camino que embellece la vida

León XIV describió la Cuaresma como un camino luminoso que permite renovar la colaboración con el Señor. No se trata únicamente de prácticas externas, sino de un proceso de transformación interior que ayuda a sanar las heridas del pecado y a eliminar aquello que oscurece la belleza del alma.


En su reflexión, subrayó que la oración fortalece la relación personal con Dios; el ayuno educa el corazón en la libertad y la templanza; y la limosna abre al prójimo y combate el egoísmo. Estas tres dimensiones, vividas con autenticidad, permiten que la vida cristiana florezca y alcance la plenitud del amor. El Pontífice alertó también sobre las tentaciones que, como a Jesús en el desierto, asaltan al hombre contemporáneo: la búsqueda desordenada de riqueza, prestigio o poder. Estas promesas, explicó, no son sino sustitutos efímeros de la alegría verdadera, que solo puede encontrarse en el amor de Dios.


Recordó que tales seducciones, aunque aparentemente atractivas, terminan dejando un vacío profundo. Frente a ellas, la penitencia cristiana no empobrece la humanidad, sino que la purifica y fortalece, orientándola hacia un horizonte de plenitud. Citando la enseñanza de san Pablo VI, el Papa reafirmó que la penitencia auténtica enriquece la persona y la dispone para un amor más libre y generoso.



Una Cuaresma que se traduce en caridad concreta

El llamado del Santo Padre no se limitó al ámbito interior. León XIV invitó a los fieles a dedicar tiempo a quienes más lo necesitan: ancianos solos, enfermos, personas en situación de pobreza. Propuso renunciar a lo superfluo y compartir con quienes carecen de lo esencial. Este gesto, explicó, no es solo una ayuda material, sino una forma concreta de vivir la limosna evangélica, que expresa la solidaridad y el compromiso con la dignidad humana.


En un contexto marcado por el individualismo y la prisa, el Papa subrayó la importancia de escuchar también a los demás, practicar el perdón y rechazar la lógica de devolver mal por mal. La caridad, vivida con humildad, transforma las relaciones y construye la paz. Recordando las palabras de san Agustín, León XIV afirmó que una oración acompañada de ayuno, templanza, perdón y obras de misericordia llega al Cielo y trae serenidad al corazón.



El desierto como escuela de libertad

Al comentar el Evangelio del día, que narra la experiencia de Jesús en el desierto, el Papa señaló que el Señor experimentó tanto el hambre física como las tentaciones morales. De este modo, quiso recordar que la vida cristiana no está exenta de lucha. El desierto no es un lugar de derrota, sino de clarificación. Allí se purifican los deseos, se ordenan las prioridades y se fortalece la voluntad.


En el silencio del desierto, el hombre descubre que no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La Cuaresma, explicó León XIV, es ese tiempo privilegiado para examinar las propias motivaciones y renovar la adhesión a Cristo. Es una oportunidad para eliminar las “manchas” que el pecado deja en el alma y permitir que la gracia restaure la belleza original de la vocación cristiana.



Confiados a la protección de María

Antes de concluir el Ángelus, el Papa confió el camino cuaresmal a la Virgen María, Madre que acompaña a sus hijos en las pruebas. Bajo su amparo, el cristiano aprende a perseverar en el silencio, la fidelidad y la confianza.

Las palabras de León XIV resuenan como una llamada a la autenticidad: menos distracción, más profundidad; menos ruido, más escucha; menos superficialidad, más encuentro con Dios.



En una época en la que el ruido constante amenaza con saturar la conciencia, el Papa propone un gesto contracultural pero profundamente evangélico: apagar las pantallas para encender el corazón.

La Cuaresma se presenta así no como una carga, sino como una oportunidad única para redescubrir la alegría que nace del amor de Dios, la única fuente capaz de colmar verdaderamente el deseo humano de plenitud y paz.


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