León XIV llama a redescubrir la misión de los bautizados: “Todos están llamados a ser testigos de Cristo”
20 de marzo del 2026
El Papa subraya que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, es una comunión viva donde cada fiel participa activamente en la evangelización
En una catequesis de profundo contenido eclesial, el Papa León XIV ha recordado con fuerza que la vocación cristiana no es pasiva, sino una llamada a vivir y anunciar la fe en medio del mundo. Durante la Audiencia General de este miércoles, el Pontífice invitó a todos los fieles a tomar conciencia de su identidad bautismal y de la responsabilidad que conlleva formar parte del Pueblo de Dios.
A partir de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, especialmente de la constitución Lumen gentium, el Santo Padre explicó que la Iglesia no es solo una institución, sino una comunión de fieles unidos por la fe, sostenida por la acción del Espíritu Santo.
En este sentido, subrayó que la Iglesia “no puede errar en la fe”, porque en ella actúa el consenso del Pueblo de Dios, guiado por la gracia divina.
El Papa animó a los cristianos a redescubrir con gratitud este don y a asumir su papel con responsabilidad, recordando que cada bautizado tiene una misión concreta en la vida de la Iglesia.
“Todo cristiano está llamado a ser testigo de Cristo, no solo con palabras, sino con una vida coherente con el Evangelio.”
El Pueblo de Dios, una comunión que no puede errar
Durante su enseñanza, León XIV profundizó en la naturaleza de la Iglesia como comunidad de creyentes, en la que todos —pastores y fieles— forman parte de una misma realidad espiritual. Inspirándose en el Concilio Vaticano II, explicó que la Iglesia posee una capacidad única para custodiar la verdad revelada, gracias al llamado “sentido de la fe” que vive en todo el Pueblo de Dios.
Este sentido de la fe no es una opinión individual, sino una gracia que se manifiesta en la unidad de todos los creyentes cuando permanecen fieles al Evangelio. De este modo, la Iglesia aparece como una realidad viva, en la que el Espíritu Santo actúa constantemente, guiando a los fieles hacia la verdad.
El Magisterio, recordó el Papa, tiene la misión de custodiar esta unidad, garantizando la fidelidad a la enseñanza de Cristo.
Bautizados, protagonistas de la evangelización
Uno de los aspectos centrales de la catequesis fue la afirmación de que todos los bautizados son sujetos activos en la misión de la Iglesia.
León XIV recordó que, mediante el Bautismo y la Confirmación, los cristianos participan en la misión de Cristo como sacerdote, profeta y rey.
Este “sacerdocio común de los fieles” implica una responsabilidad concreta: difundir y defender la fe, tanto con la palabra como con el testimonio de vida.
El Papa insistió en que no se trata de una opción secundaria, sino de una llamada inherente a la identidad cristiana.
En este sentido, retomó también la enseñanza del Papa Francisco al recordar que todos los miembros de la Iglesia comparten una misma dignidad, como parte del “santo Pueblo fiel de Dios”. Así, cada creyente está llamado a vivir su fe de manera coherente, convirtiéndose en signo visible del amor de Cristo en medio del mundo.
El “sentido de la fe” que guía a la Iglesia
Otro de los puntos clave de la catequesis fue la explicación del sensus fidei, es decir, el sentido sobrenatural de la fe que poseen todos los fieles. Según explicó el Pontífice, esta gracia permite a los cristianos reconocer la verdad del Evangelio y discernir lo que es conforme a la fe. No se trata de una capacidad aislada de cada individuo, sino de un don que se vive en comunión con toda la Iglesia.
El Papa recordó que este sentido de la fe fue destacado por los Padres del Concilio Vaticano II como una manifestación de la participación del Pueblo de Dios en la misión profética de Cristo. Gracias a este don, la Iglesia puede mantenerse fiel a la verdad a lo largo de la historia, incluso en medio de las dificultades.
Una Iglesia viva, enriquecida por los dones del Espíritu
León XIV también quiso destacar la acción constante del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. El Espíritu, explicó, distribuye dones y carismas entre los fieles, capacitando a cada uno para contribuir a la edificación de la comunidad cristiana.
Esta diversidad de dones se manifiesta en múltiples formas: en la vida consagrada, en los movimientos eclesiales, en las asociaciones y en tantas iniciativas que enriquecen la vida de la Iglesia. Lejos de ser una estructura estática, la Iglesia aparece así como una realidad dinámica, en continuo crecimiento, sostenida por la acción del Espíritu. Esta riqueza de carismas, lejos de dividir, contribuye a la unidad, porque todos tienen como finalidad el bien común y la misión evangelizadora.
Llamados a ser instrumentos de paz y reconciliación
En la parte final de su intervención, el Papa dirigió un mensaje especial recordando que el cristiano está llamado a ser instrumento de paz, amor y reconciliación. En un mundo marcado por conflictos, divisiones y sufrimiento, el testimonio de los creyentes adquiere una importancia particular.
Ser testigo de Cristo significa, por tanto, no solo profesar la fe, sino vivirla de manera concreta, promoviendo la paz y la fraternidad entre los hombres.
Así, la catequesis del Papa León XIV se presenta como una invitación clara a redescubrir la vocación bautismal y a asumir con alegría la misión de anunciar el Evangelio. En definitiva, el Pontífice recuerda que la Iglesia no es una realidad ajena a los fieles, sino una comunidad en la que cada uno tiene un papel insustituible: ser luz en medio del mundo y reflejo del amor de Cristo.
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