San Juan Bautista: La voz que anunció al Mesías
18 de junio del 2026
Cada 24 de junio la Iglesia conmemora la Natividad de San Juan Bautista, el hombre que preparó el camino a Cristo y cuyo nacimiento ocupa un lugar único en el calendario cristiano.
“Él debe crecer y yo disminuir”. La frase de San Juan Bautista resume toda una vida entregada a señalar a Cristo”.
Entre las grandes celebraciones del calendario litúrgico existe una festividad que destaca por encima de casi todas las demás. Cada 24 de junio, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, una fiesta singular porque no recuerda la muerte de un santo —como sucede habitualmente— sino su nacimiento. Junto con la Virgen María, San Juan es una de las pocas excepciones a esta tradición milenaria de la Iglesia. La importancia de esta solemnidad no radica únicamente en el nacimiento de un hombre extraordinario, sino en la misión que Dios le confió. San Juan Bautista fue el último de los profetas del Antiguo Testamento y el primero en señalar públicamente a Jesús como el Mesías esperado. Por eso la tradición cristiana lo conoce como el Precursor, aquel que preparó el camino para la llegada de Cristo.
La alegría que precedió a la llegada del Mesías
La historia de San Juan comienza incluso antes de su nacimiento. El Evangelio de San Lucas relata cómo el arcángel Gabriel anunció al sacerdote Zacarías que su esposa Isabel, a pesar de su avanzada edad, tendría un hijo. Aquella noticia parecía imposible, pero formaba parte del plan de Dios para preparar la llegada del Salvador. Meses después tendría lugar uno de los episodios más bellos del Evangelio: la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel. Al escuchar el saludo de María, el niño que Isabel llevaba en su seno saltó de alegría. La tradición cristiana ha visto siempre en ese momento el primer encuentro entre Juan y Jesús, cuando ambos aún no habían nacido. La Iglesia fija la celebración de la Natividad de San Juan exactamente seis meses antes de la Navidad, siguiendo el relato evangélico que indica que Isabel se encontraba en su sexto mes de embarazo cuando recibió la visita de María.
El único santo cuya fiesta celebra su nacimiento
Normalmente, la Iglesia celebra a los santos en el día de su muerte, entendiendo que ese momento marca su nacimiento para la vida eterna. Sin embargo, San Juan Bautista ocupa un lugar especial. La Iglesia celebra tanto su nacimiento, el 24 de junio, como su martirio, el 29 de agosto. Esta singularidad refleja la importancia extraordinaria que tuvo en la historia de la salvación. Cristo mismo habló de Juan con palabras excepcionales, llegando a definirlo como “el más grande de los nacidos de mujer”. Su misión consistió en preparar los corazones para recibir al Mesías y anunciar que el Reino de Dios estaba cerca.
Un profeta que desafió a su tiempo
Juan creció lejos de los centros de poder político y religioso. Vivió en el desierto, llevando una vida austera de oración, penitencia y predicación. Desde allí comenzó a anunciar la necesidad de la conversión y a invitar al pueblo a preparar el corazón para la llegada de Dios. Su figura atrajo a miles de personas. Hombres y mujeres acudían al río Jordán para escuchar sus palabras y recibir el bautismo de penitencia que administraba como signo de arrepentimiento y renovación interior. Pero Juan sabía perfectamente que él no era el centro del mensaje. Toda su predicación apuntaba hacia alguien más grande que estaba por llegar.
“Este es el Cordero de Dios”
El momento culminante de la vida de San Juan Bautista llegó cuando vio acercarse a Jesús al Jordán. Entonces pronunció unas palabras que han quedado grabadas para siempre en la tradición cristiana: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
Con aquel gesto, Juan cumplía plenamente la misión para la que había nacido: señalar a Cristo. A partir de ese momento comenzó a desaparecer discretamente de la escena pública para dejar todo el protagonismo a Jesús. Su grandeza consistió precisamente en eso: saber apartarse para que otros pudieran contemplar al Salvador. San Juan no quiso atraer seguidores para sí mismo; dedicó toda su vida a conducirlos hacia Cristo.
El fuego y la luz de la noche de San Juan
La festividad de San Juan ha trascendido los templos y se ha convertido en una de las celebraciones más populares de numerosos países. En España, especialmente en zonas costeras, la noche del 23 al 24 de junio se llena de hogueras, encuentros familiares y tradiciones populares que mezclan elementos culturales muy antiguos con el recuerdo cristiano del nacimiento del Bautista. Las hogueras simbolizan la luz que Juan trajo al mundo al anunciar la llegada de Cristo. El fuego se convierte así en una imagen de purificación, renovación y esperanza. Aunque muchas costumbres populares han adquirido con el tiempo elementos folclóricos propios, el origen cristiano de la festividad sigue recordando la figura de aquel profeta que preparó el camino para el Señor.
La llamada a preparar el corazón
Dos mil años después, el mensaje de San Juan Bautista continúa teniendo una sorprendente actualidad. Su llamada a la conversión, a la verdad, a la coherencia y a la preparación interior sigue resonando en una sociedad que a menudo vive distraída por el ruido y la prisa. San Juan invita a mirar más allá de uno mismo y a descubrir que la verdadera grandeza consiste en servir, señalar el bien y ayudar a otros a encontrarse con Dios. Por eso la Iglesia sigue celebrando con especial solemnidad su nacimiento. No sólo recuerda el comienzo de una vida extraordinaria, sino también el inicio de una misión que cambió la historia: preparar el camino para la llegada de Jesucristo.
Una fiesta que anuncia otra fiesta
Existe además un hermoso simbolismo en la fecha elegida por la Iglesia. San Juan nace cuando los días comienzan lentamente a acortarse tras el solsticio de verano, mientras que Jesús nace cuando la luz empieza a crecer después del solsticio de invierno. Desde antiguo, los cristianos vieron en este detalle una imagen perfecta de las palabras del Bautista: “Él debe crecer y yo disminuir”. Así, cada 24 de junio no sólo se celebra el nacimiento de un santo. Se celebra la llegada del hombre que dedicó toda su existencia a preparar el corazón del mundo para recibir a Cristo. San Juan Bautista sigue recordando a los cristianos que la verdadera misión de toda vida es conducir a los demás hacia Jesús.
Discursos del Papa León XIV
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