Septiembre, un mes para redescubrir la Biblia y escuchar la Palabra de Dios
18 de Septiembre del 2026
La Iglesia invita a los fieles a acercarse con mayor frecuencia a las Sagradas Escrituras y descubrir en ellas un camino de encuentro con Cristo
Septiembre es, en numerosos países y comunidades católicas, un mes dedicado de manera especial a la Biblia y a la Palabra de Dios, una oportunidad para renovar el encuentro de los cristianos con las Sagradas Escrituras y recordar que la Biblia no es únicamente un libro para estudiar, sino una Palabra que invita a entrar en diálogo con Dios.
A lo largo de este mes, parroquias, comunidades y movimientos católicos promueven distintas iniciativas para acercar la Biblia a los fieles y animarlos a incorporar la lectura y meditación de la Palabra de Dios a su vida cotidiana.
La invitación adquiere un significado especial en un tiempo marcado por la rapidez, las numerosas distracciones y la abundancia de información. Frente a ello, la lectura orante de la Escritura ofrece un espacio para detenerse, escuchar y dejar que el Evangelio ilumine las circunstancias concretas de cada persona.
La Biblia como camino de encuentro con Cristo
Para los cristianos, acercarse a la Sagrada Escritura significa acercarse a la historia de la salvación y, de manera particular, al misterio de Jesucristo. El Evangelio permite conocer las palabras, los gestos y las acciones de Jesús, mientras que el conjunto de las Escrituras ayuda a descubrir cómo Dios ha acompañado a su pueblo a lo largo de la historia.
El Papa Francisco recordó, al instituir el Domingo de la Palabra de Dios, que dedicar un tiempo especial a la Escritura permite a la Iglesia profundizar en el diálogo constante de Dios con su pueblo. La iniciativa fue establecida en 2019 mediante la carta apostólica Aperuit illis, con el objetivo de promover entre los fieles una familiaridad más profunda y constante con la Palabra de Dios.
La Iglesia celebra este Domingo de la Palabra de Dios en enero. En 2026, la jornada tuvo lugar el 25 de enero, bajo el lema «La palabra de Cristo habite en vosotros» (Col 3,16). Aunque esta celebración tiene su propio momento en el calendario litúrgico, el acercamiento a la Biblia no se limita a una jornada concreta. La Iglesia anima a los cristianos a hacer de la Palabra de Dios una presencia habitual en su vida.
«La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo»
Uno de los grandes maestros de la Iglesia en el estudio de la Biblia fue San Jerónimo, cuya memoria litúrgica se celebra cada 30 de septiembre. El santo dedicó buena parte de su vida al estudio, traducción y comentario de las Sagradas Escrituras. Su trabajo permitió que los textos bíblicos fueran accesibles a numerosos cristianos de su tiempo y dejó una huella profunda en la tradición de la Iglesia latina.
San Jerónimo es conocido especialmente por su trabajo relacionado con la Vulgata, la traducción latina de la Biblia que llegó a convertirse en un texto fundamental para la Iglesia de Occidente. El papa Benedicto XVI destacó que Jerónimo revisó y tradujo numerosos textos bíblicos a partir de los originales hebreos y griegos y de versiones latinas anteriores.
Su amor por la Palabra de Dios quedó expresado en una frase que el papa Francisco recuperó en Aperuit illis: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo».
La afirmación resume una de las razones por las que la Iglesia insiste en la lectura de la Biblia: conocer las Escrituras permite conocer más profundamente a Cristo y descubrir cómo su mensaje puede transformar la propia vida.
Leer la Biblia no es solamente leer
Acercarse a la Biblia puede convertirse en una práctica cotidiana. No es necesario comenzar leyendo grandes cantidades de texto. Una persona puede dedicar unos minutos cada día a un pasaje del Evangelio, leer las lecturas de la Misa o escoger un libro concreto de la Escritura para recorrerlo progresivamente.
La lectura puede ir acompañada de un momento de silencio y oración. La pregunta no es solamente «¿qué dice este texto?», sino también «¿qué me está diciendo Dios a través de esta Palabra?» y «¿cómo puedo vivirla?».
Esta forma de acercarse a la Escritura está vinculada a la tradición de la lectio divina, una práctica de lectura orante que busca favorecer el encuentro personal con Dios a través de su Palabra. El objetivo no es únicamente adquirir conocimientos bíblicos, sino permitir que la Palabra ilumine las decisiones, las relaciones, las dificultades y las esperanzas de cada día.
La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia
La Biblia ocupa un lugar central en la vida litúrgica de la Iglesia. Las lecturas proclamadas durante la Misa permiten a la comunidad escuchar la Palabra de Dios y prepararse para participar en la Eucaristía. La Iglesia también reconoce la importancia de la Escritura en la catequesis, la evangelización, la oración personal y comunitaria y la formación de los cristianos.
En una catequesis pronunciada en febrero de 2026, el papa León XIV recordó la importancia de las Sagradas Escrituras en la vida de la Iglesia y señaló que la Escritura tiene como finalidad dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios.
De este modo, la Biblia no permanece únicamente en las páginas de un libro. Se proclama en las celebraciones, se medita en la oración, se estudia en la formación cristiana y se lleva a la vida mediante las decisiones y acciones de quienes buscan vivir el Evangelio.
Cinco formas de acercarse más a la Biblia
Durante este mes, los fieles pueden aprovechar la ocasión para recuperar o fortalecer el contacto cotidiano con las Sagradas Escrituras.
- Leer el Evangelio del día. Dedicar unos minutos a leer el Evangelio que se proclamará en la Misa puede ayudar a participar en la celebración con mayor atención y descubrir una palabra que acompañe durante la jornada.
- Comenzar con pequeños fragmentos. No es necesario leer varios capítulos cada día. Un pasaje breve, leído con calma, puede convertirse en motivo de oración y reflexión.
- Guardar una frase de la Escritura. Una palabra o versículo que haya llamado especialmente la atención puede escribirse y llevarse durante el día para recordarlo en diferentes momentos.
- Llevar la Palabra a la oración. Después de leer un texto bíblico, se puede permanecer unos minutos en silencio y hablar con Dios a partir de aquello que se ha leído.
- Ponerla en práctica. La lectura de la Biblia alcanza su verdadero sentido cuando la Palabra transforma la vida. Un gesto de perdón, una obra de caridad, una decisión tomada desde la fe o una palabra de consuelo pueden ser formas concretas de poner en práctica el Evangelio.
Un mes para volver a la fuente
El Mes de la Biblia puede ser, en definitiva, una invitación a recuperar una práctica que no debería limitarse a septiembre: abrir las Sagradas Escrituras y dejar que la Palabra de Dios forme parte de la vida cotidiana.
En medio de las preocupaciones, las decisiones y los acontecimientos de cada día, la Biblia ofrece al cristiano un lugar para escuchar, meditar y recordar la presencia de Dios.
Y al acercarse el 30 de septiembre, memoria de San Jerónimo, la Iglesia vuelve a poner ante los fieles el ejemplo de un hombre que dedicó su vida al estudio y la transmisión de las Escrituras.
Su testimonio recuerda que acercarse a la Biblia no consiste solamente en conocer un texto antiguo, sino en buscar, a través de sus páginas, al mismo Cristo.
«La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo», escribió San Jerónimo. Una frase que, siglos después, continúa siendo una invitación a abrir la Biblia, leerla con fe y permitir que su Palabra ilumine la vida.
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