León XIV alza la voz en defensa de la verdad: “Pedro debe ser libre para anunciar a Cristo en tiempos turbulentos”
20 de febrero del 2026
En un mundo marcado por tensiones sociales, incertidumbres culturales y profundas divisiones, el Papa León XIV ha reafirmado con claridad la misión esencial del sucesor de Pedro: anunciar la verdad del Evangelio con plena libertad, sin someterse a presiones ni condicionamientos. Durante un encuentro celebrado en el Palacio Apostólico con los miembros de la asociación Pro Petri Sede, el Pontífice pronunció palabras de profundo significado espiritual e histórico, recordando que la libertad del Papa no es un privilegio personal, sino una necesidad para el bien de toda la Iglesia y de la humanidad. En su mensaje, el Santo Padre subrayó que la voz de Pedro debe permanecer libre para proclamar a Cristo, defender a los más vulnerables y ser un signo de unidad en medio de un mundo herido.
“La libertad del sucesor de Pedro no es un derecho humano, sino un don necesario para anunciar a Cristo, defender a los débiles y mantener viva la esperanza del mundo.”
Una misión que hunde sus raíces en la historia y el sacrificio
El encuentro tuvo lugar el 18 de febrero en el corazón del Vaticano, donde el Papa León XIV recibió a los miembros de Pro Petri Sede, una asociación profundamente vinculada al ministerio petrino a través de la oración constante y el apoyo concreto a las obras impulsadas por la Santa Sede.
Desde el inicio de su intervención, el Pontífice evocó el origen histórico de esta institución, que encuentra su inspiración en los Zuavos pontificios, un cuerpo formado en el siglo XIX por voluntarios católicos que ofrecieron su vida para proteger la independencia del Papa en un momento crítico de la historia. Aquellos hombres comprendieron que la libertad del Pontífice no era una cuestión política, sino espiritual, pues estaba directamente vinculada a su capacidad de cumplir la misión confiada por Cristo.
El Santo Padre recordó con gratitud ese testimonio de fidelidad, señalando que aquellos voluntarios asumieron un compromiso total, incluso hasta el sacrificio supremo, con el fin de preservar la libertad del Sucesor de Pedro. Su entrega no respondía a intereses humanos, sino a la convicción de que la Iglesia debía permanecer libre para anunciar el Evangelio sin interferencias.
Hoy, aunque las circunstancias han cambiado y ya no existen las amenazas físicas del pasado, el Papa destacó que el apoyo espiritual y material de los fieles sigue siendo esencial para sostener la misión universal de la Iglesia.
Una caridad que une al Papa con los más necesitados
En su mensaje, León XIV quiso expresar su profunda gratitud por la labor concreta que realiza esta asociación, especialmente por su contribución a iniciativas de caridad destinadas a los más pobres y vulnerables. Entre estas obras, el Pontífice mencionó de manera especial el apoyo a la creación de un centro de formación en Chiclayo, en Perú, una diócesis que el propio Papa pastoreó antes de su elección como sucesor de Pedro.
Este gesto, explicó el Santo Padre, tiene un significado profundamente personal y espiritual. A través de esta obra, el Papa puede permanecer cercano, aunque físicamente distante, a aquellas personas que formaron parte de su vida pastoral. Se trata de un vínculo que trasciende las fronteras geográficas y que encuentra su fundamento en la caridad cristiana.
El Papa subrayó que la Iglesia no puede limitarse a proclamar el Evangelio con palabras, sino que debe hacerlo también mediante acciones concretas de amor. La caridad, recordó, es la expresión visible de la fe y el camino a través del cual Cristo continúa actuando en el mundo.
Este compromiso con los más necesitados refleja el corazón del ministerio petrino: ser signo de la presencia viva de Cristo entre los hombres, especialmente entre aquellos que sufren.
La libertad de Pedro, garantía de verdad y esperanza
En uno de los momentos más significativos de su discurso, el Papa León XIV reafirmó con firmeza la naturaleza espiritual de su misión como Obispo de Roma. Recordó que ha recibido de Cristo la responsabilidad de reunir al pueblo de Dios en la unidad y de anunciar el Evangelio a todas las naciones.
Esta misión, explicó, exige una libertad plena y soberana, no como un privilegio personal, sino como una condición necesaria para servir a la verdad. El Papa señaló que, en el contexto actual, el anuncio del Evangelio encuentra numerosos obstáculos, tanto visibles como invisibles.
En medio de lo que describió como “tiempos turbulentos”, el Santo Padre insistió en que el sucesor de Pedro debe conservar la capacidad de hablar con libertad, de denunciar la injusticia y de defender la dignidad de cada persona humana. Esta libertad es esencial para promover la paz, para dar voz a quienes no la tienen y para recordar al mundo que la verdadera esperanza se encuentra en Cristo.
El Pontífice subrayó que la misión de Pedro no es adaptarse a las corrientes cambiantes del mundo, sino permanecer fiel a la verdad eterna del Evangelio. Es precisamente esta fidelidad la que permite a la Iglesia ser un faro de luz en medio de la oscuridad.
Una voz necesaria para un mundo que busca reconciliación
Las palabras del Papa León XIV resuenan con particular fuerza en un tiempo marcado por profundas divisiones, crisis culturales y una creciente pérdida del sentido trascendente de la vida. Frente a estas realidades, el Santo Padre recordó que la Iglesia está llamada a ser signo de unidad y reconciliación.
El anuncio de Jesucristo, muerto y resucitado, constituye el centro de esta misión. No se trata de una idea abstracta, sino de una realidad viva que transforma el corazón humano y abre el camino hacia la verdadera paz.
El Papa destacó que la humanidad necesita redescubrir este horizonte espiritual, pues solo en Cristo es posible encontrar la reconciliación entre los hombres y con Dios. La libertad del sucesor de Pedro es, por tanto, un instrumento al servicio de esta misión universal.
Este encuentro con Pro Petri Sede se convierte así en un recordatorio de que la Iglesia no camina sola, sino que es sostenida por la oración, el sacrificio y el amor de innumerables fieles en todo el mundo.
En un tiempo de incertidumbre, la voz de Pedro continúa proclamando la misma verdad que ha resonado durante siglos: que Cristo es el fundamento de la esperanza humana y que su luz nunca dejará de brillar, incluso en medio de las tormentas más oscuras.
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