¿Cómo toma su café el Papa León XIV? La sencilla costumbre peruana que conquistó al Pontífice
20 de julio del 2026
Antes de convertirse en Papa,
Robert Prevost pasó casi una década como obispo de
Chiclayo, en el norte del Perú. Allí no solo aprendió a querer a su pueblo, sino que hizo suyas muchas de sus costumbres, incluida una muy cotidiana: la forma de tomar el café. Quienes lo conocieron en aquella etapa recuerdan que prefería un café
muy fuerte, sin leche y preparado al estilo tradicional peruano, una elección que refleja la sencillez y cercanía que han marcado toda su vida.
"La sencillez también se manifiesta en los pequeños gestos de cada día, incluso en la forma de compartir una taza de café."
Entre las múltiples anécdotas que siguen apareciendo sobre la vida del Papa León XIV, hay una que revela el lado más cotidiano del Santo Padre. No habla de grandes discursos ni de viajes apostólicos, sino de un sencillo desayuno que compartía con frecuencia cuando era obispo de Chiclayo. En el restaurante Trébol, situado frente a la Catedral de Santa María de Chiclayo, todavía recuerdan al entonces obispo Robert Prevost como un cliente discreto, educado y poco exigente, que encontraba en aquel lugar un momento de tranquilidad antes de comenzar su jornada pastoral.
Una costumbre que hizo suya
Aunque nació en Chicago (Estados Unidos), Robert Prevost adoptó muchas de las tradiciones de la región donde sirvió como misionero y obispo entre 2015 y 2023.
Su café no era un espresso italiano ni una bebida elaborada al estilo estadounidense. Prefería prepararlo como es habitual en el norte del Perú: utilizando la llamada "esencia de café", un concentrado muy intenso que después cada persona rebaja con agua caliente según su gusto.
El secreto está en la "cafetera de la abuela"
El concentrado se obtiene mediante un sistema conocido popularmente como "cafetera de la abuela" o método gota a gota. El agua caliente atraviesa lentamente el café molido hasta producir un líquido oscuro, aromático y mucho más concentrado que el café filtrado convencional. Posteriormente, cada persona añade la cantidad de agua que desea para ajustar la intensidad de la bebida.
León XIV lo prefería muy fuerte
Según recuerda Eduard Montoya Altamirano, propietario del restaurante Trébol, el entonces obispo Prevost tenía muy claro cómo le gustaba el café. Lo tomaba bien fuerte y nunca añadía leche. "Solo con agua", recuerda el restaurador, explicando que el futuro Papa seguía exactamente la costumbre local sin pedir ningún trato especial.
Café cultivado en las montañas del Perú
Durante aquellos años, el restaurante utilizaba granos procedentes de San Ignacio, en la región peruana de Cajamarca. Cultivado a más de 2.000 metros de altitud, este café destaca por su aroma floral, su acidez equilibrada y su textura sedosa, características que lo sitúan entre los productos más apreciados del país. Perú figura hoy entre los principales productores de café del mundo, y el entonces obispo Prevost disfrutaba de uno de los mejores cafés de la región.
Un desayuno típicamente chiclayano
El café casi siempre iba acompañado del tradicional frito chiclayano, uno de los desayunos más populares del norte peruano. El plato combina carne de cerdo marinada y frita con camote, yuca cocida y sarsa criolla, una ensalada elaborada con cebolla, limón y ají.
En ocasiones completaba el desayuno con un vaso de zumo natural de naranja o de papaya.
Un hombre sencillo y reservado
Montoya recuerda que Robert Prevost era un cliente tranquilo, educado y de pocas palabras.
Normalmente desayunaba solo y prefería sentarse en una mesa desde la que podía contemplar la Catedral de Santa María de Chiclayo, situada justo enfrente del restaurante.
"Era un cliente normal, sencillo y que comía bien", resume el propietario, quien conserva un afectuoso recuerdo del hoy Pontífice.
¿Habrá llegado la cafetera peruana al Vaticano?
Ahora que León XIV reside en el Vaticano, el café italiano domina naturalmente el entorno cotidiano del Papa. Sin embargo, ACI Prensa recuerda con humor que su secretario personal, Mons. Edgard Iván Rimaycuna Inga, es peruano y que varias religiosas del mismo país colaboran en la casa pontificia. No sería extraño, por tanto, que alguna cafetera de la abuela hubiera encontrado también un lugar en Roma para preparar el café tal y como el Papa aprendió a disfrutarlo en Chiclayo. Además, todo apunta a que el Pontífice regresará este mismo año a Perú en su esperado viaje apostólico, donde probablemente volverá a saborear esa taza de café fuerte y sin leche que tanto le recuerda a su querida diócesis.
A veces, los detalles más sencillos revelan mejor el corazón de una persona. La forma en que León XIV toma su café habla de un pastor que supo hacer suyas las costumbres del pueblo al que fue enviado, compartiendo su mesa, su cultura y su vida cotidiana. Una pequeña taza de café que, más allá de su aroma, recuerda la cercanía de un Papa profundamente unido a la tierra que lo acogió como misionero.
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