¿Dónde está Dios en medio del dolor? Un obispo venezolano responde tras los devastadores terremotos

23 de julio del 2026

Después de los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio, una pregunta ha resonado en el corazón de miles de personas: ¿por qué Dios permite tanto sufrimiento? Frente a una tragedia que ha dejado miles de fallecidos, heridos y familias destrozadas, Mons. Carlos Márquez, obispo auxiliar de Caracas, ofrece una reflexión profundamente cristiana que no pretende explicar el misterio del dolor, sino iluminarlo desde la esperanza del Evangelio: Dios no promete una vida sin sufrimiento, pero sí asegura que nunca nos abandona.

"Cristo no prometió que no habría dolor, sino que jamás caminaríamos solos en medio de él."

Las imágenes de edificios derrumbados, familias buscando entre los escombros a sus seres queridos y comunidades enteras tratando de levantarse han conmovido al mundo. En medio de esa realidad, muchos creyentes se preguntan dónde está Dios cuando ocurre una tragedia de semejante magnitud. En una entrevista concedida a ACI Prensa, Mons. Carlos Márquez reconoce que estas preguntas acompañan al ser humano desde siempre y que, tras una catástrofe, surgen con una fuerza especial. Sin embargo, advierte que no existen respuestas sencillas para un misterio tan profundo como el del sufrimiento humano.


El misterio del dolor no tiene respuestas fáciles

El obispo auxiliar de Caracas afirma que sería una gran soberbia pretender ofrecer una explicación definitiva sobre por qué suceden tragedias como los terremotos. A su juicio, muchas veces la pregunta "¿por qué?" nace del deseo de encontrar un culpable, pero termina dejando a las personas paralizadas por la angustia y la desesperanza. Lejos de ofrecer respuestas simplistas, la Iglesia invita a contemplar el sufrimiento desde la fe, sin negar el dolor ni minimizar el drama que viven quienes lo padecen.


Los terremotos no son un castigo de Dios

Mons. Márquez recuerda que los fenómenos naturales no deben interpretarse como castigos divinos. La ciencia permite comprender que los terremotos responden a procesos propios de la naturaleza, necesarios para el funcionamiento del planeta, aunque en ocasiones provoquen consecuencias devastadoras para la población. "Lo que antes pensábamos que era una maldición o un castigo divino, ahora sabemos que son procesos naturales", explica el prelado.


El sufrimiento también nace del mal uso de la libertad

El obispo distingue entre el sufrimiento provocado por la naturaleza y aquel que tiene su origen en las decisiones humanas. En este sentido, señala que algunas tragedias pueden agravarse por construcciones levantadas en lugares inadecuados o por edificaciones que no cumplen las medidas de seguridad necesarias. "La imprudencia, culposa o no, siempre termina en tragedia. Esto no es producido ni querido por Dios", afirma.


Una creación que todavía espera su plenitud

Para comprender el sufrimiento, Mons. Márquez recurre a la Carta a los Romanos, donde San Pablo afirma que "la creación entera gime con dolores de parto" mientras espera la plenitud de la redención. Según explica, toda la creación continúa en camino hacia la plenitud prometida por Cristo y, mientras tanto, permanece sometida a las limitaciones propias de este mundo. Los seres humanos participan también de esa realidad y experimentan el dolor como parte de su condición terrena.


La gran promesa de Cristo

Para el obispo venezolano, el corazón del mensaje cristiano no consiste en negar el sufrimiento, sino en recordar que Dios permanece presente incluso en los momentos más oscuros. "La promesa de Cristo no fue que no habría terremotos ni tragedias naturales", explica. La verdadera promesa del Señor fue otra: "Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo." Esa presencia se hace visible, según Mons. Márquez, a través de la Iglesia, de los sacramentos, de la Palabra de Dios y de la solidaridad entre quienes acompañan a los que sufren.


La esperanza cristiana vence a la muerte

Aunque el dolor parece ocuparlo todo tras una tragedia de estas dimensiones, el obispo insiste en que la fe cristiana mira más allá de la muerte. "La última palabra no la tiene este terremoto", asegura. Para quienes viven unidos a Cristo, la muerte no representa el final, sino el paso hacia la vida eterna prometida por Dios. Esa certeza sostiene hoy a muchas familias venezolanas que, en medio del duelo, continúan dando testimonio de esperanza y de confianza en el Señor.


Levantarse con esperanza

Mons. Márquez invita a los venezolanos a mirar el ejemplo de San José Gregorio Hernández, Santa Carmen Rendiles y tantos hombres y mujeres que afrontaron grandes dificultades con una fe inquebrantable. Más que quedarse atrapados en el "¿por qué?", anima a reconstruir el país con perseverancia, solidaridad y esperanza, convencido de que el sufrimiento no tendrá la última palabra. "Venezuela es tierra de gracia, Venezuela es tierra de santos. Tenemos esperanza y nos vamos a levantar", afirma el prelado.


Una esperanza que nace junto a la Cruz

Las grandes tragedias siempre despiertan interrogantes que no admiten respuestas sencillas. El cristianismo tampoco elimina el misterio del dolor, pero ofrece una certeza capaz de sostener incluso en los momentos más difíciles: Dios permanece al lado de quienes sufren. La Cruz de Cristo recuerda que el Señor no observa el sufrimiento desde la distancia, sino que ha querido compartirlo para abrir un camino de esperanza que conduce a la Resurrección.



Cuando la tierra tiembla y parece derrumbarse toda certeza humana, la fe invita a mirar hacia Cristo. Él no prometió una existencia libre de lágrimas, pero sí una compañía que nunca falla. En medio del dolor, la Iglesia sigue anunciando que el amor de Dios permanece, que la esperanza no muere y que, incluso entre los escombros, puede comenzar el camino hacia una vida nueva.

 

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