León XIV en Francia: “Proteger toda vida humana es un deber de cada uno de nosotros”
26 de Septiembre del 2026
Ante el presidente Emmanuel Macron y representantes de la sociedad francesa, el Papa destacó las raíces cristianas del país, defendió la dignidad y el derecho a la vida y advirtió sobre los riesgos de una ciencia y una tecnología desvinculadas de la ética.
El Papa León XIV comenzó este viernes su visita a Francia con un fuerte llamado a la paz, la defensa de la dignidad humana y la responsabilidad ética ante los avances científicos y tecnológicos.
Durante su encuentro con el presidente Emmanuel Macron, autoridades, miembros del cuerpo diplomático y representantes de la sociedad civil en el Palacio del Elíseo, el Pontífice pidió no aceptar nunca la guerra como un destino inevitable y animó a Francia a continuar trabajando por una “paz desarmada y desarmante”.
En su discurso, León XIV recorrió algunos de los principales rasgos de la historia cultural, cristiana y social de Francia, destacando su aportación a la cultura, las artes, las ciencias, la educación y la defensa de los derechos humanos.
Al mismo tiempo, planteó algunos de los grandes desafíos que enfrenta actualmente la sociedad: el desarrollo tecnológico, la inteligencia artificial, la defensa de la vida, la convivencia entre personas de distintas culturas y religiones y la búsqueda de la paz.
Francia, una tierra de cultura, fe y esperanza
El Santo Padre comenzó agradeciendo al presidente Macron la invitación y expresó su cercanía a todos los habitantes de Francia, un país que, según señaló, posee un enorme patrimonio cultural y religioso y cuya diversidad de orígenes contribuye a enriquecer la convivencia y la vida democrática.
León XIV recordó además que Francia ocupa un lugar especial en las oraciones del Papa y mencionó sus propias raíces familiares normandas y bearnesas.
Desde París, a la que se refirió como la “Ciudad de la Luz”, el Pontífice destacó la influencia que Francia ha ejercido durante siglos en Europa y en el mundo.
Sus escuelas catedralicias, universidades y academias, explicó, fueron espacios fundamentales para la búsqueda de la verdad y contribuyeron a formar el pensamiento de generaciones enteras.
El Papa subrayó también el aporte de grandes figuras francesas que supieron unir la fe católica con las ciencias, las artes, la literatura y la filosofía, mostrando que estas disciplinas pueden ponerse al servicio de la humanidad cuando están orientadas hacia la búsqueda de “lo bello, lo bueno y lo verdadero”.
Notre-Dame, símbolo de una esperanza recuperada
Uno de los símbolos a los que León XIV dedicó especial atención fue la catedral de Notre-Dame de París.
El Papa agradeció el trabajo de los artesanos, instituciones y profesionales que hicieron posible la restauración del templo después del incendio que sufrió en 2019.
Para el Pontífice, la recuperación de Notre-Dame representa mucho más que una hazaña técnica.
Su reapertura al culto y a los visitantes de todo el mundo constituye, afirmó, un signo de esperanza, porque demuestra que aquello que parecía destruido definitivamente puede volver a levantarse cuando existe colaboración y voluntad de trabajar juntos.
Por ello, invitó a los distintos actores de la vida política, social y religiosa de Francia a dejarse inspirar por este ejemplo y renovar sus esfuerzos por construir la unidad con una esperanza viva.
Las raíces cristianas de Francia
León XIV recordó asimismo las profundas raíces cristianas de la nación francesa.
Desde san Ireneo y el bautismo de Clodoveo, explicó, el cristianismo contribuyó a formar un patrimonio espiritual, cultural, intelectual, artístico y misionero que posteriormente tuvo una gran influencia más allá de las fronteras del país.
El Papa vinculó también esta tradición con la historia francesa de la defensa de la dignidad humana y de los derechos fundamentales.
En este contexto, recordó el lema nacional de Francia: “Libertad, igualdad y fraternidad”, señalando que estos conceptos no deberían reducirse a palabras inscritas en los edificios públicos, sino que contienen exigencias éticas que pueden encontrar también en el Evangelio una fuente de inspiración.
El Pontífice recordó además que la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue proclamada en París y destacó la importancia de mantener en el centro de la vida social el reconocimiento de la dignidad inherente a cada persona.
León XIV alerta sobre una tecnología sin ética
Uno de los puntos centrales del discurso fue la relación entre el progreso científico y tecnológico y la dignidad humana.
León XIV recordó que la tecnología ha contribuido enormemente a mejorar las condiciones de vida, pero advirtió que los avances científicos también pueden utilizarse de manera perjudicial cuando no están orientados hacia el bien.
El Papa retomó así una de las preocupaciones que ya había desarrollado en su primera encíclica, Magnifica humanitas, dedicada a la inteligencia artificial.
Explicó que la humanidad corre el riesgo de vivir en una especie de “Paraíso de las Máquinas” si permite que la tecnología invada y condicione la vida cotidiana sin desarrollar al mismo tiempo la capacidad de discernimiento ético.
Por eso, afirmó que resulta urgente formar personas capaces de distinguir aquello que es moralmente bueno y que contribuye verdaderamente al crecimiento humano.
Para León XIV, el desarrollo tecnológico no puede convertirse en un fin en sí mismo. Debe permanecer subordinado al respeto de la libertad, la dignidad y la vocación de cada persona.
La ciencia no puede decidir por el ser humano
En otro momento de su intervención, el Papa alertó sobre la tentación de esperar que la ciencia pueda ofrecer una solución para todos los sufrimientos humanos.
Cuando la ciencia y la tecnología se separan de la conciencia moral, explicó, pueden presentar soluciones aparentemente inmediatas a determinados problemas, pero terminar alejando a la persona del bien que realmente busca.
En este contexto, expresó su preocupación por determinadas prácticas que pueden convertir la ciencia y la tecnología en negocios y favorecer, entre otras realidades, la manipulación genética, la gestación subrogada, la compra de órganos o la “oferta de una muerte programada”.
Frente a estas situaciones, el Pontífice insistió en que la protección de la vida y el respeto mutuo son una responsabilidad de todos.
Y recordó con especial fuerza que la defensa del derecho a la vida constituye el fundamento de los demás derechos humanos.
Una sociedad libre necesita diálogo
León XIV también abordó la relación entre religión y vida pública en Francia.
Ante una sociedad caracterizada por la diversidad cultural y religiosa, defendió una concepción de la laicidad que no excluya la dimensión religiosa del espacio público.
El Papa señaló que una sociedad verdaderamente libre no debe imponer uniformidad, sino proteger la diversidad de conciencias y favorecer un diálogo ético capaz de enriquecer la convivencia.
En este sentido, defendió el papel que la Iglesia y los cristianos pueden desempeñar en la vida pública sin que su presencia deba interpretarse como una amenaza para la unidad nacional.
También destacó la importancia de la escuela católica dentro del sistema educativo francés y señaló que conocer y valorar la propia identidad es una condición necesaria para encontrarse con los demás desde el respeto y la apertura.
Iglesia y Estado: trabajar juntos por el bien común
El Pontífice sostuvo que una sana laicidad no significa excluir la religión del espacio público o de la educación.
Por el contrario, afirmó que el Estado y las instituciones religiosas pueden dialogar y unir sus esfuerzos para trabajar por “lo verdadero, lo bueno y lo bello”.
En este contexto, valoró el trabajo realizado mediante la Instancia de Diálogo entre la Santa Sede, la Iglesia Católica en Francia y el Gobierno francés.
León XIV recordó que, aunque Iglesia y comunidad política tienen funciones diferentes, ambas están llamadas a ponerse al servicio de la vocación personal y social del ser humano.
También destacó la colaboración histórica entre Francia y la Iglesia Católica en favor de los cristianos de Oriente, especialmente mediante proyectos educativos, sociales, culturales y humanitarios.
Entre ellos mencionó el Fondo para las Escuelas de Oriente, que desde su creación en 2021 ha apoyado a más de 260 instituciones educativas de Oriente Medio, incluidas siete universidades del Líbano y la Universidad de Belén.
La paz no puede construirse sobre la carrera armamentística
El discurso del Papa tomó después un tono especialmente firme al abordar las guerras y los conflictos que afectan actualmente a distintas regiones del mundo.
León XIV recordó que Oriente Medio, tierra donde nació Jesucristo, continúa marcado por el sufrimiento de numerosas poblaciones afectadas por los conflictos.
Ante esta realidad, pidió no permanecer indiferentes y llamó a una auténtica conversión del corazón que permita reconocer cuánto necesitan unos de otros los pueblos y las naciones.
El Pontífice recordó también las palabras de san Juan XXIII sobre la necesidad de poner fin a la carrera armamentística y expresó su preocupación ante la idea de que las armas nucleares puedan considerarse una garantía suficiente de seguridad.
Para León XIV, esta lógica puede alimentar una nueva carrera armamentística difícil de controlar.
“La paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia”, afirmó.
“No resignarse nunca” ante la guerra
Fue en este punto donde el Papa dirigió uno de los mensajes más contundentes de su discurso.
León XIV pidió a las autoridades y a la sociedad “no resignarse nunca ante la perspectiva de una guerra considerándola ‘inevitable’”.
Frente a los conflictos y las crisis que atraviesan el mundo, animó a promover incansablemente el diálogo y la diplomacia para proteger sociedades pacíficas y respetuosas de la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos.
El Pontífice invitó particularmente a Francia a continuar ejerciendo un papel activo en favor de la paz y del multilateralismo, especialmente dentro de Europa.
Y formuló un deseo que resume buena parte de su mensaje al país:
“Que Francia, fiel a sus valores, abra el surco de una paz desarmada y desarmante”.
León XIV pidió además que la libertad francesa crezca en la búsqueda del bien común, que su fraternidad alcance a toda la humanidad y que la igualdad se construya sobre la justicia y la caridad, respetando las diferencias entre las personas y poniéndolas al servicio del bien de toda la sociedad.
“Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses”
Al concluir su intervención, el Papa agradeció nuevamente el encuentro y aseguró sus oraciones por Francia.
León XIV recordó que la Iglesia no puede desentenderse de las cuestiones temporales y que las autoridades civiles tampoco deberían ignorar la presencia y la aportación de los católicos en la sociedad.
Finalmente, encomendó a Francia a la intercesión de la Santísima Virgen María, Patrona principal del país, y pidió a Dios que le conceda paz, unidad y prosperidad.
Con una última invocación, el Pontífice cerró su discurso:
“¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!”
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