El Papa León XIV advierte del daño social del juego de azar: “un poder sin alma que hiere a las familias y vacía la esperanza”
31 de diciembre del 2025
En un momento histórico marcado por profundas transformaciones sociales y crecientes desigualdades, el Papa León XIV elevó una voz clara y firme contra una de las realidades que, silenciosamente, está destruyendo hogares y fracturando comunidades: el juego de azar.
Durante una audiencia concedida a los miembros de la Asociación Nacional de Municipios Italianos (ANCI), el Pontífice situó esta problemática en el corazón de una reflexión más amplia sobre el sentido del poder, la responsabilidad política y la necesidad urgente de reconstruir el tejido humano y espiritual de las ciudades.
Desde el Palacio Apostólico, en pleno tiempo litúrgico de Navidad, el Papa trazó un paralelismo entre el misterio de la Encarnación y los desafíos actuales, subrayando que el nacimiento de Cristo ilumina el modo auténtico de ejercer toda forma de autoridad: no como dominio, sino como servicio atento a los más vulnerables.
“Cuando el poder olvida la dignidad humana y se convierte en juego y abandono, hiere a las familias y apaga la esperanza que las ciudades necesitan.”
El poder deshumanizado frente a la fragilidad del Niño
Al inicio de su discurso, León XIV invitó a contemplar el contraste radical que ofrece el Evangelio: la fragilidad de un Niño frente a la prepotencia del rey Herodes. Esa oposición, explicó, no pertenece solo al pasado, sino que se reproduce hoy en múltiples formas de poder que olvidan la dignidad humana.
La matanza de los inocentes ordenada por Herodes —recordó— no fue únicamente una tragedia histórica, sino el símbolo de un poder que destruye el futuro porque ha perdido toda referencia al amor y al respeto por la vida. Frente a ello, el nacimiento de Jesús revela la verdad más profunda de la autoridad: su vocación a ser responsabilidad, cuidado y entrega.
Desde esta clave, el Papa exhortó a los responsables públicos a encarnar virtudes concretas: humildad, honestidad y comunión, advirtiendo que sin ellas el poder se convierte en una fuerza deshumanizadora, incapaz de generar cohesión social.
Escuchar a los más frágiles, fundamento de la vida cívica
Dirigiéndose a los representantes municipales, León XIV puso el acento en la escucha como dinámica esencial de la vida política. Escuchar —dijo— no es un gesto accesorio, sino el primer acto de justicia hacia las familias, los jóvenes, los ancianos que viven en soledad y los pobres cuyo sufrimiento muchas veces permanece invisible.
El Papa recordó que las ciudades no son estructuras impersonales, sino espacios habitados por rostros concretos, historias únicas y heridas que reclaman atención. En este contexto, evocó la figura del Venerable Giorgio La Pira, el llamado “alcalde santo” de Florencia, para quien la primera obligación de un gobernante era aliviar el sufrimiento de quien llamaba a su puerta.
Desde esta perspectiva, el Pontífice insistió en que la cohesión social y la armonía cívica solo pueden construirse escuchando a los pequeños y a los pobres, convirtiéndolos en protagonistas y no en descartados del desarrollo.
El juego de azar, una herida silenciosa en las familias
En uno de los pasajes más contundentes de su intervención, el Papa León XIV alertó expresamente sobre el juego de azar, al que calificó como una realidad que “arruina a muchas familias”. Apoyándose en los datos del último informe de Cáritas Italiana, subrayó que la ludopatía no es solo un problema económico, sino un grave desafío educativo, de salud mental y de confianza social.
El juego, presentado con frecuencia como ocio inofensivo, se convierte —advirtió— en una trampa que alimenta la marginación, la violencia doméstica, el endeudamiento y la ruptura de los vínculos familiares. En este sentido, el Papa llamó a afrontar esta problemática con valentía política y sensibilidad humana, evitando miradas superficiales o puramente económicas.
Junto a esta herida, el Pontífice enumeró otras formas de soledad que atraviesan nuestras sociedades: trastornos psíquicos, depresiones, pobreza cultural y espiritual, abandono social. Todas ellas, afirmó, son signos evidentes de una profunda necesidad de esperanza.
Política con alma para ciudades con futuro
León XIV concluyó su reflexión animando a los responsables municipales a convertirse en auténticos “maestros del bien común”, capaces de tejer una alianza social para la esperanza. La política —subrayó— está llamada a promover relaciones humanas verdaderas, a dar espesor cultural y espiritual a las ciudades y a valorar los talentos de cada persona.
Solo desde una visión integral de la promoción humana será posible proyectar un futuro mejor, donde la economía no se imponga sobre la dignidad, ni el beneficio inmediato eclipse el cuidado de las personas. Con tono pastoral y exigente a la vez, el Papa pidió a los presentes el coraje de ofrecer esperanza concreta, construida día a día desde la cercanía, la justicia y la paz social.
Con esta advertencia, el Papa León XIV situó el problema del juego de azar en el centro de una reflexión evangélica sobre la responsabilidad pública, recordando que no hay verdadera política cristiana sin una opción clara por los más frágiles y sin una defensa decidida de la vida familiar y comunitaria.
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