Jonathan Roumie y el misterio de una vocación inesperada: “Todo en mi vida me preparó para interpretar a Jesús”

31 de diciembre del 2025
Isabel

Interpretar a Jesucristo no es solo un desafío artístico, sino una experiencia que toca las fibras más profundas del alma. Así lo confesó Jonathan Roumie, protagonista de la exitosa serie The Chosen, en una extensa y reveladora conversación con el sacerdote estadounidense Mike Schmitz, conocido por su labor evangelizadora a través de Ascension Presents.



Lejos de una lectura superficial del éxito televisivo, Roumie abrió su corazón para explicar cómo su historia personal, marcada por heridas, búsquedas y fe, ha sido —a la luz del tiempo— una auténtica preparación providencial para encarnar al Hijo de Dios. Una experiencia que no solo ha transformado su carrera, sino también su modo de creer, orar y vivir la Eucaristía.

“Dios transforma nuestras heridas en camino, y a veces nos prepara durante toda una vida para decirle sí sin saber hasta dónde nos llevará.”

Una infancia marcada por la Pasión


En el diálogo, Roumie recordó episodios de su niñez que hoy adquieren un significado nuevo. Uno de ellos ocurrió cuando tenía apenas 12 años. Tras ver la célebre interpretación de Robert Powell en Jesús de Nazaret, el joven Jonathan recreó por su cuenta la Pasión y la Crucifixión en el patio de su casa, construyendo una cruz improvisada y fabricando incluso una corona de espinas.


Aquella escena infantil, que podría parecer anecdótica, se convirtió con los años en una clave interpretativa. Para Roumie, no fue un simple juego, sino una forma temprana —aunque inconsciente— de identificarse con el sufrimiento de Cristo. A ello se sumaron experiencias dolorosas de acoso escolar, que marcaron profundamente su sensibilidad.


Ya como adulto, al rodar las escenas de la Pasión en la sexta temporada de The Chosen, el actor comprendió que esas heridas del pasado se transformaban ahora en un puente de empatía. Al contemplar a Jesús como “un hombre justo, manso y pacífico” sometido a la humillación y la violencia, Roumie reconoció resonancias muy personales que le permitieron ofrecer su propio dolor como una ofrenda interior.



El sufrimiento asumido como ofrenda


Antes de iniciar el rodaje de las escenas más intensas de la Crucifixión —filmadas en Matera, Italia— Roumie confesó haber hecho una oración audaz: pidió a Dios, si era su voluntad, experimentar aunque fuera “una fracción de una fracción” de lo que Cristo sufrió por la humanidad.

La respuesta llegó de un modo inesperado.


Poco antes del viaje, una caída durante una grabación le provocó una lesión en el hombro derecho, precisamente el que debía soportar el peso del madero de la cruz. El dolor físico fue constante y obligó al equipo a realizar ajustes durante la filmación, especialmente en las escenas que incluían metal y clavos reales.


Para el actor, lejos de ser un contratiempo, aquella experiencia fue una gracia exigente. Le permitió entrar en el misterio del sufrimiento de Cristo con una profundidad que nunca antes había conocido. “Dios me dio exactamente lo que pedí: solo un vistazo”, afirmó, convencido de que ese dolor también formaba parte de su sacrificio personal y de su entrega al servicio del personaje que interpretaba.



Una fe transformada ante la Eucaristía


Uno de los frutos más visibles de esta experiencia ha sido el cambio en la vida sacramental de Roumie. Al ser preguntado por el impacto de interpretar la Pasión en su forma de vivir la Misa, el actor confesó sentirse cada vez más llamado a una actitud de profunda reverencia ante la Eucaristía.


En el último año, comenzó a comulgar de rodillas y en la boca, un gesto que antes no practicaba y que al inicio le resultó desconcertante. Incluso relató un episodio en el que un sacerdote le pidió que se pusiera de pie para recibir la comunión. Tras consultar con su director espiritual, decidió perseverar en ese gesto como expresión de adoración y humildad, dispuesto a esperar el tiempo que fuera necesario.


Esta transformación interior revela que el papel de Jesús no ha quedado limitado al set de grabación. Para Roumie, encarnar a Cristo lo ha llevado a desear una relación más profunda y reverente con Él, especialmente presente en el Sacramento del Altar.



Elegido para un papel que cambia la vida


En uno de los momentos más significativos de la conversación, el P. Mike Schmitz subrayó que The Chosen no solo habla de los personajes bíblicos llamados por Jesús, sino también del propio Roumie, que fue “elegido” para interpretarlo. No solo como actor, sino como discípulo, en el sentido más paulino del término: un imitador de Cristo.


Roumie reconoció que aceptar el papel fue inicialmente una decisión profesional —necesitaba trabajo—, sin imaginar la transformación interior que provocaría. Diez años después, al acercarse el final de la serie, admite que esta experiencia es un misterio que quizá tarde toda la vida en comprender plenamente.


Lejos de querer desprenderse de ella, confiesa que ese vínculo lo mantiene unido a Cristo, incluso cuando las cámaras se apaguen. Es una huella que seguirá modelando su fe, su oración y su modo de vivir. La historia de Jonathan Roumie es, en definitiva, un testimonio contemporáneo de cómo Dios actúa en lo ordinario y en lo doloroso, tejiendo silenciosamente una vocación que, llegada la hora, ilumina a millones y transforma primero el corazón de quien acepta ser instrumento.


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