El Papa León XIV recuerda que Dios tiene una predilección especial por los pequeños y los descartados
28 de julio del 2026
Dios no mira a las personas según su origen, su posición social o sus capacidades, sino con el amor de un Padre que llama a todos a formar parte de su Reino. Así lo recordó el
Papa León XIV durante el rezo del Ángelus desde
Castel Gandolfo, donde afirmó que la elección de Dios manifiesta una "predilección preferencial por los pequeños y los descartados". Al comentar el Evangelio de este domingo, el Pontífice invitó a los fieles a descubrir el verdadero tesoro de la vida cristiana y a dejarse transformar por el encuentro con Cristo, capaz de renovar por completo la existencia.
"Dios no hace distinción de personas y su elección es una predilección preferencial por los pequeños y los descartados."
El Santo Padre explicó que las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa revelan el corazón del mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios. Ese Reino, afirmó, no es una realidad reservada para unos pocos, sino una llamada universal que reúne a personas muy distintas entre sí y las convierte en una sola familia en Cristo.
Una Iglesia unida en la diversidad: Cristo reúne a quienes nunca se habrían encontrado
León XIV recordó que, desde el inicio de su vida pública, Jesús llamó a personas de orígenes, profesiones y condiciones muy diferentes para formar el grupo de los Apóstoles.
Aquella diversidad, lejos de convertirse en un obstáculo, dio origen a una comunidad unida por la fe. Del mismo modo, explicó el Pontífice, la Iglesia continúa siendo hoy una comunión de personas con historias, culturas y responsabilidades distintas, pero llamadas a reconocerse como una sola en Jesucristo. El Papa subrayó que esta unidad nace precisamente del modo en que Dios mira al ser humano: sin privilegios ni exclusiones, mostrando una especial cercanía hacia quienes el mundo suele relegar o considerar menos importantes.
El Reino de Dios cambia la vida: Un encuentro que nunca deja indiferente
Reflexionando sobre las parábolas del Evangelio, León XIV explicó que descubrir el Reino de Dios supone un auténtico punto de inflexión. Como el campesino que encuentra un tesoro escondido o el comerciante que descubre una perla de inmenso valor, quien se encuentra con Cristo comprende que vale la pena dejar atrás todo aquello que impide acoger ese don.
Lejos de representar una pérdida, ese cambio se convierte en una ganancia. "Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos", afirmó el Pontífice, destacando que seguir a Jesús amplía el horizonte de la existencia y llena de sentido la vida.
Un Reino abierto a todos: Dios se deja encontrar en la vida cotidiana
El Santo Padre llamó también la atención sobre un detalle presente en las parábolas de Jesús: sus protagonistas pertenecen a los ambientes más diversos. Campesinos, comerciantes, pescadores, mujeres que amasan el pan, pastores, agricultores, administradores o escribas aparecen una y otra vez en las enseñanzas de Cristo para mostrar que el Reino de Dios puede manifestarse en cualquier circunstancia de la vida.
De este modo, explicó León XIV, nadie queda excluido de la llamada del Señor. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, pobres y ricos están invitados a descubrir la belleza del Evangelio y a renovar profundamente su existencia.
Aprender a distinguir lo que realmente vale: Frente al consumismo, la sabiduría del corazón
En la parte final de su reflexión, el Papa recordó la petición del joven rey Salomón, que pidió a Dios un corazón sabio para discernir el bien. Esa misma sabiduría, señaló, es hoy más necesaria que nunca en una sociedad donde el consumismo crea continuamente nuevas necesidades y promete respuestas que no logran satisfacer el corazón humano. Por ello animó a los fieles a aprender a reconocer "la perla de gran valor" y el "tesoro" por el que merece la pena entregarlo todo: la relación con Dios, fuente de una alegría auténtica y duradera.
Un mensaje especialmente actual: Mirar a los descartados con los ojos de Dios
Las palabras del Papa se enmarcan en una de las constantes de su pontificado: recordar que el Evangelio sitúa en el centro a quienes suelen quedar al margen. León XIV ha insistido en numerosas ocasiones en que la Iglesia está llamada a ser una casa abierta para todos, especialmente para quienes sufren pobreza, soledad, enfermedad o exclusión. La "predilección preferencial" de Dios por los pequeños no significa excluir a nadie, sino manifestar que su amor alcanza primero a quienes más necesitan experimentar su cercanía.
En un mundo donde con frecuencia se valora a las personas por su éxito, su poder o su utilidad, el Papa León XIV recuerda que Dios sigue mirando el corazón. El verdadero tesoro no está en aquello que se posee, sino en la relación con Cristo, capaz de transformar la vida y de hacer descubrir la dignidad de cada persona. Quien encuentra ese tesoro comprende que el Reino de Dios comienza precisamente allí donde el mundo deja de mirar: entre los pequeños, los humildes y los descartados.
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