La Iglesia que nació sin sacerdotes: la sorprendente historia de los laicos que llevaron la fe a Corea
3 de julio del 2026
A diferencia de otros países, el catolicismo llegó a Corea gracias a jóvenes laicos que buscaban la verdad en los libros y acabaron fundando una comunidad cristiana marcada por la valentía, la persecución y el martirio.
"La Iglesia en Corea nació de jóvenes que no tenían sacerdotes cerca, pero sí un corazón apasionado por encontrar la verdad."
La historia de la Iglesia en Corea parece casi imposible de creer. No comenzó con la llegada de grandes misioneros ni con una misión organizada desde el exterior. Nació de un grupo de laicos que, movidos por una profunda búsqueda de la verdad, descubrieron la fe católica a través de libros y comenzaron a transmitirla entre familiares y amigos. Hoy, más de dos siglos después, aquella Iglesia que nació de manera tan humilde se prepara para acoger a miles de jóvenes de todo el mundo en la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027, un acontecimiento que vuelve a poner la mirada sobre una comunidad cristiana marcada desde sus orígenes por el protagonismo de los laicos, la fidelidad y el martirio.
Una fe descubierta entre libros
A finales del siglo XVIII, varios jóvenes coreanos comenzaron a entrar en contacto con textos cristianos procedentes de China. No se trataba simplemente de una curiosidad intelectual. Aquellos escritos respondían a una inquietud profunda por comprender la verdad sobre Dios, el ser humano y el sentido de la vida. Entre ellos destacó Lee Seung Hun, un joven noble coreano que viajó a Beijing junto a una delegación diplomática de su país. Durante su estancia en China conoció el catolicismo y quedó profundamente impactado por sus enseñanzas. Allí recibió el bautismo con el nombre de Pedro.
El regreso que cambió la historia
Al regresar a Corea, Lee Seung Hun no guardó para sí lo que había descubierto. Compartió la fe católica con sus familiares y amigos, y poco a poco comenzó a formarse una pequeña comunidad de creyentes. Aquellos primeros cristianos estudiaban la doctrina, rezaban juntos y transmitían la fe a otros, incluso antes de contar con sacerdotes en el país. Así comenzó una de las historias más singulares del catolicismo: una Iglesia fundada y sostenida inicialmente por laicos.
Una idea que rompía esquemas
El mensaje cristiano resultó profundamente revolucionario para la sociedad coreana de la época. La afirmación de que existe un solo Dios, Padre de todos, y de que todos los seres humanos son hermanos cuestionaba directamente un sistema social marcado por fuertes divisiones de clase. Esa visión de la dignidad humana provocó rechazo y desencadenó duras persecuciones contra los primeros católicos.
La fe que sobrevivió a la persecución
Durante los siglos XVIII y XIX, miles de católicos coreanos fueron encarcelados, torturados y asesinados por mantenerse fieles a Cristo. Sin embargo, lejos de desaparecer, la Iglesia siguió creciendo gracias al testimonio de quienes prefirieron perder la vida antes que renunciar a la fe. Entre ellos destacan los 103 mártires coreanos canonizados por San Juan Pablo II en 1984 durante su visita a Corea del Sur, así como los 124 mártires beatificados por el Papa Francisco en 2014.
El primer sacerdote católico coreano
La historia de la Iglesia en Corea está también unida a la figura de San Andrés Kim Taegon, el primer sacerdote católico coreano. Su vida, marcada por la formación, la entrega pastoral y el martirio, resume la fuerza de una comunidad que nació sin clero propio, pero que con el tiempo dio a la Iglesia sacerdotes, evangelizadores y testigos capaces de entregar la vida por Cristo. La película Nacimiento relata precisamente su historia y permite acercarse al origen del catolicismo coreano desde una perspectiva espiritual y humana.
Corea mira ahora a la JMJ 2027
La próxima Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027 tendrá un profundo valor simbólico. La Iglesia coreana, nacida del impulso de jóvenes laicos que buscaban la verdad, abrirá ahora sus puertas a nuevas generaciones de católicos procedentes de todos los continentes. Será una oportunidad para recordar que la evangelización no pertenece solo a sacerdotes o religiosos, sino también a cada laico que se atreve a vivir y compartir su fe.
Cuando los laicos se convierten en protagonistas
La historia del catolicismo en Corea recuerda que la Iglesia crece allí donde hay corazones dispuestos a buscar la verdad y a anunciarla con valentía. Aquellos primeros laicos no tenían estructuras, templos ni sacerdotes cerca. Pero tenían sed de Dios. Y esa sed fue suficiente para iniciar una de las comunidades católicas más sorprendentes de la historia.
Corea demuestra que la fe puede nacer en silencio, entre libros y pequeñas reuniones, pero cuando prende en el corazón de los laicos, es capaz de atravesar persecuciones, formar santos y transformar la historia.
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