Papa León XIV explica la importancia del año litúrgico y destaca el domingo como centro de la vida cristiana
13 de Agosto del 2026
El Papa León XIV dedicó la Audiencia General de este miércoles 12 de agosto a reflexionar sobre el quinto capítulo de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, dedicado al año litúrgico y a su importancia en la vida de los cristianos.
Durante su catequesis, el Santo Padre explicó que el año litúrgico no consiste simplemente en recordar acontecimientos del pasado, sino que permite a la Iglesia actualizar y vivir a lo largo del tiempo la obra de salvación realizada por Jesucristo.
Citando la encíclica Mediator Dei del Papa Pío XII, León XIV recordó que el año litúrgico es Cristo mismo quien continúa presente y actuando en su Iglesia. Por medio de este ciclo de celebraciones, los fieles entran en contacto con los misterios de la fe y pueden participar cada vez más profundamente de la gracia de la salvación.
“El encuentro con Jesús, que murió y resucitó por nosotros, es el fin que la Iglesia persigue siempre”, señaló el Pontífice, destacando que el misterio pascual ocupa el centro de toda la vida litúrgica.
El domingo, corazón del año litúrgico
El Papa subrayó que, según los padres del Concilio Vaticano II, el domingo constituye “el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico” y es “el día de la fiesta primordial”.
León XIV explicó que el domingo es el dies Domini, es decir, el “día del Señor”, y recordó que incluso en aquellas lenguas que lo relacionan con el “día del sol” permanece una referencia simbólica a Cristo, verdadero “sol de justicia” que ilumina a todos los hombres.
El Pontífice recordó también las enseñanzas de San Juan Pablo II en la Carta apostólica Dies Domini, donde se presenta el domingo como el día del Señor, de la Iglesia y del hombre, así como “el día de los días”.
Según explicó León XIV, cada domingo constituye una celebración de la Pascua semanal, porque hace presente el día en que Cristo resucitó de entre los muertos. Por ello, el domingo también permite comprender el sentido del tiempo y orienta a los cristianos hacia la segunda venida de Cristo.
La Eucaristía y la participación de los fieles
El Papa señaló que la celebración de la Eucaristía es indispensable para santificar el domingo. La escucha de la Palabra de Dios y la participación en el Cuerpo de Cristo requieren la reunión de la comunidad cristiana, el convenire in unum mencionado por el Concilio.
Esta asamblea, explicó, hace visible la comunión de los fieles con Cristo y manifiesta su pertenencia a la Iglesia. Por ello, la participación en la liturgia no puede reducirse a una presencia virtual ni a una actitud meramente pasiva.
“La asamblea litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y hermanas”, afirmó el Pontífice, recordando que los cristianos se reúnen para dar gracias a Dios por la salvación recibida en Cristo.
En este contexto, León XIV hizo un llamado a favorecer las condiciones necesarias para que quienes deben trabajar los domingos también tengan la posibilidad de participar en la Santa Misa.
La historia del año litúrgico
El Santo Padre explicó que el año litúrgico se desarrolló progresivamente a lo largo de la historia de la Iglesia. Ya desde el siglo II, a la celebración semanal de la Pascua se sumó la celebración anual de la Resurrección del Señor.
La Pascua se convirtió así en “la máxima solemnidad”, acompañada por el tiempo pascual de cincuenta días que culmina en Pentecostés y precedida por la Cuaresma, caracterizada por la penitencia y la preparación espiritual.
Posteriormente se desarrolló el ciclo de Navidad, siguiendo en buena medida el modelo del ciclo pascual. De esta manera, la Iglesia comenzó a celebrar de forma litúrgica los misterios de la Encarnación del Hijo de Dios, su nacimiento y su manifestación al mundo.
A lo largo del año litúrgico también se incorporó la veneración de la Santísima Virgen María, a quien el Concilio describe como íntimamente unida a la obra salvadora de su Hijo, así como la memoria de los mártires y de los demás santos, quienes “cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros”.
Una pedagogía de la historia de la salvación
León XIV concluyó su reflexión señalando que el año litúrgico constituye una verdadera pedagogía de la historia de la salvación. A través de sus diferentes tiempos y celebraciones, la Iglesia conduce a los fieles desde la espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la esperanza de la gloria futura.
“El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación”, afirmó el Papa.
De este modo, las celebraciones litúrgicas permiten a los creyentes participar cada vez más profundamente en el misterio de Cristo y experimentar su actualidad salvífica.
- Por esta razón, concluyó León XIV, el año litúrgico constituye “el principio inspirador y el marco de referencia esencial de toda acción pastoral”.
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