90 años de agosto de 1936, cuando mataron a la mayoría de los obispos mártires de la Guerra Civi
5 de agosto de 2026
Por: Nicolás de Cárdenas

Los Obispos Laplana, Asensio, Basulto, Estenaga, Ventaja y Medina, beatos mártires, asesinados en la Guerra Civil Española. | Crédito: Dominio público; Archidiócesis de Valladolid (CC BY-SA 2.0) y Miii777 (CC BY-SA 4.0).
En agosto de 2026 se cumplen 90 años del asesinato por odio a la fe de la mayoría de los 12 obispos españoles que murieron mártires en el contexto de la Guerra Civil española, que se inició el 18 de julio de 1936.
Tras el asesinato en julio del Obispo de Sigüenza, Mons. Eustaquio Nieto, a manos de los milicianos tras la ocupación de la ciudad, el martirio de los prelados en el mes de agosto comenzó el día 5 con Mons. Salvio Huix, Obispo de Lérida, que permaneció voluntariamente en su diócesis a pesar de las circunstancias. Fue detenido, encarcelado y fusilado en el cementerio de Lérida tras rechazar las presiones a renegar de su condición episcopal.
El Obispo de Cuenca, Mons. Cruz Laplana, halló la muerte tras negarse a abandonar a su clero. Detenido en el seminario, desestimó la opción de huir disfrazado. Murió fusilado y enterrado en una fosa común el 8 de agosto de 1936. En 1940, su cuerpo fue trasladado a la catedral.
El siguiente en morir mártir fue Mons. Florentino Asensio, quien había sido consagrado obispo en enero de 1936 y nombrado administrador apostólico de la Diócesis de Barbastro.
Encarcelado desde el 22 de julio, fue trasladado a una celda de aislamiento el 8 de agosto, donde fue torturado de múltiples maneras, incluida la amputación de sus testículos. En la madrugada del 8 de agosto fue llevado junto con otros detenidos al cementerio de Barbastro, donde fue fusilado al tiempo que bendijo y perdonó a sus asesinos.
Mons. Miguel Serra había tomado posesión de la Diócesis de Segorbe en el mes de junio, tras 15 años al frente de la Diócesis de Canarias. El 27 de julio fue detenido junto a otros eclesiásticos. Al igual que otros hermanos en el episcopado, fue torturado antes de ser fusilado la madrugada el 9 de agosto.
El 12 de agosto de 1936 alcanzaron el martirio Mons. Manuel Basulto, Obispo de Jaén y Mons. Manuel Borras, Obispo Auxiliar de Tarragona.
El primero fue detenido diez días antes en el palacio episcopal, junto a su hermana Teresa y su cuñado Mariano y llevado a la catedral de Jaén, convertida en cárcel. El día de autos fue trasladado en tren con otros 245 reclusos hasta Madrid, donde un grupo de milicianos decidió ejecutar a casi 200 personas en grupos de 25.
Mons. Borrás fue consagrado obispo en 1934. El día 21 de julio de 1936 fue detenido junto al Cardenal Francisco de Así Vidal y Barraquer y trasladado al Monasterio de Poblet. El purpurado fue liberado y trasladado a Italia poco después, pero el obispo permaneció preso otras dos semanas hasta que, llevado al tribunal de Tarragona, fue fusilado y quemado.
El 22 de agosto fue fusilado Mons. Narciso de Estanaga, Obispo de Ciudad Real y Prior de las Órdenes Militares. Amigo y confesor de Alfonso XIII, fue consagrado obispo en 1923. Al estallar la Guerra Civil, decidió permanecer en la diócesis. El 5 de agosto asaltaron el palacio episcopal y el día 13 fue expulsado del lugar, motivo por el que se refugió en casa de un amigo.
Allí fueron a buscarles los milicianos el 22 de agosto. Sin oponer resistencia, fueron llevados a orillas del Guadiana, a ocho kilómetros de Ciudad Real, donde fueron asesinados a tiros.
El 30 de agosto de 1936 encontraron la gloria del martirio los obispos de Almería, Mons. Diego Ventaja, y de Guadix, Mons. Manuel Medina.
Mons. Ventaja tomó posesión de la Diócesis de Almería un año antes de la guerra. Una vez iniciado el conflicto e incautado el palacio episcopal el 22 de julio, se refugió en la casa del vicario episcopal y rechazó varias ofertas para salir de la ciudad.
En cambio, acogió a Mons. Medina, junto a otros sacerdotes trasladados a la fuerza a Almería. Fueron llevados primero al convento de las Adoratrices, transformado en presidio, y después a dos barcos, junto con presos comunes, donde fueron sometidos a numerosas vejaciones.
El 30 de agosto fueron seleccionados para salir del último barco y llevados al martirio. En el barranco del Chisme (Vícar) fueron fusilados y quemados dos veces con gasolina.
Después de esta fecha, fueron dos obispos y un sacerdote en funciones de administrador apostólico los que fueron martirizados a lo largo de la Guerra Civil española.
De ellos, el primero fue Juan de Dios Ponce y Pozo, quien ejercía como Administrador Apostólico de Orihuela desde 1935 tras la dispensa canónica por dos años concedida a Mons. Francisco Javier de Irastorza. Logró permanecer oculto hasta ser detenido en octubre y fusilado el 30 de noviembre de 1936.
Mons. Manuel Irurita, Obispo de Barcelona, se escondió en casa de una familia amiga hasta que fueron descubiertos y detenidos. Fue fusilado en el cementerio de Moncada el 3 de diciembre de 1936. Es el único que aún no ha sido reconocido oficialmente como mártir y beatificado.
Cierra la nómina de prelados Mons. Anselmo Polanco, agustino, que fue Obispo de Teruel. Arrestado en enero de 1938, estuvo preso 13 meses hasta que dos meses antes del fin de la guerra fue maniatado y llevado en un camión junto a otros prisioneros hasta el barranco de Can Tretze, donde fue fusilado.
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