¿Cómo celebrar el Día de Muertos con sentido católico?
26 de octubre 2026
El Día de Muertos es una oportunidad para recordar con gratitud a los seres queridos que han fallecido y, desde la fe católica, acompañar ese recuerdo con la oración y la esperanza en la vida eterna. Dos sacerdotes explican cómo vivir las tradiciones mexicanas sin perder de vista su sentido cristiano y evitando prácticas que puedan alejarse de la fe.
En torno a la conmemoración cristiana de los fieles difuntos, que la Iglesia celebra el 2 de noviembre, el Día de Muertos reúne en México diversas expresiones culturales, familiares y religiosas. Sin embargo, algunas de estas tradiciones pueden mezclarse con elementos paganos, seculares o comerciales, por lo que resulta importante conservar el sentido cristiano de esta celebración.
En México, el Día de Muertos se caracteriza por los colores que llenan las calles y los hogares, el papel picado, el tradicional pan de muerto, las calaveritas de azúcar y las flores de cempasúchil.
Estos elementos suelen formar parte de los altares u ofrendas dedicados a los seres queridos fallecidos, donde también se colocan fotografías y objetos que permiten mantener viva su memoria.
En medio de estas expresiones culturales, que tienen un marcado carácter festivo y familiar, dos sacerdotes consultados por EWTN News Español recuerdan que el Día de Muertos puede vivirse plenamente desde la fe católica, siempre que el recuerdo de los difuntos esté acompañado por la oración y la esperanza cristiana.
La importancia de rezar por los muertos
“Al recuerdo cariñoso se debe unir la oración por los difuntos”, subrayó el P. Mario Arroyo, doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y profesor de la Universidad Panamericana de Ciudad de México.
“Podríamos decir que a los difuntos no les sirven nuestras lágrimas (aunque a nosotros sí nos sirven, como parte del proceso del duelo), en cambio, sí les sirven, y mucho, nuestras oraciones”, aseguró.
En la misma línea, el P. David Jasso, vicario episcopal para la Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey y rector del Santuario de San Judas Tadeo, explicó que recordar a quienes han fallecido tiene un profundo significado espiritual.
“Recordar a nuestros difuntos es un acto de amor; orar por ellos es, además, un acto de fe”, señaló. El sacerdote recomendó que las familias no se limiten a preparar altares o recordar a sus seres queridos mediante fotografías, sino que aprovechen estas fechas para reunirse en oración y participar en la Santa Misa.
“Podemos tener un altar lleno de flores y fotografías, pero también encontrar un momento para rezar juntos, participar en la Eucaristía y encomendar a nuestros difuntos a la misericordia de Dios”, aconsejó.
Evitando el sincretismo
El P. Arroyo advirtió que en torno al Día de Muertos “siempre existe el peligro del sincretismo religioso”. Sin embargo, aclaró que esto no significa que todos los elementos tradicionales de esta celebración sean incompatibles con la fe católica.
Según explicó, prácticas como colocar un altar de muertos, preparar pan de muerto o utilizar calaveritas de azúcar no constituyen por sí mismas una forma de sincretismo. “Inculturación no es sinónimo de sincretismo; supone asumir los elementos positivos que existían en una cultura precedente, en este caso la prehispánica”, precisó.
El sacerdote también explicó que determinadas expresiones populares, como decir que los muertos regresan a visitar a sus familiares durante estas fechas, pueden entenderse como una manera de expresar que los seres queridos fallecidos permanecen presentes en la memoria de quienes los amaron.
“Toda esta forma de tener presentes a nuestros ancestros fallecidos, según los cánones del cristianismo inculturado en México, representa una forma legítima de vivir la virtud cristiana de la piedad”, resaltó.
Esta virtud, añadió, lleva a recordar y orar por los difuntos, especialmente por los familiares más cercanos. El problema aparece cuando estas prácticas dejan de ser una expresión de memoria y oración y se convierten en intentos de establecer contacto con los muertos.
El P. Arroyo señaló como “casos extremos o marginales” aquellas prácticas relacionadas con el “espiritismo y la invocación a los muertos”.
No es necesario elegir entre la tradición y la fe
Para el P. Jasso, las familias mexicanas no tienen que abandonar sus tradiciones para vivir de acuerdo con la fe católica. “No creo que tengamos que elegir entre nuestras tradiciones mexicanas y nuestra fe. Podemos vivir ambas, siempre que sepamos distinguir su significado”, afirmó.
“La tradición no tiene que desaparecer, lo importante es que la costumbre no termine sustituyendo aquello que queremos celebrar”, añadió. En este sentido, visitar el cementerio, colocar fotografías, preparar la comida que disfrutaba un familiar fallecido o reunirse para compartir recuerdos pueden convertirse en expresiones de amor y gratitud.
“Poner una fotografía, preparar la comida que le gustaba a un familiar, visitar el panteón o reunirnos para contar anécdotas son expresiones muy hermosas de nuestra cultura y de nuestro cariño”, explicó.
También puede ser útil incorporar elementos explícitamente religiosos al altar. El P. Arroyo recomendó, por ejemplo, colocar una imagen de la Virgen de Guadalupe para ayudar a orientar la celebración hacia la fe.
Incluso señaló que podrían incluirse fotografías de personas fallecidas que hayan dado testimonio de su fe, como el Papa Francisco. Pero, por encima de cualquier elemento externo, el sacerdote recomendó participar en la Santa Misa y ofrecerla por los difuntos.
“Si es posible, que manden a decir Misas por sus difuntos cercanos”, aconsejó. Asimismo, recordó que durante los primeros días de noviembre los fieles pueden obtener indulgencias plenarias aplicables a las almas de los difuntos, cumpliendo las condiciones establecidas por la Iglesia.
Tres señales de que el Día de Muertos se vive desde la fe
El P. David Jasso propuso también tres señales que pueden ayudar a las familias a discernir si están viviendo estas fechas desde una verdadera perspectiva cristiana. La primera es que el recuerdo conduzca a la gratitud.
“No solamente lamentamos que alguien haya muerto; agradecemos que haya vivido y que su existencia haya dejado una huella en nosotros”, explicó. La segunda señal aparece cuando la memoria se transforma en oración.
Recordar a un ser querido no debería limitarse a colocar fotografías, flores u ofrendas. La memoria cristiana invita también a encomendar a esa persona a Dios y confiar en su misericordia.
Finalmente, la tercera señal se produce cuando recordar a los muertos transforma nuestra relación con los vivos. El sacerdote considera que sería contradictorio recordar con gran cariño a quienes ya fallecieron y, al mismo tiempo, descuidar a las personas que permanecen a nuestro lado.
“La mejor manera de honrar a nuestros muertos es recordar con gratitud su vida, encomendarlos con esperanza a Dios y aprender a amar mejor a quienes siguen con nosotros”, concluyó.
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