El Papa advierte del riesgo de una comunicación sin verdad y sin escucha en la era digital
23 de enero del 2026
La aceleración tecnológica y la expansión de los entornos digitales han transformado profundamente la forma de informar, debatir y relacionarse. Sin embargo, esta revolución comunicativa no está exenta de peligros. Así lo ha advertido el Papa León XIV en un mensaje dirigido con motivo del 30.º aniversario del programa de la televisión pública italiana Porta a Porta, donde el Pontífice subrayó la necesidad de una información que no renuncie a la verdad y que resista a la tentación de lo superficial, lo fugaz y lo sensacionalista.
En su reflexión, publicada por Vatican News, el Santo Padre llamó a periodistas y profesionales de la comunicación a custodiar el sentido de lo humano frente a un ecosistema mediático donde la apariencia puede disfrazar a la mentira y donde el ruido se impone con facilidad sobre el diálogo auténtico.
“La comunicación auténtica nunca banaliza: escucha, discierne y sirve a la verdad”.
Horizontes nuevos, riesgos renovados
León XIV reconoció que la irrupción de nuevas tecnologías ha ampliado de forma inédita las posibilidades de acceso al conocimiento. La capacidad de comunicar en tiempo real, de compartir contenido y de recibir información desde cualquier parte del mundo ha abierto fronteras que apenas eran imaginables hace unas décadas.
A juicio del Papa, estos avances han permitido contar historias, narrar crisis, acompañar acontecimientos y documentar procesos históricos que han marcado estos treinta años: desde guerras y negociaciones de paz hasta momentos de alegría colectiva, tragedias humanas y escándalos que han sacudido sociedades enteras.
Sin embargo, junto a estos progresos han surgido desafíos graves. El Pontífice advirtió que el flujo incesante de imágenes, palabras y opiniones amenaza con diluir las distinciones entre verdad y falsedad, entre profundidad y superficialidad, entre diálogo y ruido. Cuando todo compite por captar atención inmediata, explicó, lo falso puede adoptar la apariencia de lo verdadero, la lectura apresurada puede presentarse como reflexión seria y el monólogo puede ser confundido con un intercambio real, aunque en él nadie escuche de verdad.
Fake news, superficialidad y ausencia de escucha
El Papa detalló algunos de los síntomas característicos de esta nueva ecología mediática: el intercambio de noticias falsas como si fueran confirmadas, la sustitución de la escucha por un “zapping” incesante, la navegación compulsiva que absorbe horas sin aportar discernimiento ni profundidad, y la preferencia por una curiosidad superficial que no busca comprender, sino consumir información como entretenimiento efímero. Esta dinámica del consumo permanente debilita —indicó— la posibilidad de formar criterios sólidos y de construir un juicio propio, indispensable para una ciudadanía consciente y responsable.
León XIV denunció asimismo que los entornos digitales favorecen el aislamiento y la atomización, reduciendo la comunicación a un intercambio sin presencia real, sin mirada y sin compromiso. En ese contexto, el Pontífice insistió en que la verdad no se reduce a un conjunto de datos, sino a una relación que exige escucha y reconocimiento del otro. Por ello, alertó contra una comunicación que prescinda de la dimensión humana y, más aún, de la responsabilidad moral que implica informar.
Hacia una comunicación que fortalezca lo humano
Frente a estos riesgos, el Santo Padre defendió la necesidad de cultivar la paciencia, la escucha y la mirada a largo plazo, elementos esenciales para crear vínculos duraderos en una época marcada por la inmediatez y la volatilidad. Las tecnologías —afirmó— no pueden conducir a la pérdida de la singularidad humana ni a la ilusión de que la conexión digital sustituya al encuentro real. La comunicación, en sentido pleno, no puede reducirse a un intercambio utilitarista, sino que debe servir para construir comunidad, acercar a las personas y custodiar la verdad.
Dirigiéndose directamente a quienes trabajan en el mundo informativo, León XIV invitó a resistir el impulso de lo trivial y de lo espectacular, y a ofrecer contenidos que estén a la altura de un mundo que tiene “sed de belleza y de verdad”. Informar no es distraer, recordó, sino una tarea cívica que exige integridad y que tiene consecuencias sobre la vida social, cultural y espiritual de los pueblos.
El mensaje concluyó con un llamado a sostener una televisión de calidad y una comunicación que no renuncie al sentido de responsabilidad. La tarea del periodista —dejó claro el Papa— no consiste sólo en narrar el mundo, sino en contribuir a su reconstrucción moral y cultural.
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