El Vaticano alza la voz en la ONU: Denuncia que los cristianos son hoy la comunidad religiosa más perseguida del mundo

9 de marzo del 2026

La Santa Sede advierte en Ginebra sobre el aumento de la persecución religiosa y pide a los Estados que protejan la libertad de fe


En un escenario internacional marcado por conflictos, tensiones culturales y crecientes desafíos a la libertad religiosa, la Santa Sede ha lanzado una advertencia clara ante la comunidad internacional: millones de cristianos continúan siendo perseguidos en distintos lugares del mundo. Durante una conferencia celebrada en Ginebra, el arzobispo Mons. Ettore Balestrero, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas desde 2023, denunció que los cristianos constituyen actualmente la comunidad religiosa que más sufre persecución a escala global.


La intervención del diplomático vaticano, titulada “Al lado de los cristianos perseguidos: defender la fe y los valores cristianos”, puso de relieve una realidad que con frecuencia permanece invisibilizada en el debate internacional: la violencia sistemática que padecen millones de creyentes por causa de su fe. Según los datos presentados por el prelado, la magnitud del problema es alarmante y exige una respuesta decidida de los Estados y de las instituciones internacionales.


“Hoy casi 400 millones de cristianos sufren persecución o violencia por su fe, una realidad que interpela a la conciencia del mundo.”

Una persecución que afecta a millones de creyentes

Durante su intervención, Mons. Balestrero ofreció cifras que reflejan la gravedad de la situación. Solo en el año 2025, cerca de 5.000 cristianos fueron asesinados por causa de su fe, lo que equivale aproximadamente a trece personas cada día. Pero las víctimas mortales representan solo una parte de una realidad mucho más amplia.


Según los datos presentados por el representante vaticano, casi 400 millones de cristianos —uno de cada siete en el mundo— viven en contextos donde sufren persecución, discriminación o violencia religiosa. Esta situación afecta a comunidades cristianas en numerosos países y continentes, desde regiones donde el cristianismo es minoritario hasta sociedades que históricamente han tenido raíces cristianas. Para la Santa Sede, estas cifras ponen de manifiesto que la persecución religiosa sigue siendo uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.



Mártires del siglo XXI

Mons. Balestrero señaló que muchos de los cristianos que sufren persecución pueden ser considerados auténticos mártires en el sentido más profundo del término. La palabra “mártir”, recordó el prelado, proviene del griego martys, que significa testigo. En este sentido, los cristianos perseguidos dan testimonio de su fe incluso cuando ello implica enfrentarse a la violencia, la discriminación o la muerte.


Su fidelidad al Evangelio —explicó el diplomático vaticano— encarna valores que a menudo desafían la lógica del poder o las ideologías dominantes.

Para la Iglesia, estos testimonios representan un signo de esperanza y de fidelidad en medio de las dificultades.



Una cuestión de derechos humanos

El arzobispo Balestrero insistió en que la persecución contra los cristianos no es solo un problema religioso. Se trata también de una grave violación de los derechos humanos fundamentales, especialmente del derecho a la libertad de religión o de creencias. Desde el punto de vista del derecho internacional, los Estados tienen la responsabilidad de garantizar que todas las personas puedan practicar su fe sin temor a represalias.


Esto implica no solo evitar la persecución directa, sino también proteger activamente a las comunidades religiosas frente a ataques o actos de violencia.

Según el representante de la Santa Sede, esta protección debe garantizarse antes, durante y después de cualquier agresión. La defensa de la libertad religiosa —subrayó— constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad verdaderamente democrática.



El grave problema de la impunidad

Uno de los aspectos más preocupantes señalados por el diplomático vaticano es la impunidad que rodea a muchos de los ataques contra cristianos.

En numerosos casos, los responsables de agresiones, asesinatos o actos de violencia religiosa no son identificados ni llevados ante la justicia. Esta falta de rendición de cuentas contribuye a perpetuar la violencia y genera un clima de inseguridad para las comunidades cristianas.


Para la Santa Sede, combatir la impunidad es una condición indispensable para garantizar la protección efectiva de la libertad religiosa. Los Estados —insistió Mons. Balestrero— tienen el deber de investigar los crímenes de odio y asegurar que los responsables respondan ante la justicia.



La persecución también existe en Europa

Aunque con frecuencia se asocia la persecución religiosa a regiones en conflicto o a países donde los cristianos son minoría, el arzobispo recordó que este fenómeno también se manifiesta en Europa. Según un informe reciente de la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la OSCE, solo en 2024 se registraron más de 760 crímenes de odio contra cristianos en el continente europeo.


Estos incidentes incluyen actos de vandalismo contra iglesias, agresiones físicas, amenazas y otras formas de violencia motivadas por motivos religiosos.

Para la Santa Sede, estos datos demuestran que la intolerancia religiosa sigue siendo una realidad presente incluso en sociedades que se consideran abiertas y democráticas.



La “persecución silenciosa”

Además de la violencia física, el representante vaticano alertó sobre formas más sutiles de persecución que afectan a los cristianos.

En algunos contextos, explicó, la discriminación adopta la forma de una “persecución cortés”, caracterizada por la marginación progresiva de los creyentes en la vida pública.


Este fenómeno puede manifestarse mediante la exclusión de las convicciones religiosas del debate social, la presión cultural para relegar la fe al ámbito privado o la discriminación en ámbitos profesionales y políticos. En otros casos, las restricciones se producen a través de normas legales o prácticas administrativas que limitan de hecho el ejercicio de derechos religiosos.


Estas medidas, aunque menos visibles que la violencia directa, pueden tener consecuencias profundas para la vida de las comunidades cristianas.



Un llamado a la conciencia internacional

La intervención de Mons. Balestrero en Ginebra constituye un llamado a la comunidad internacional para que no ignore el sufrimiento de millones de cristianos. La Santa Sede insiste en que la defensa de la libertad religiosa es un requisito esencial para la paz y la convivencia entre los pueblos. Cuando se protege este derecho, se fortalece también la dignidad humana y el respeto mutuo entre culturas y religiones.


Por el contrario, cuando se permite la persecución o la discriminación religiosa, se abren las puertas a la violencia y a la división social. La Iglesia recuerda que el testimonio de los cristianos perseguidos continúa siendo una llamada a la esperanza y a la fidelidad. En medio de las dificultades, su fe sigue proclamando que la verdad del Evangelio no puede ser silenciada.


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