La Iglesia condena la homosexualidad como una depravación grave
27 de abril del 2026
El lobby gay está empeñado en cambiar la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad. Pero es imposible.
“El ‘mundo’ se convierte en el ámbito y el medio de la vocación cristiana de los fieles laicos.”
La Sagrada Escritura, que debe ser leída dentro de la Tradición de la Iglesia, enseña que la práctica de la homosexualidad es un grave desorden que aparta de la comunión con Dios y con el pueblo santo. Todos conocemos el caso de Sodoma y Gomorra.
El Antiguo Testamento, además, lo califica como abominación. San Pablo, en el Nuevo Testamento, repite la condena de la homosexualidad: «No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios»
La Iglesia Católica, reflexionando a la luz de la Palabra de Dios y de la recta razón bajo la guía del Espíritu Santo, siempre ha enseñado que el acto homosexual es un pecado objetivamente grave. En las Sagradas Escrituras están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios".
La Iglesia, sin embargo, distingue entre la maldad objetiva de la actividad homosexual y la responsabilidad subjetiva de quien la realiza. Se nos enseña que: "Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso".
La Iglesia también distingue entre la inclinación homosexual (u homosexualidad) y la actividad homosexual (u homosexualismo), enseñando que la primera no es pecado en sí misma, aunque inclina a actos que sí lo son.
A veces la ignorancia, el abuso de otras personas, las influencias ambientales muy fuertes, etc., pueden conducir a algunas personas a realizar actos no totalmente libres. Sin embargo, tales actos son gravemente malos en sí mismos, pues ofenden a Dios y van en contra del bien auténtico de la persona humana.
Coherente con esta actitud de condenación de la actividad homosexual, pero de amor y comprensión hacia las personas homosexuales, la enseñanza de la Iglesia también condena todo tipo de violencia o agresión hacia estas personas: "Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de la Iglesia
Vamos con un punto concreto donde el Catecismo católico en vigor habla de la homosexualidad:
2357: La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” . Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. la Iglesia condena en términos inequívocos los actos homosexuales.
Autor: Juan Andrés Segura
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