León XIV despide Madrid agradeciendo a los voluntarios y abre en Barcelona una nueva etapa centrada en la unidad, los jóvenes y la esperanza
10 de junio del 2026
RESUMEN JORNADA DÍA 9 DEL PAPA LEÓN XIV
El Papa cerró su estancia en Madrid con un encuentro multitudinario en IFEMA, viajó después a Barcelona y rezó la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia antes de presidir por la noche una vigilia de oración con jóvenes en el Estadio Olímpico Lluís Companys.
La jornada dejó momentos especialmente significativos: el agradecimiento a los más de 17.000 voluntarios de Madrid, el regalo de un cáliz como signo de comunión, la imagen de la Virgen de Montserrat colocada frente al asiento del Papa durante el vuelo, la bendición del sagrario de la capilla del aeropuerto de El Prat, la oración ante la tumba de Santa Eulalia, la bendición de unas 30 ambulancias, el recibimiento con castellers y el diálogo con jóvenes sobre vocación, salud mental, sufrimiento, violencia y perdón.
El Papa León XIV vivió este martes una jornada de transición dentro de su viaje apostólico a España: cerró la etapa madrileña, marcada por los grandes encuentros institucionales, sociales y eclesiales de los días anteriores, y abrió la etapa barcelonesa con una agenda centrada en la comunión, la unidad y el acompañamiento a los jóvenes. El día comenzó en la Nunciatura Apostólica de Madrid, donde el Pontífice celebró la Santa Misa en privado. Después se despidió del personal y de los benefactores de la Nunciatura, antes de trasladarse a IFEMA Madrid para encontrarse con los voluntarios que habían colaborado en la organización de los actos celebrados durante su estancia en la capital.
IFEMA, último acto en Madrid: gracias a “la levadura de la gratuidad”
El encuentro con los voluntarios se celebró en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid. A su llegada, León XIV realizó una vuelta en carrito de golf entre los fieles, acompañado por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid. Fue un acto de agradecimiento, cercano y festivo, concebido como despedida de la primera etapa de su viaje. Tras el himno de bienvenida, se proyectó un vídeo titulado “El ejército silencioso”, en referencia al trabajo discreto de quienes habían hecho posible la organización de los actos. También intervinieron dos voluntarios, Mercedes Rodríguez Loeb y Nuño Adam Castrillo, y tuvo lugar una actuación de rap antes del discurso del Papa.
León XIV quiso comenzar con una palabra sencilla y directa: “gracias”. Recordó que aquel era su último encuentro en Madrid y subrayó que los voluntarios merecían un agradecimiento especial por haber ofrecido su presencia, su servicio y su tiempo “por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa”. El Pontífice destacó la respuesta entusiasta a la convocatoria de voluntariado, que superó rápidamente las cifras solicitadas y permitió cubrir ampliamente las necesidades organizativas. Valoró que muchos hubieran tomado días libres en sus trabajos, que otros se hubieran implicado durante meses y que todos hubieran entregado corazón, manos, ideas, talentos y sonrisas.
El núcleo de su mensaje fue la gratuidad. León XIV afirmó que los cristianos están llamados a llevar al mundo “la levadura de la gratuidad”. Explicó que, en una sociedad condicionada por la lógica del interés y del lucro, el servicio gratuito hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una ciudad. El Papa insistió en que esa entrega no siempre aparece en las estadísticas, pero transforma realmente la sociedad. Por eso afirmó que, gracias también a los voluntarios, Madrid había crecido y estaba más cerca del Reino de Dios. Les pidió seguir por ese camino con humildad, mansedumbre, firmeza en la fe y generosidad en el servicio. Al finalizar el acto, el cardenal José Cobo dirigió unas palabras de agradecimiento. Después se produjo el intercambio de obsequios, la bendición y el canto final. Como gesto especial, León XIV dejó un cáliz como don para la Iglesia de Madrid, signo de comunión y memoria de lo que la Iglesia celebra en el memorial de Cristo.
De Madrid a Barcelona: la Virgen de Montserrat en el vuelo
Terminado el encuentro en IFEMA, el Papa se trasladó al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Desde allí partió a las 11:52 horas a bordo de un Airbus A320 de Iberia con destino a Barcelona. La llegada al aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat se produjo a las 12:45 horas. Durante el vuelo hubo una imagen especialmente simbólica: según ACI Prensa, una imagen de la Virgen de Montserrat estuvo colocada frente al asiento del Santo Padre. También antes del despegue, el comandante Pablo Martínez Núñez invitó al Papa a visitar la cabina de mando, desde donde pudo observar el caza del Ejército del Aire español que escoltó durante parte del trayecto al avión de la delegación vaticana. Con este vuelo se cerraba oficialmente la etapa madrileña del viaje y comenzaba la visita a Cataluña.
Primera parada en Barcelona: acogida institucional y bendición en El Prat
A su llegada a Barcelona, León XIV fue recibido por representantes de la Generalitat de Catalunya. Tras un breve encuentro privado en la sala VIP del aeropuerto, el Papa bendijo el sagrario situado en la capilla del aeropuerto. Después se trasladó en automóvil a la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, donde tuvo lugar el primer acto litúrgico de la etapa barcelonesa: el rezo de la Hora Media.
La Catedral de Barcelona: oración, unidad y Santa Eulalia
En la Catedral, León XIV fue recibido por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, y por el decano, que le entregó la cruz y el agua bendita para la aspersión. El Papa entró primero en una capilla para permanecer unos momentos en oración ante el Santísimo Sacramento. Después recorrió la nave central mientras el coro entonaba un canto. Tras la bienvenida del cardenal Omella y la oración de la Hora Media, León XIV pronunció una homilía en español y catalán. Su mensaje se centró en dos imágenes: la Iglesia como Esposa amada por Dios y como Cuerpo de Cristo, formado por miembros diversos pero unidos por el mismo Espíritu.
El Papa invitó a la Iglesia de Barcelona a caminar unida, con corazón humilde y agradecido, dejando que Dios la ame para poder construir obras de amor. Recordó la tradición acogedora de Barcelona y Cataluña, evocando las palabras de san Juan Pablo II sobre una ciudad llamada a ser espacio abierto de fraternidad cristiana. León XIV insistió en que la unidad no es una cuestión estética ni organizativa, sino una necesidad vital de la Iglesia. En una sociedad marcada por divisiones, guerras, fragmentación e individualismo, pidió a los cristianos ser testigos y profetas de unidad, acogida, concordia y paz.
Al concluir la celebración, el Papa descendió a la cripta para rezar ante la tumba de Santa Eulalia, copatrona de la Catedral, de la Archidiócesis y de la ciudad de Barcelona. Después se fotografió con un grupo de seminaristas, visitó el claustro y la fuente de la Catedral, saludó al Cabildo y a algunas autoridades civiles, y se dirigió a la Casa Arzobispal. Allí almorzó y mantuvo encuentros privados con el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, y con miembros de la Orden de San Agustín.
Vigilia en el Estadio Olímpico: jóvenes, heridas y esperanza
Por la tarde, León XIV salió de la Casa Arzobispal a las 19:15 horas y se trasladó al Estadio Olímpico Lluís Companys para presidir una vigilia de oración con jóvenes. A su llegada, antes de recorrer el estadio en papamóvil, bendijo unas 30 ambulancias. El Papa fue recibido con una de las expresiones más características de la cultura catalana: los castellers, las tradicionales torres humanas. Después tuvieron lugar las palabras de bienvenida del cardenal Omella, la entronización de la Cruz, la oración colecta y un vídeo introductorio titulado “Las cruces en el mundo”.
Uno de los momentos centrales fue el diálogo del Papa con tres jóvenes. Sus preguntas abordaron cuestiones especialmente sensibles: cómo descubrir la propia vocación en una sociedad centrada en producir, triunfar y cuidar la imagen; dónde encontrar a Dios en la oscuridad de la depresión y el sufrimiento; y cómo perdonar tras una historia marcada por la violencia familiar. León XIV respondió con un tono cercano y profundamente pastoral. Al primer joven le habló de la “sana inquietud” como don de Dios y de la necesidad de no dejarse anestesiar por el rendimiento, el beneficio o el culto a la propia imagen. Invitó a cultivar espacios de silencio, leer el Evangelio, hablar con Dios y dejarse acompañar en el camino de la fe.
A una joven que relató su lucha contra la depresión y un intento de suicidio, el Papa le agradeció su valentía y afirmó que la salud mental debe ser una prioridad en sociedades que se consideran avanzadas, pero que muchas veces someten a las personas a presiones y expectativas que dañan equilibrios fundamentales. También rechazó cualquier espiritualización superficial del dolor: Dios no quiere el sufrimiento, sino que lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él.
Ante el testimonio de una joven marcada por la violencia familiar, León XIV abordó con claridad la violencia contra las mujeres y los feminicidios, señalando que se trata de una realidad dramática que tiene raíces antropológicas y culturales y que debe ser afrontada por todos, personalmente y como sociedad. Sobre el perdón, explicó que no siempre equivale a volver a la situación anterior ni a retomar una relación plena con quien ha herido, especialmente cuando ha habido violencia. Lo presentó como un proceso largo, paciente y acompañado, capaz de transformar el resentimiento en misericordia y compasión.
Tras el diálogo y la lectura del Evangelio, el Papa pronunció la homilía. Partiendo de la figura de Nicodemo, habló de las noches de la vida, de la fe, de la Iglesia y de la sociedad. Invitó a no juzgar esas noches como fracaso definitivo, sino a vivirlas como espacios donde puede nacer una vida nueva. León XIV pidió seguir buscando, cuestionándose y dialogando con Dios y entre todos, también en medio de la oscuridad. Su llamada final fue a caminar juntos en una fe capaz de armonizar la diversidad de ideas y sensibilidades, para construir un país acogedor para todos, donde cada persona sea respetada en su dignidad y amada por lo que es.
Con la vigilia del Estadio Olímpico, el Papa cerró su primer día en Barcelona. Fue una jornada marcada por el agradecimiento a Madrid, la entrada en la realidad catalana, la oración ante Santa Eulalia y un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes: no perder la capacidad de buscar, de sanar, de perdonar y de pasar, con la ayuda de Dios, de la noche a la luz.
Discursos del Papa León XIV
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