León XIV lleva al Congreso, a los obispos y al Bernabéu un mensaje de dignidad humana, comunión y esperanza para España
10 de junio del 2026
RESUMEN JORNADA DÍA 8 DEL PAPA LEÓN XIV
El Papa vivió en Madrid una intensa jornada institucional y pastoral, con encuentros con el presidente del Gobierno, las Cortes Generales, los obispos españoles, víctimas de abusos, la Virgen de la Almudena y la comunidad diocesana reunida en el Santiago Bernabéu.
El día dejó momentos especialmente significativos: su discurso ante el Parlamento en defensa de la vida, la familia, la paz y el bien común; la llamada a los obispos a afrontar la evangelización en una sociedad secularizada; el encuentro privado con seis víctimas de abusos; la entrega de la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena; y el mensaje en el Bernabéu, donde afirmó que “la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”.
El Papa León XIV afrontó este lunes una de las jornadas más densas de su viaje apostólico a España. El día combinó una fuerte dimensión institucional, con su presencia en el Congreso de los Diputados, una profunda dimensión eclesial, con el encuentro con los obispos españoles, y una dimensión pastoral y popular, con la oración ante la Virgen de la Almudena y el multitudinario encuentro con la comunidad diocesana de Madrid en el estadio Santiago Bernabéu.
La jornada comenzó en la Nunciatura Apostólica, donde el Pontífice celebró la Santa Misa en privado. A continuación, mantuvo un encuentro privado con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Fue el primer acto oficial del día y abrió una mañana marcada por el diálogo con las instituciones del Estado.
Un discurso ante el Parlamento centrado en la dignidad humana
Después de la reunión con el presidente del Gobierno, León XIV se trasladó al Palacio de las Cortes para encontrarse con los miembros del Parlamento español. A su llegada fue recibido por la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol; el presidente del Senado, Pedro Rollán; y otras autoridades del Estado.
Tras la interpretación de los himnos de España y de la Ciudad del Vaticano, el Papa fue acompañado al Salón de Pasos Perdidos. Allí se realizó la fotografía oficial, firmó en el Libro de Honor y recibió una reproducción del Libro de las Horas. Posteriormente, en el Salón de Plenos, pronunció uno de los discursos principales de su visita a España. León XIV habló ante diputados y senadores desde una perspectiva institucional, moral y humanista. Subrayó que la Iglesia se dirige a la vida pública respetando la autonomía de las instituciones y la responsabilidad propia de quienes legislan, pero recordando que toda decisión política debe estar al servicio de la persona humana.
El Papa situó la dignidad humana como fundamento de todo ordenamiento jurídico y como criterio esencial para valorar la justicia de una sociedad. En ese contexto, defendió la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, la protección de los más vulnerables, la familia como primera escuela de humanidad, el derecho de los padres en la educación de sus hijos y la necesidad de una cultura política capaz de superar la descalificación permanente.
También abordó la migración, pidiendo vías seguras y legales, acogida respetuosa e integración real, sin olvidar el derecho de toda persona a permanecer en su propia tierra cuando existan condiciones dignas de vida. El Papa dedicó además una parte relevante de su discurso a la paz, al derecho internacional, al peligro del rearme y a la necesidad de una vigilancia ética sobre las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, especialmente cuando afectan a decisiones sobre la vida y la muerte. En su intervención, León XIV evocó la tradición jurídica y espiritual española, con referencias a Cervantes, santa Teresa de Jesús, Unamuno y la Escuela de Salamanca, presentando esa herencia como una llamada a poner el derecho, la política y la vida pública al servicio del bien común.
Llamada a los obispos: comunión, evangelización y nuevos lenguajes
Finalizado el acto en el Congreso, el Papa se trasladó a la sede de la Conferencia Episcopal Española, donde mantuvo un encuentro con los obispos de España. Fue recibido por el presidente de la CEE, monseñor Luis Argüello; por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid; y por el secretario general de la Conferencia, monseñor Francisco César García Magán. En la Sala de la Asamblea Plenaria, León XIV dirigió un discurso a los obispos centrado en la comunión eclesial, la sinodalidad y la misión evangelizadora en una sociedad secularizada. Les invitó a mirar el camino de la Iglesia como una peregrinación hacia Dios, en la que es necesario conservar el tesoro de la fe, pero también desprenderse de todo aquello que pueda impedir anunciar el Evangelio con libertad, valentía y fidelidad.
El Papa pidió que el rico patrimonio cristiano de España no sea un peso muerto ni una nostalgia del pasado, sino un instrumento vivo de diálogo con la sociedad actual. Habló de la necesidad de escuchar, comprender, aprender nuevos lenguajes y tejer vínculos con quienes viven alejados de la fe o buscan sentido sin saber todavía darle nombre. León XIV insistió especialmente en la unidad de los obispos y de toda la Iglesia. En un contexto de polarizaciones y contraposiciones, afirmó que el ministerio episcopal debe custodiar la comunión, favorecer el diálogo, sanar fracturas y acompañar al pueblo de Dios. También recordó que una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a otras confesiones cristianas, a otras religiones, a quienes no creen y a las autoridades civiles.
Tras el discurso, el Papa firmó el Libro de Honor, intercambió obsequios, impartió la bendición y saludó personalmente a los obispos. También inauguró una placa conmemorativa de la visita y se fotografió con el personal laico de la Conferencia Episcopal. Después regresó a la Nunciatura Apostólica para almorzar con los obispos. Durante ese almuerzo se produjo una de las anécdotas más distendidas del día. Según recogió ACI Prensa, León XIV bromeó antes de bendecir la mesa diciendo que había preguntado a la inteligencia artificial qué debía decir el Papa a los obispos españoles, y que la respuesta inicial seguía atribuyendo el pontificado al Papa Francisco. La broma provocó risas y sirvió al Pontífice para recordar, de forma sencilla, que la Iglesia no puede guiarse por algoritmos impersonales, sino por el amor, la escucha y el servicio a la Palabra.
Encuentro privado con víctimas de abusos
Por la tarde, en la Nunciatura Apostólica, León XIV mantuvo un encuentro privado con seis víctimas de abusos cometidos por miembros del clero y de la Iglesia en España. Las víctimas estuvieron acompañadas por personal eclesiástico dedicado al acompañamiento y apoyo en estos casos. La conversación duró casi una hora. Cada una de las personas presentes compartió con el Papa su experiencia dolorosa y le presentó propuestas para que la respuesta de la Iglesia sea más eficaz ante situaciones tan graves. León XIV las escuchó con afecto y atención, les aseguró su cercanía y la de toda la comunidad eclesial, y expresó su compromiso de que las propuestas recibidas sirvan de base para nuevos esfuerzos. El encuentro tuvo un especial peso pastoral dentro de la jornada.
No fue un acto público, pero sí un gesto relevante de escucha, reparación y compromiso con una Iglesia que debe ser un lugar seguro, sano espiritualmente y capaz de ofrecer consuelo y sanación a las heridas provocadas. Después de este encuentro, el Papa mantuvo también breves saludos en la Nunciatura con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo; y con la reina emérita Sofía, junto a otros miembros de la familia real.
La Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena
A continuación, León XIV se dirigió a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena para presidir la oración y homenaje a la patrona de Madrid. A su llegada fue recibido por el cardenal José Cobo y por dos niños que le ofrecieron un ramo de flores. A la entrada de la Catedral, recibió la cruz y el agua bendita para la aspersión, y después atravesó la nave central hasta ocupar su lugar en el altar. La ceremonia incluyó un canto, las palabras de bienvenida del arzobispo de Madrid, una oración, la lectura del Evangelio y el discurso del Papa. León XIV explicó que la devoción a la Virgen de la Almudena expresa las raíces cristianas de Madrid y la esperanza que sigue animando a la ciudad.
El Pontífice recordó la tradición según la cual la imagen de la Virgen fue escondida en la muralla de la ciudad para protegerla en tiempos difíciles y fue encontrada intacta tras el derrumbe de parte del muro. A partir de esa imagen, invitó a derribar las murallas que hoy no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan. El momento central fue la ofrenda de la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena, signo del amor filial del Papa a María y una de las distinciones pontificias más significativas. Con este gesto, la patrona de Madrid quedó unida a otras advocaciones marianas españolas que han recibido esta especial muestra de reconocimiento pontificio. La ceremonia concluyó con el Himno a la Virgen de la Almudena, la oración en asamblea, el Padrenuestro, la bendición y un canto final. También estuvo presente la reina emérita Sofía.
El Bernabéu, convertido en una gran celebración diocesana
El último gran acto del día tuvo lugar en el estadio Santiago Bernabéu, donde León XIV participó en el encuentro con la comunidad diocesana de Madrid. A su llegada, el Papa realizó un recorrido en carrito de golf entre los fieles, en un ambiente de entusiasmo y celebración. El cardenal José Cobo le entregó una parpusa blanca, el tradicional sombrero madrileño, como gesto de bienvenida. El acto incluyó cantos, palabras del arzobispo de Madrid, un vídeo sobre la realidad de la diócesis, varios testimonios, el himno oficial del Convivium y una breve narración antes del discurso del Pontífice.
León XIV comenzó su intervención con una referencia directa al escenario: dijo que, para un futbolista, marcar un gol en el Bernabéu puede cambiarle la vida, pero que ese día “la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”. La frase fue recibida con entusiasmo por los presentes y se convirtió en una de las imágenes más recordadas de la jornada. El Papa presentó a la Iglesia de Madrid como una comunidad llamada a vivir la unidad en la diversidad, como una auténtica polifonía. Invitó a los fieles a no encerrarse en grupos seguros ni repetir siempre la misma melodía, sino a abrirse al corazón de la ciudad, donde se gestan nuevos relatos, nuevas heridas y nuevas búsquedas de sentido.
También pidió que la alegría cristiana no sea una emoción pasajera, sino un modo estable de vivir y de evangelizar. En una ciudad marcada por la pluralidad, la movilidad, la llegada de migrantes y las grandes decisiones sociales, León XIV animó a la comunidad diocesana a ser presencia viva del Evangelio, capaz de escuchar, discernir y acompañar. El acto concluyó con el rezo del Padrenuestro, la presentación de las primeras piedras, la bendición del Papa y un canto final. Según ACI Prensa, el encuentro reunió a cerca de 80.000 personas. Como nota singular de la jornada, el Vaticano confirmó también que León XIV se reunió ese mismo lunes con el artista puertorriqueño Bad Bunny y su familia en el estadio Santiago Bernabéu, en un breve encuentro privado del que no se difundieron imágenes oficiales.
Tras el acto, el Papa regresó a la Nunciatura Apostólica, cerrando así su tercer día en España: una jornada marcada por la defensa de la dignidad humana ante las instituciones, la llamada a la comunión dentro de la Iglesia, la escucha de las víctimas, la devoción mariana y el impulso evangelizador de una diócesis reunida en uno de los lugares más emblemáticos de Madrid.
Discursos del Papa León XIV
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