León XIV inicia en Madrid su viaje a España con una llamada a la reconciliación, la caridad y el protagonismo de los jóvenes

10 de junio del 2026

RESUMEN JORNADA DÍA 12 DEL PAPA LEÓN XIV


El Papa llegó a Tenerife procedente de Gran Canaria y dedicó la mañana a escuchar a personas migrantes en el centro Las Raíces y a conocer el trabajo de las organizaciones que favorecen su integración en la sociedad canaria.

La jornada dejó momentos especialmente significativos: el discurso pronunciado en francés para acercarse a los migrantes, la visita a una de las tiendas del centro, el llamamiento a evitar un “segundo naufragio” después de la llegada, la dura advertencia a las redes de trata, el saludo improvisado desde el balcón del Obispado y la presencia de tres cayucos junto al altar de su última Misa en España.


El Papa León XIV inició este viernes en Tenerife la última jornada de su viaje apostólico a España, después de haber recorrido Madrid, Barcelona y Gran Canaria. La etapa tinerfeña mantuvo el fuerte contenido social de su visita a Canarias y volvió a situar en el centro la dignidad de las personas migrantes, la responsabilidad de las sociedades de acogida y la necesidad de transformar la asistencia inicial en una verdadera integración. El Pontífice se despidió por la mañana de la Casa Episcopal de Las Palmas de Gran Canaria y se trasladó a la base aérea de Gando. El avión papal despegó a las 8:56 horas y aterrizó aproximadamente a las 9:15 en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos. Tras ser recibido por las autoridades locales y mantener un breve encuentro en la sala VIP, León XIV se desplazó hasta el centro de acogida temporal Las Raíces, ubicado en San Cristóbal de La Laguna.


Las Raíces: “El amor de Dios no conoce fronteras”

En el centro Las Raíces, el Papa fue recibido por su director y escuchó las intervenciones del obispo de San Cristóbal de La Laguna, monseñor Eloy Alberto Santiago; de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz; y de dos personas migrantes que relataron las dificultades vividas antes y durante su llegada a Canarias. Entre los testimonios destacó el de Taiwo Oluwatobi, que habló de la tristeza, la soledad, el hambre y el miedo sufridos durante el viaje. También intervino Bousso Diouf, quien recordó que nadie abandona su tierra, sus raíces y su familia cuando puede vivir en paz y con dignidad.


Ante el Papa, los migrantes pidieron no ser tratados únicamente como cifras, expedientes o documentos. “No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad”, expresaron durante el encuentro. León XIV pronunció su discurso principalmente en francés, lengua comprendida por buena parte de las personas acogidas, aunque comenzó con algunas palabras en español e inglés. El gesto permitió al Pontífice dirigirse de manera directa a quienes lo escuchaban y se convirtió en uno de los detalles más cercanos de la jornada. Coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa recordó que el amor misericordioso de Dios no conoce fronteras, no establece distinciones y alcanza a todos los seres humanos. Reconoció que los corazones de los migrantes estaban heridos por muchas dificultades, pero también podían ser consolados por otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos.


León XIV evocó al santo Hermano Pedro de San José de Betancur y a san José de Anchieta, dos grandes figuras misioneras vinculadas a Canarias que también tuvieron que partir hacia tierras desconocidas llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad.

El Pontífice invitó a los migrantes a compartir con la sociedad que los recibe su patrimonio humano, sus sueños y su cultura, pero también a permanecer abiertos a lo que puedan recibir en su nuevo hogar. “Todos, de algún modo, somos migrantes”, recordó, porque toda persona es peregrina en camino. El nombre del centro sirvió al Papa para recordar una enseñanza de Francisco: conservar las raíces no significa quedarse inmóvil, sino no olvidar los propios orígenes, permanecer unidos y confiar en Dios. Antes de marcharse, León XIV visitó una de las tiendas de acogida y saludó personalmente a varios migrantes.


La Laguna: de la acogida a una integración real

El segundo gran encuentro se celebró en la Plaza del Cristo de La Laguna, donde se reunieron migrantes, voluntarios, sacerdotes, responsables de Cáritas y representantes de entidades civiles y eclesiales dedicadas a la acogida y la integración. León XIV partió de una característica histórica de La Laguna, conocida como una ciudad sin murallas, para señalar que las barreras más difíciles de derribar no siempre están construidas con piedra. Muchas veces, afirmó, se encuentran en la mirada, el miedo, los prejuicios o la indiferencia. El Papa explicó que la respuesta al fenómeno migratorio no puede terminar con una ayuda de emergencia. Resumió esta idea con una de las frases centrales de la jornada: “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro”.


Integrar, aclaró, no consiste en borrar la historia, la memoria o la identidad de quien llega. Tampoco supone crear sociedades paralelas cuyos miembros viven juntos sin encontrarse realmente. Se trata de un proceso recíproco: quien llega debe aprender a habitar una tierra nueva y quien recibe debe ensanchar su casa sin renunciar a su propia identidad. León XIV recordó que las sociedades de acogida tienen el deber de proteger, acompañar y ofrecer oportunidades reales. Al mismo tiempo, pidió a las personas migrantes aprender la lengua, respetar las leyes, conocer las costumbres y participar activamente en la vida común. El Papa advirtió también de la existencia de un “naufragio silencioso” que puede producirse después de haber sobrevivido al mar: quedar aislado, sin trabajo, sin vínculos, sin idioma y expuesto a nuevas formas de abuso. “Integrar es impedir ese segundo naufragio”, afirmó.


“Deténganse. Conviértanse”

Uno de los momentos más contundentes de su intervención estuvo dirigido a quienes convierten la migración y la desesperación en un negocio. León XIV denunció a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, retienen documentos, explotan a trabajadores o amenazan a mujeres vulnerables. “Deténganse. Conviértanse”, les exigió, recordando que el dinero obtenido mediante la explotación de los pobres no puede dar paz, honor ni futuro. También les pidió liberar a las personas retenidas, romper las cadenas de la explotación y reparar el daño causado. El Papa recordó a quienes murieron en el mar y afirmó que cada vida perdida en las rutas migratorias constituye un fracaso para toda la familia humana. La última palabra, añadió, no puede corresponder al miedo, la violencia o la indiferencia, sino a Cristo, que se identifica con el extranjero y con todo ser humano herido.


Durante el encuentro se produjo además una de las anécdotas más espontáneas del día. Un joven senegalés, que había conseguido regularizar su situación y practicaba taekwondo, entregó al Papa una camiseta de su equipo y lo animó a realizar el popular gesto conocido como “6-7”. León XIV aceptó la invitación, provocando los aplausos y las sonrisas de los presentes. Después, desde el balcón de la Casa Episcopal, el Pontífice dirigió unas breves palabras improvisadas a quienes seguían congregados en la calle. Agradeció la solidaridad del pueblo canario y recordó que todas las personas desean ser reconocidas con la dignidad recibida de Dios.


Tres cayucos junto al altar de la última Misa en España

Tras unos minutos de descanso en el Obispado, el Papa se dirigió a Santa Cruz de Tenerife. Parte del recorrido se realizó en papamóvil, entre los saludos de miles de personas que esperaban en las calles. Durante el trayecto, el alcalde de Santa Cruz de Tenerife entregó al Pontífice una réplica de la cruz fundacional de la ciudad como recuerdo de su histórica visita.

El último gran acto público fue la Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. El altar fue instalado frente al océano Atlántico y estuvo acompañado por tres cayucos llegados desde África, convertidos en una presencia silenciosa del sufrimiento de quienes afrontan una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.


En la celebración estuvieron presentes la imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona de Canarias, y las reliquias del santo Hermano Pedro y de san José de Anchieta. El cáliz utilizado por el Papa quedó destinado a la diócesis como recuerdo de la visita. La jornada debía concluir con la ceremonia oficial de despedida en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos, presidida por el rey Felipe VI, y con la posterior salida del avión papal hacia Roma. Estos últimos actos estaban todavía pendientes de confirmación en el momento de cerrar esta edición.


Discursos del Papa León XIV

Discursos

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