Nace “El Lagar de María”: el proyecto inspirado en Medjugorje que une vino, monasterios y fe
26 de junio del 2026
Una iniciativa impulsada por un matrimonio español busca recuperar la tradición monástica del vino y acercar a los participantes a la vida contemplativa a través de experiencias únicas en monasterios de toda España.
“No son sólo catas. Son encuentros que invitan a detenerse y descubrir lugares donde el tiempo se vive de otra manera”.
En una sociedad marcada por las prisas, el ruido y la hiperconexión, un proyecto nacido de la fe está invitando a muchas personas a detenerse, saborear el silencio y redescubrir una tradición milenaria. Se trata de El Lagar de María, una iniciativa impulsada por la española Elena Añover y su marido, Miguel Ángel Romero, que combina catas de vinos monásticos, convivencia con comunidades religiosas y una profunda experiencia espiritual inspirada en la Virgen María. Lo que comenzó como una intuición tras una peregrinación a Medjugorje se ha convertido en una propuesta singular que está despertando interés entre creyentes, amantes del vino y personas que buscan experiencias alejadas del turismo convencional. El objetivo es sencillo y ambicioso al mismo tiempo: recuperar el vínculo histórico entre los monasterios y la cultura del vino, ayudando además a las comunidades contemplativas a dar a conocer su realidad y sostener su misión. “La Virgen nos marcó el camino”, explica Elena Añover al recordar el origen de una iniciativa que nació después de una peregrinación a Medjugorje.
Una inspiración nacida a los pies de María
El origen de El Lagar de María se encuentra en una peregrinación al santuario mariano de Medjugorje. Según relata Elena Añover, aquel viaje supuso un punto de inflexión. A su regreso, tanto ella como su marido sintieron que debían poner en marcha un proyecto que integrara dos grandes pasiones de su vida: la fe y la tradición vitivinícola que había heredado de sus abuelos. Fue entonces cuando decidieron dar forma a una iniciativa que, desde el primer momento, quisieron poner bajo la protección de la Virgen María. Durante meses investigaron, visitaron comunidades religiosas y buscaron la mejor manera de hacer realidad una propuesta diferente que respetara plenamente la vida contemplativa de los monasterios.
Recuperar una tradición olvidada
Para los responsables del proyecto, hablar de vino es también hablar de monasterios.
Durante siglos, las comunidades monásticas desempeñaron un papel decisivo en el desarrollo de la viticultura europea. Tras la caída del Imperio Romano, fueron los monjes quienes conservaron y perfeccionaron técnicas de cultivo, estudiaron los terrenos y contribuyeron a crear algunas de las tradiciones vinícolas más importantes del continente.
Órdenes como los benedictinos y los cistercienses impulsaron una auténtica revolución agrícola basada en el trabajo paciente, la observación y el respeto por la tierra. Muchas de las grandes regiones vinícolas actuales tienen su origen en aquellas comunidades religiosas que aplicaban diariamente el principio benedictino del Ora et Labora —reza y trabaja—.
Mucho más que una cata de vinos
Los promotores insisten en que el proyecto no pretende organizar simples actividades de enoturismo. Quienes participan en estas experiencias pueden alojarse en monasterios, compartir algunos momentos de la vida diaria de los monjes o monjas, asistir a los oficios litúrgicos y conocer de cerca una realidad que habitualmente permanece oculta para gran parte de la sociedad. La degustación de vinos constituye sólo una parte de la experiencia. El verdadero valor añadido radica en la posibilidad de descubrir espacios donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo y donde la oración sigue ocupando el centro de la jornada. “No son sólo catas. Son encuentros que invitan a detenerse y descubrir lugares donde el tiempo se vive de otra manera”.
Los monasterios quieren acoger peregrinos, no turistas
Uno de los descubrimientos más importantes para los impulsores del proyecto surgió durante sus visitas a numerosos monasterios españoles. Según explica Elena Añover, muchas comunidades religiosas no buscan simplemente generar ingresos económicos. Lo que verdaderamente desean es acoger personas interesadas en la oración, el silencio y la dimensión espiritual de la vida monástica. Existe un temor compartido a que los monasterios terminen convirtiéndose en meros destinos turísticos, perdiendo así su identidad y su misión principal. Precisamente por ello, El Lagar de María ha sido recibido con interés por diversas comunidades que ven en la iniciativa una oportunidad para dar a conocer su vocación y acercar nuevas personas a la vida contemplativa.
Monasterios de Navarra, La Rioja y Cantabria
Actualmente el proyecto colabora con distintas comunidades religiosas repartidas por España. Entre ellas figuran el histórico Monasterio de La Oliva, en Navarra, varias comunidades de La Rioja, incluyendo Valvanera, así como monasterios de Cantabria y otras regiones españolas. Los participantes pueden disfrutar de fines de semana completos que combinan alojamiento, encuentros con los religiosos, gastronomía conventual y degustaciones de vinos elaborados según tradiciones monásticas. La experiencia desarrollada en el Monasterio de La Oliva fue una de las primeras iniciativas impulsadas por el proyecto y sirvió para comprobar el interés que despierta este formato entre personas procedentes de perfiles muy distintos.
Una respuesta al deseo de espiritualidad
Los responsables del proyecto consideran que el éxito de estas experiencias refleja una búsqueda cada vez más extendida en la sociedad actual. Muchas personas desean encontrar espacios de silencio, autenticidad y trascendencia en medio de una vida marcada por la velocidad y la saturación de estímulos. Los monasterios ofrecen precisamente ese entorno de recogimiento que permite reencontrarse con uno mismo y, para muchos, también con Dios. En este contexto, el vino aparece no como un simple producto gastronómico, sino como parte de una tradición cultural y espiritual profundamente vinculada a la historia del cristianismo.
El vino y la fe, unidos durante siglos
Desde las bodas de Caná hasta la celebración de la Eucaristía, el vino ocupa un lugar singular dentro de la tradición cristiana. Durante siglos, monasterios y abadías conservaron ese patrimonio espiritual y cultural, convirtiéndose en custodios de técnicas agrícolas, conocimientos enológicos y formas de hospitalidad que aún hoy siguen sorprendiendo a quienes las descubren. El Lagar de María pretende precisamente recuperar esa herencia y mostrar que detrás de cada botella elaborada en un monasterio existe una historia de trabajo, oración y fidelidad transmitida generación tras generación. En tiempos de prisas y ruido permanente, este proyecto propone volver a las raíces: sentarse a una mesa, compartir una copa de vino monástico y descubrir que todavía existen lugares donde el silencio sigue hablando de Dios.
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