Por qué soy cristiano

17 de marzo de 2025
Por qué soy cristiano
He creído conveniente comenzar esta serie de artículos diciéndote quién soy, por dos sencillas razones. La primera es que se trata de una cuestión de educación y buenos modales. Llámame “old fashion”, conservador, retrógrado, o algo peor. Yo, en cambio, creo que no hay nada más moderno que dar las gracias y pedir permiso, quitarse el sombrero y abrir la puerta para dejar pasar. Porque solo cuando reconocemos a nuestro prójimo conseguimos escapar del aislamiento y el quietismo de nuestra “sagrada intimidad”, para abrirnos con asombro a la novedad de todo eso que queda fuera de nosotros, es decir, de aquello que nos trasciende. Lo contrario no es ser moderno, sino un borrego que solo se mira al ombligo, algo que está tan de moda hoy en día.

Por todo eso me resisto a perder las buenas costumbres, porque me orientan y me sostienen con firmeza sin impedirme avanzar, por mucho que este mundo me condene por ello en nombre del “santo progreso”. ¡Bendito martirio! Pienso que si vamos a recorrer este camino de sentido juntos lo mejor será que te ceda el paso para contarte quién es tu compañero de viaje, así evitaremos sorpresas y malentendidos. De paso, también te suelto ya alguna que otra lección, querido joven sin sentido.

Hasta aquí la primera. Sigamos avanzando. La segunda razón por la que quiero contarte quién soy es aún más bella que la anterior, porque es más profunda y fundamental. Si vamos a hablar de verdad sobre la Verdad, como ya habrás sospechado, de ninguna manera podemos hacerlo a escondidas, protegidos tras el escudo omnipotente en forma de pantalla que la tecnología tan “providencialmente” nos trajo, otra vez, en nombre del progreso, para alivio de tus colegas modernos. Ventajas de mirarse solo al ombligo.

Tu y yo, en cambio, nos miraremos a los ojos. Y es que en realidad y aunque te pese, no hay verdad que merezca la pena si no estamos dispuestos a morir por ella. De hecho, solo hay una cosa que esta nos exige: que demos la cara sin vacilar, poniendo una mejilla y después la otra, para abrazar la cruz que nos tenga reservada. Porque déjame recordarte que la verdad “no está hecha para los sabios, sino para los humildes”, es decir, para los valientes. Joven sin sentido, ¡nos toca ser un héroe!

Pues bien, para decirte quién soy, debo contarte en qué creo y por qué creo en lo que creo, pues eso es lo que soy. No quiero confundirte más de lo que estás. Mira, tu mente se conformará con eso en lo que creo, con la naturaleza de las cosas, digamos, pero tu corazón nunca quedará satisfecho con esa mera materialidad y querrá saber mis razones, es decir, aquello que te decía que nos trasciende, aquello que no logras entender pero que sabes, si lo prefieres.

Es justo por esto que nos trasciende por lo que no te basta con la ciencia para dar sentido a tu vida, por mucho que te empeñes en poner toda tu vida en sus manos (quiero decir, en sus fórmulas). Por esto también tu mejor amigo te conoce mejor que tu psicólogo, por muchos títulos que este último tenga. Por esto tu madre sabe que algo va mal con solo una mirada, porque te conoce con el corazón, es decir, ¡porque te ama! ¡He aquí el secreto! Yo aspiro a amarte, querido joven sin sentido, porque quiero conocerte de verdad. Por eso me presento y te abro mi corazón antes de abrirte mi mente.

«Soy cristiano porque Cristo es la única Verdad que pone a mi orgullo en ayunas; la única que llena ese vacío que el mundo solo puede dejar para más tarde; la única que me libera realmente al obligarme a responder quién soy, en lugar de responder por mí.»

¿Que quién soy?, soy un joven que cree; “¿en qué?”, me preguntarás; desde luego no en tu progreso, yo prefiero creer en la meta, en mi propósito, en mi último destino, es decir, en la Verdad; “¿qué verdad?”, insistes cada vez más confundido; en la Verdad con mayúsculas, la única que me libera infinitamente, porque su amor es infinito.

Pero no nos adelantemos, aún nos estamos conociendo y ya sabes que me gusta respetar los tiempos. Solo te daré un anticipo. Te prometo que todo irá tomando forma poco a poco. Ten fe. Como te decía, yo soy un joven que cree… en Él; es decir, soy un joven cristiano. Y mis razones te las presento a continuación, de corazón a corazón:

Soy cristiano porque creo en la Verdad como forma de vivir y encarar la vida; mi filosofía no es una escapatoria en forma de abstracción sino una Pasión que me liga con lo real, un Cuerpo que puedo ver con mis ojos, tomar con mi boca y sentir en la más profunda intimidad de mi ser.

Soy cristiano porque Cristo es la única Verdad que pone a mi orgullo en ayunas; la única que llena ese vacío que el mundo solo puede dejar para más tarde; la única que me libera realmente al obligarme a responder quién soy, en lugar de responder por mí.

Soy cristiano porque creo que soy lo que amo, y amando lo que me supera, me supero. También soy cristiano porque Dios me ama incondicionalmente, ¡pero me quiere santo!; porque de nada sirve que yo ame si no amo como un héroe; y porque, en realidad, no puedo amar si no vivo buscándolo hasta el fin de mis días.

Soy cristiano porque rezar es la mejor forma de recordar que no solo existo sino que soy, de enterrar a mi ego y de gritarle “¡AHORA NO!” a mis miedos, de servirme de la razón en lugar de ser su esclavo, y de hacer del sufrimiento la semilla de mi redención.

Soy cristiano porque quiero ser un hombre y no un fantasma; porque creo que el valiente no es el que confirma, sino el que entrega su vida por lo que cree; porque las verdades más importantes no se entienden si no es por la fe; y porque lo que no doy, me lo quito, pues lo mejor que hay en mí no está hecho para mí, sino para los demás.

Pero, sobre todo, soy cristiano por la gracia de Dios, pues nada de esto se me hace posible si no es por Él…

¡Amén!

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