Sacerdotes ante la inteligencia artificial: “La gracia de Dios nunca podrá ser reemplazada por algoritmos”

17 de marzo del 2026

Diversos presbíteros reflexionan sobre el uso de la inteligencia artificial para preparar homilías y recuerdan que la predicación nace de la oración, del corazón del pastor y de la acción del Espíritu Santo


La rápida expansión de la inteligencia artificial (IA) está transformando numerosos ámbitos de la vida cotidiana. Desde la educación hasta el mundo laboral, pasando por la comunicación y la investigación, estas herramientas tecnológicas han comenzado a formar parte habitual de la sociedad contemporánea. También la Iglesia observa con atención este fenómeno que plantea nuevas posibilidades, pero también interrogantes profundos.


En este contexto, el Papa León XIV lanzó recientemente una advertencia clara dirigida a los sacerdotes de Roma: al preparar sus homilías, es necesario utilizar “más el cerebro” que la inteligencia artificial. La afirmación del Pontífice ha reavivado un debate que ya comenzaba a surgir en algunos ambientes eclesiales, donde ciertos presbíteros han empezado a experimentar con estas herramientas para elaborar sus predicaciones.



Ante esta realidad, varios sacerdotes de distintas diócesis y ámbitos pastorales han compartido su reflexión sobre el uso de la inteligencia artificial en la preparación de homilías. Aunque reconocen que puede ser un recurso útil para consultar información o encontrar referencias, coinciden en una convicción común: la predicación cristiana no puede ser delegada a una máquina.


“La inteligencia artificial puede ayudar, pero nunca sustituirá la gracia de Dios ni la acción del Espíritu Santo en el corazón del predicador.”

La homilía nace del corazón del pastor


Uno de los aspectos que más subrayan los sacerdotes consultados es que la homilía no es simplemente un texto bien elaborado, sino un acto profundamente espiritual. El P. Alfonso Peña, miembro del Cabildo de la Catedral de Sevilla, considera que la inteligencia artificial puede servir como herramienta de consulta o inspiración. Sin embargo, advierte que nunca podrá reemplazar el discernimiento pastoral ni la experiencia espiritual del sacerdote.

Según explica, la predicación cristiana debe surgir de la relación viva del sacerdote con Dios y con la comunidad que le ha sido confiada.


La homilía no es un ejercicio literario ni un discurso académico. Es el fruto de la oración, del contacto con la Palabra de Dios y del conocimiento concreto de las personas que forman parte de la comunidad cristiana. Por eso, afirma el sacerdote sevillano, el mensaje del Evangelio se transmite de manera auténtica cuando brota del corazón del pastor que vive su fe junto al pueblo al que sirve.



Transmitir el Evangelio como lo hizo Cristo

En la misma línea se pronuncia el sacerdote Fernando Gallego, conocido por su participación en iniciativas de evangelización juvenil.

Para él, la misión principal de un sacerdote consiste en anunciar la Palabra de Dios del mismo modo en que Cristo la transmitió: con autenticidad, coherencia y vida.


La inteligencia artificial, señala, puede ofrecer textos bien estructurados o reflexiones interesantes, pero siempre será limitada frente a la experiencia viva de un sacerdote que predica desde su propia vida.

La predicación cristiana no se reduce a palabras; también implica el testimonio de las obras.


Cuando el sacerdote habla desde su propia experiencia de fe, su mensaje adquiere una fuerza que ninguna tecnología puede replicar.

Por eso, según explica Gallego, lo que realmente toca el corazón de los fieles no es la perfección de un discurso, sino la autenticidad de quien lo proclama.



El Pueblo de Dios necesita algo más que algoritmos

Una anécdota vivida por Mons. Alberto Figueroa, obispo de Arecibo en Puerto Rico, ilustra bien este debate. Durante una celebración celebrada en Santo Domingo, en el marco de un encuentro regional del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), el obispo fue invitado a predicar la homilía pocos minutos antes del inicio de la Misa.

Ante la sorpresa y el poco tiempo disponible, un sacerdote cercano le sugirió utilizar la inteligencia artificial para redactar rápidamente una homilía sobre San José.


El obispo confesó que en aquel momento pensó que se trataba de una broma, pues desconocía que algo así pudiera hacerse. Su respuesta fue inmediata: rechazó la idea con firmeza. Finalmente utilizó la herramienta únicamente para consultar algunos textos, como la carta apostólica Patris Corde, escrita por el Papa Francisco sobre San José.


Después, apoyándose en la oración y confiando en la ayuda del Espíritu Santo, preparó su predicación. La experiencia le llevó a reafirmar una convicción profunda: el pueblo de Dios necesita algo más que algoritmos.



La tecnología no puede sustituir el proceso espiritual

El sacerdote P. Ignacio Amorós, conocido por su labor de evangelización en el ámbito digital, también ha reflexionado sobre esta cuestión. Reconoce que la inteligencia artificial puede ser útil para encontrar referencias bíblicas, sintetizar ideas o realizar análisis rápidos de textos.


Sin embargo, advierte que el proceso humano de buscar, leer y reflexionar tiene un valor espiritual que no debe perderse. Ese tiempo dedicado a la preparación de la homilía es también un espacio donde Dios puede actuar. Durante ese proceso, el sacerdote dialoga interiormente con el Señor, medita la Palabra y permite que el mensaje del Evangelio transforme primero su propio corazón. Si todo ese proceso se delega en un algoritmo, advierte Amorós, se pierde ese momento de encuentro personal con Dios.



El riesgo de discursos sin corazón

Otro peligro que señala el sacerdote es el exceso de información.

Las herramientas de inteligencia artificial pueden generar grandes cantidades de contenido en pocos segundos, lo que puede provocar una saturación intelectual.


El resultado puede ser un discurso aparentemente perfecto desde el punto de vista teológico, pero vacío de experiencia espiritual.Para Amorós, esta situación se asemeja a lo que ocurre cuando la oración se convierte únicamente en un ejercicio intelectual.


En lugar de un diálogo vivo con Dios, se transforma en una reflexión fría y distante. La inteligencia artificial puede procesar datos y simular emociones, pero carece de algo esencial: no tiene alma ni capacidad de amar.



La sed de autenticidad de nuestro tiempo

Los sacerdotes coinciden en que los fieles buscan hoy algo muy concreto: autenticidad. Las personas desean escuchar palabras que nazcan de la experiencia real de fe del sacerdote.


Por ello, la preparación de la homilía debe pasar siempre por la oración.

Cuando un mensaje ha sido rezado y meditado, puede llegar verdaderamente al corazón de quienes lo escuchan. En cambio, un discurso elaborado únicamente con herramientas tecnológicas corre el riesgo de quedarse en la superficie.



Las “diosidencias” del Espíritu Santo

El P. Ignacio Amorós utiliza una expresión muy sugerente para describir la acción de Dios en la predicación: las “diosidencias”. En muchas ocasiones, explica, el Espíritu Santo inspira al sacerdote a mencionar un detalle aparentemente insignificante.


Sin embargo, ese pequeño mensaje puede convertirse en la respuesta exacta que una persona necesitaba escuchar. Estas coincidencias espirituales, afirma, son fruto de la acción del Espíritu Santo y no pueden ser reproducidas por ningún algoritmo.



La inteligencia sobrenatural

Otros sacerdotes consultados también coinciden en esta visión.

El P. Patxi Bronchalo, sacerdote de la diócesis de Getafe, recuerda que la predicación nace de la experiencia personal del sacerdote y de lo que vive en su corazón.


Por su parte, el sacerdote madrileño Mario Fernández Torres invita a los presbíteros a confiar más en lo que llama la “inteligencia sobrenatural”, es decir, la acción del Espíritu Santo. Según explica, es esa inteligencia espiritual la que da verdadera vida pastoral al mensaje del Evangelio.



Un uso prudente de la tecnología

Finalmente, el sacerdote trinitario Antonio Torres propone una postura equilibrada. La inteligencia artificial puede ser útil si se emplea de forma prudente y limitada. Sin embargo, recuerda que la homilía es, ante todo, un acto espiritual.


Por ello debe prepararse mediante la oración, la meditación de la Escritura y la reflexión sobre la realidad concreta de la comunidad. Solo así la predicación podrá cumplir su verdadera misión: llevar la Palabra de Dios al corazón de los fieles. Porque, como recuerdan estos sacerdotes, ninguna tecnología podrá reemplazar jamás la gracia que transforma las almas.


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