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10 de Agosto del 2026
Por: Juan Andrés Segura
Cuando decimos la frase "ya no puedo más" suele ser reflejo de una tentación y no solo algo que sale del corazón, aunque uno esté hablando con total sinceridad al pronunciarla. Como tentación, encierra nada más y nada menos que cuatro mentiras del diablo.
Al diablo le gusta mentir. No en vano es el Padre de la Mentira: no hay verdad en él; cuando dice mentiras, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. A menudo, sin embargo, encuentra que la media verdad es más útil para extraviar a los hombres y la usa con gran eficacia.
La primera media verdad lleva implícito que tu situación es única, que no es algo normal, que nadie sufre como tú y, por lo tanto, un ser humano no puede soportar lo que tú tienes que soportar, las reglas habituales ya no valen y lo único que se puede hacer es escapar. Esto tiene parte de verdad en el sentido de que tú lo sientes así, porque es muy humano que nuestros sufrimientos nos parezcan mayores y más importantes que los de los demás.
Los hombres nos parecemos mucho unos a otros y lo que te parece que te hace la vida
imposible en tu matrimonio lo han sufrido ya millones antes que tú. Es algo normal y, en ese
sentido, hay que procurar desmitificarlo en lugar de agobiarse por ello. Sí, duele y se sufre, a veces muchísimo, pero es que lo normal es que en el matrimonio duela y se sufra y uno se agote. A fin de cuentas, si la vida cristiana es un combate, también lo tendrá que ser el matrimonio, que es la forma concreta que toma esa vida cristiana en los casados.
La mayor penitencia es la vida en común. Esa penitencia es dura en el ámbito religioso o más
aún en el matrimonio, por el desgaste cotidiano, los defectos y pecados del otro que hay que soportar unidos a los propios pecados y defectos que se hacen más visibles en el matrimonio, las incomprensiones, los rencores enquistados, a lo que se suma la necesidad de dar la vida simultáneamente por los hijos. Es decir, con toda probabilidad tu problema no es único y excepcionalísimo, sino parte de lo que es el matrimonio.
La tentación incluye una segunda media verdad. Es muy probable que sea cierto que tus fuerzas no son suficientes para sobrellevar la situación, pero es que en ningún sitio está escrito que lo tengas que soportar tú solo. Cuando no quedan fuerzas, a veces es posible apoyarse en la esposa o en el esposo, pero incluso cuando esto no es así y parece que el cónyuge es parte del problema, siempre es posible apoyarse en Dios.
El matrimonio cristiano es una vocación sobrenatural, que solo tiene sentido con la gracia de Dios. Si uno se empeña en sobrellevar las dificultades del matrimonio solamente con sus fuerzas, es casi inevitable que llegue un punto en que no pueda más, las fuerzas se agoten y uno se desespere, que es lo que quiere el diablo. En cambio, la gracia sobrenatural no se agota nunca y puede lo imposible. Dios se comprometió con juramento el día en que te casaste y no te fallará.
En tercer lugar, es muy frecuente que en estas situaciones a la sensación de agotamiento se
añada el pensamiento de que las cosas van a seguir así durante años o toda la vida. ¡Toda la
vida sufriendo!
La media verdad del diablo es que no soportes el pensamiento de sufrir toda la vida,
porque Dios no te ha dado aún la gracia que vas a necesitar todos los días de tu vida. Te ha
dado la que necesitas hoy, ahora. Por lo tanto, cuando miras al futuro, te desesperas.
Manteniéndonos en amistad con Dios podemos renovar cada día la gracia que necesitamos para esa jornada. Cuando pedimos en el padrenuestro danos hoy nuestro pan de cada día, estamos pidiendo, entre otras cosas, la gracia que necesitamos hoy para poder cumplir nuestros deberes. Por eso dice el Señor bástele a cada día su afán, porque nos da la gracia que necesitamos para ese afán. Hoy puedes cumplir tu deber con la gracia de Dios y con eso te basta. El futuro déjalo en manos de Dios para que no te engañe el diablo.
En el cuarto punto, todo lo anterior, nos lo enfoca de forma injusta el demonio desde el punto de vista de soportar una situación dolorosa, lo que obviamente incluye soportar a la esposa o al esposo y a los hijos. Ese enfoque es en sí mismo una media verdad y parte de la tentación, porque no estamos llamados simplemente a soportar, sino a amar al cónyuge y a los hijos.
Si tu fin es simplemente “soportar” el matrimonio, aunque lo consigas el resultado será penoso y triste. En cambio, si con la fuerza de Dios amas a tu esposa a través de las dificultades y sufrimientos, encontrarás en ese amor el cumplimiento de las promesas de Dios para ti, un camino de santidad, una prenda de la felicidad eterna del cielo y el refugio seguro para criar hijos santos y encaminarlos a la vida eterna.
Todo esto te lo pierdes si escuchas las medias verdades que el diablo te susurra al oído,
transformándolo todo en angustia y oscuridad. ¡No es verdad, no lo es! No escuches al Padre de
la Mentira, porque hacerlo, aunque parezca el camino mas fácil, en realidad solo es un camino
para el infierno ya en vida y después de la muerte. Solo en Cristo está la Verdad y lo demás son
mentiras o, en el mejor de los casos, engañosas medias verdades.
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