De negar a Dios a vivir para Cristo: el impactante testimonio de conversión del culturista que pasó de “quemaiglesias” a discípulo del Evangelio
16 de febrero del 2026
Durante años, Bruno Toral construyó su vida sobre la disciplina férrea, el esfuerzo personal y el culto al cuerpo. Era un referente en el mundo del culturismo, un hombre que había alcanzado el éxito profesional, formado una familia y logrado aquello que muchos consideran la plenitud humana. Sin embargo, en el silencio de su corazón, algo faltaba. La felicidad no terminaba de llegar. Lo que parecía una vida perfecta escondía un vacío que ni la fuerza física, ni el reconocimiento, ni los logros podían llenar.
Hoy, este exatleta español y propietario de un gimnasio ofrece un testimonio que ha sorprendido a miles de personas: pasó de declararse abiertamente ateo y hostil hacia la Iglesia, llegando incluso a definirse como “quemaiglesias”, a convertirse en un creyente convencido, un hombre que ha puesto su vida en manos de Cristo. Su historia, compartida en el espacio Rebeldes Podcast, revela el poder transformador de la gracia y recuerda que nadie está fuera del alcance del amor de Dios.
Su camino no fue inmediato ni fácil. Fue un proceso marcado por el vacío interior, el testimonio silencioso de su esposa y un encuentro personal con Dios que cambió radicalmente el rumbo de su existencia.
“El culturista que una vez negó a Dios descubrió que la verdadera fuerza no está en el cuerpo, sino en rendir el corazón a Cristo y dejarse transformar por su amor.”
El vacío interior de una vida aparentemente perfecta
Desde su juventud, Bruno Toral creció en un entorno donde Dios no tenía cabida. La fe no formaba parte de su educación ni de su visión del mundo. La vida, según había aprendido, se construía sobre el esfuerzo personal, el éxito profesional y la autosuficiencia.
Con el paso de los años, logró alcanzar todas esas metas. Su carrera como culturista le dio reconocimiento. Su trabajo prosperó hasta convertirse en propietario de su propio gimnasio. Había formado una familia estable, con una esposa y dos hijos sanos. Desde fuera, su vida parecía completa.
Pero en su interior, la realidad era distinta.
A pesar de tenerlo todo, experimentaba una sensación persistente de insatisfacción. Había alcanzado el éxito, pero no la paz. Había logrado metas, pero no la plenitud. Fue entonces cuando comenzó a observar algo que cambiaría su vida: la serenidad profunda que vivía su esposa, Paloma.
Mientras él se esforzaba constantemente por mantener el control de su vida, ella vivía con una paz que no dependía de las circunstancias.
Esa diferencia lo impactó profundamente.
Comprendió que aquello que ella poseía no era fruto del éxito humano, sino de algo más grande: su fe. Ese testimonio silencioso comenzó a despertar en su corazón una inquietud nueva, una búsqueda que no podía ignorar.
De rechazar a Dios a desear una vida nueva para sus hijos
Durante mucho tiempo, Bruno había rechazado abiertamente cualquier referencia a Dios. La fe le resultaba ajena, incluso incómoda. En su propia casa, evitaba que se hablara de religión. Sin embargo, el amor por sus hijos se convirtió en el punto de inflexión de su conversión.
Comenzó a preguntarse qué tipo de vida quería para ellos. Al ver la paz que la fe ofrecía a su esposa, sintió el deseo de que sus hijos pudieran crecer cerca de esa misma fuente de sentido y esperanza. Este deseo lo llevó a tomar una decisión que él mismo no habría imaginado años antes: quiso bautizar a sus hijos. Pero su carácter, formado en la radicalidad del esfuerzo deportivo, no le permitía hacer las cosas a medias.
Comprendió que el bautismo no podía ser solo un gesto simbólico, sino un compromiso real. Si sus hijos iban a ser educados en la fe, él también debía recorrer ese camino. Este primer paso abrió una puerta que cambiaría su vida para siempre.
El encuentro que transformó su corazón
El momento decisivo llegó durante una experiencia de oración frente al Santísimo Sacramento. Acostumbrado a confiar únicamente en su fuerza física y en su disciplina personal, Bruno se encontró en un ambiente completamente distinto: una comunidad que irradiaba una alegría que no dependía del éxito ni del reconocimiento.
Por primera vez, fue testigo de una felicidad que no provenía del esfuerzo humano, sino de la presencia de Dios. Ese encuentro tocó profundamente su corazón. El hombre fuerte, acostumbrado a la dureza del entrenamiento, se vio desbordado por una emoción que no podía controlar. Las lágrimas brotaron espontáneamente. En ese instante comprendió que Dios no era una idea abstracta, sino una presencia real. Fue el inicio de una nueva vida.
A partir de ese momento, su carácter comenzó a transformarse.
La dureza dio paso a la paciencia. La autosuficiencia fue reemplazada por la confianza en la providencia divina. Su relación con su familia cambió profundamente, aprendiendo a amar con mayor humildad y entrega.
Una nueva vida centrada en Cristo
Hoy, Bruno Toral reconoce que su mayor meta ya no es el éxito personal ni el desarrollo físico, sino convertirse en la persona que Dios quiere que sea.
Su vida, antes centrada en la autosuperación, está ahora orientada hacia una transformación espiritual.
Cristo se ha convertido en el modelo que guía su existencia.
Aquel hombre que una vez negó a Dios, hoy lo reconoce como el fundamento de su vida. Su testimonio recuerda que la verdadera fortaleza no reside en la fuerza física, sino en la humildad de abrir el corazón a la gracia divina.
Su historia es un signo de esperanza para todos aquellos que buscan sentido, incluso cuando parecen tenerlo todo. Porque su conversión demuestra que Dios sigue saliendo al encuentro de cada persona, incluso en los lugares más inesperados.
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