Entre lágrimas y esperanza: la fe de las familias del tren de Adamuz conmueve en un funeral que unió a toda una tierra
30 de enero del 2026
La despedida de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz dejó una de esas escenas que quedan grabadas para siempre en la memoria de un pueblo. El dolor por la pérdida de 45 vidas humanas se mezcló con la fe sencilla y profunda de familias enteras que, en medio del sufrimiento, encontraron consuelo en la Eucaristía y en la esperanza cristiana de la resurrección.
El pasado 29 de enero, el pabellón deportivo Carolina Marín de Huelva se transformó en un templo improvisado para acoger a miles de personas que quisieron despedir a sus seres queridos en una ceremonia marcada por el recogimiento, la oración y un profundo testimonio de fe. El espacio se quedó pequeño ante la multitud que acudió para acompañar a las familias, muchas de ellas procedentes de Huelva, tierra natal de buena parte de los fallecidos.
La celebración estuvo presidida por Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, y concelebrada por numerosos prelados y más de un centenar de sacerdotes, entre ellos el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello, junto a otros obispos y sacerdotes de distintas diócesis. También estuvieron presentes representantes institucionales y los Reyes de España, en una muestra de cercanía y respeto hacia las víctimas.
Pero, por encima de todo, lo que marcó la celebración fue la fortaleza espiritual de quienes lloraban a sus familiares.
“Ocho siglos después, la Catedral de Toledo sigue recordando que la fe no es solo memoria del pasado, sino esperanza viva para el futuro”.
Un funeral nacido del corazón creyente de las familias
Uno de los momentos más sobrecogedores llegó cuando los hijos de Natividad de la Torre, una de las víctimas, leyeron un mensaje de agradecimiento en nombre de las familias. Sus palabras, pronunciadas con voz entrecortada pero firme, reflejaron el sentir común de quienes perdieron a sus seres queridos.
Subrayaron que esta Eucaristía era la despedida que necesitaban, un funeral conforme a su fe, donde la presencia de Dios y la oración compartida constituían el verdadero consuelo. Frente a otras propuestas de actos oficiales, las familias dejaron claro que querían despedir a los suyos en el seno de la Iglesia, confiándolos a Dios.
En su intervención, Liliana Sáenz recordó que Andalucía es tierra de profunda devoción mariana y que abrazar la cruz del sufrimiento desde la fe ayuda a soportar el dolor. Sus palabras arrancaron lágrimas y silencios emocionados entre los asistentes.
También hubo un amplio agradecimiento a quienes ayudaron en las horas posteriores al accidente: vecinos, equipos de emergencia, sanitarios, voluntarios y cuerpos de seguridad que trabajaron sin descanso. Aun así, no faltó una llamada sincera a mejorar la comunicación en momentos de crisis, pues, como expresó, en ocasiones la incertidumbre puede resultar más dura que la verdad.
Del sufrimiento a la memoria agradecida
Con el paso de los días, el dolor más desgarrador comienza a convivir con recuerdos que arrancan tímidas sonrisas. Así lo relató Liliana al compartir una anécdota de su infancia junto a su madre, que murió en el accidente mientras rezaba el rosario.
Recordó cómo, siendo niña, preguntó a su madre cuánto ganaba, y ella respondió que lo justo, porque lo que quedaba en su cuenta al final del mes no era suyo, sino de los demás. Una lección de generosidad que hoy permanece como herencia espiritual para su familia.
En su emotivo mensaje, también recordó que las víctimas no eran cifras ni estadísticas, sino padres, madres, hijos, abuelos, amigos, personas con sueños y proyectos truncados de manera repentina. La tragedia dejó además una enseñanza dolorosa: las llamadas no hechas y los abrazos pospuestos se convierten en ausencias imborrables.
Sin embargo, lejos de alimentar resentimientos, las familias afirmaron que su lucha por esclarecer lo ocurrido se hará desde la serenidad y la paz interior, confiando en que sus seres queridos descansan ahora en brazos de la Virgen María.
El mensaje concluyó con una conmovedora invocación a distintas advocaciones marianas vinculadas a las localidades de origen de las víctimas, confiándolas todas al cuidado maternal de María.
La esperanza cristiana frente al misterio del dolor
Al inicio de la celebración, Mons. Argüello transmitió el saludo y la cercanía del León XIV, quien quiso hacerse presente espiritualmente junto a las familias, enviando un mensaje de consuelo y esperanza. Durante la homilía, Mons. Gómez Sierra reflexionó sobre el grito de Jesús en la cruz: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Recordó que ese clamor también expresa el dolor de toda persona que sufre una pérdida inesperada, pero subrayó que la historia no termina en la muerte, sino en la resurrección.
Desde la fe cristiana, explicó, las vidas de quienes fallecieron no se han perdido, sino que permanecen para siempre en manos del Dios de la vida. Invitó además a toda la sociedad a acompañar a las familias en su largo proceso de duelo y a trabajar para evitar que tragedias semejantes vuelvan a repetirse.
Pidió igualmente que se esclarezcan los hechos y se actúe con justicia, no solo por responsabilidad institucional, sino como forma de honrar la memoria de quienes murieron. La ceremonia concluyó en un silencio cargado de emoción. Muchos abandonaron el recinto abrazándose, mientras otros permanecían en oración, confiando sus lágrimas a Dios.
En medio del dolor, la fe volvió a demostrar su capacidad de sostener a quienes sienten que todo se ha derrumbado.
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