Un pastor que no abandonó a su pueblo: el testimonio del P. Pierre El-Rahi, el sacerdote que murió ayudando a los heridos en Líbano
13 de marzo del 2026
Miles de fieles despiden al sacerdote maronita que decidió permanecer junto a su comunidad en medio de la guerra y entregó su vida socorriendo a las víctimas de un bombardeo
El pequeño pueblo de Qlayaa, en el sur del Líbano, vivió esta semana una escena de profundo dolor y de intensa fe. Miles de personas se reunieron para despedir al P. Pierre El-Rahi, sacerdote maronita que murió tras resultar herido durante un ataque en la región mientras trataba de socorrer a personas afectadas por un bombardeo.
El funeral se celebró en la iglesia de San Jorge, parroquia donde el sacerdote ejercía su ministerio desde hacía años. A la celebración acudieron familias del pueblo, desplazados que habían encontrado refugio en la zona, sacerdotes maronitas de distintas diócesis del país y representantes civiles.
La multitud que llenó el templo y las calles cercanas reflejaba el profundo cariño que la comunidad sentía por el presbítero. Muchos de los asistentes afirmaban que despedían al sacerdote “como si estuvieran enterrando a su propio padre”, una expresión que resume la cercanía y el compromiso pastoral que marcó toda su vida.
“El P. Pierre El-Rahi vivió como un verdadero pastor: permaneció junto a su pueblo y entregó su vida sirviendo a los demás.”
Un sacerdote que eligió quedarse con su comunidad
El P. Pierre El-Rahi era párroco de la iglesia de San Jorge en Qlayaa, una aldea cristiana de aproximadamente ocho mil habitantes situada cerca de la frontera con Israel. La parroquia se convirtió en el centro de su ministerio dentro de la Iglesia Maronita, una Iglesia católica oriental que mantiene plena comunión con el Papa y cuyo patriarcado se encuentra en Bkerke.
En los últimos meses, el sur del Líbano ha vivido un clima de creciente violencia que ha obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares. Sin embargo, el sacerdote había tomado una decisión clara: permanecer junto a su comunidad. En entrevistas concedidas en los últimos días antes de su muerte, explicó que no pensaba abandonar el pueblo, incluso en medio del peligro.
Para él, el sacerdote no podía separarse de su pueblo precisamente en los momentos más difíciles. Su decisión fue interpretada por muchos como un signo de fidelidad pastoral y de amor hacia la comunidad que se le había confiado.
“Recorremos el camino de la Pasión”
En una de sus últimas intervenciones públicas, pronunciada pocos días antes de morir, el sacerdote explicó cómo vivía la comunidad cristiana la dramática situación del sur del país. Desde las escaleras de su parroquia, el presbítero afirmó que los habitantes del pueblo se mantenían firmes en su tierra, defendiendo su hogar de manera pacífica.
Según sus palabras, los cristianos de la región no empuñaban armas ni buscaban confrontación, sino que querían permanecer como testigos de paz, bondad y amor. Sus palabras reflejaban una espiritualidad profundamente marcada por el Evangelio. En su último mensaje dirigido a los fieles, el sacerdote evocó el misterio pascual de Cristo como clave para comprender el sufrimiento que atravesaban.
“Sabéis que recorremos el camino de la Pasión”, dijo a su comunidad. “Hay muerte, y después de ella resurrección con nuestro Señor Jesucristo”.
Aquella reflexión, pronunciada horas antes de su muerte, hoy es recordada por muchos como un auténtico testamento espiritual.
Murió mientras trataba de salvar a otros
El P. Pierre El-Rahi falleció en el hospital de Marjayoun tras resultar herido por metralla durante un bombardeo que alcanzó una vivienda en Qlayaa.
Según explicó María Lozano, responsable de proyectos de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el sacerdote acudió al lugar después de un primer impacto para ayudar a los heridos.
Mientras trataba de socorrer a las víctimas, un segundo misil cayó en la zona.
La explosión alcanzó al sacerdote y le causó heridas mortales.
“Fue a ayudar a los heridos, y allí cayó un segundo misil que terminó con su vida”, explicó Lozano en declaraciones a EWTN. Para quienes lo conocieron, su muerte refleja perfectamente el estilo de vida que había elegido: servir a su comunidad hasta el final.
El “padre de la comunidad”
Numerosos testimonios recogidos tras su fallecimiento coinciden en describir al sacerdote como una figura profundamente querida en el pueblo. La periodista francesa especializada en Oriente Medio Nathalie Duplan lo definió como un verdadero símbolo para la comunidad. Según relató, los habitantes de Qlayaa lo consideraban auténticamente el padre de todos.
El sacerdote era una presencia constante en la vida cotidiana del pueblo.
Era habitual verlo caminando por las calles, visitando enfermos, acompañando a las familias en momentos de alegría o de dolor y compartiendo tiempo con los niños de la parroquia. Muchos de los habitantes del pueblo recuerdan cómo conocía a cada uno por su nombre. Ese vínculo personal hizo que su muerte fuera sentida con una intensidad especial por toda la comunidad.
Una vida entregada al servicio de la Iglesia
El P. Pierre El-Rahi había nacido en 1975 en la aldea de Dibeh, en el norte del Líbano. Tras completar su formación, fue ordenado sacerdote maronita a comienzos de los años 2000. A lo largo de su ministerio desempeñó diversas responsabilidades pastorales, pero su servicio más significativo fue en la parroquia de San Jorge en Qlayaa.
Allí desarrolló durante años un trabajo cercano y constante con la comunidad cristiana local. Para muchos habitantes de la región, su figura representa el compromiso de los cristianos del sur del Líbano de permanecer en su tierra a pesar de las dificultades.
Un nombre que refleja su vocación
El significado de su propio apellido parece resumir su vida. En árabe, “al-Rahi” significa “pastor”. El Papa León XIV recordó este detalle recientemente al referirse a la figura del sacerdote. El Pontífice señaló que el P. Pierre encarnó verdaderamente la imagen del Buen Pastor, aquel que permanece junto a su pueblo incluso en medio del peligro.
Con su vida y su muerte, el sacerdote maronita dejó un testimonio que muchos consideran profundamente evangélico: el de un pastor que no abandona a su rebaño y que está dispuesto a dar la vida por él. Hoy, mientras el pequeño pueblo de Qlayaa intenta seguir adelante en medio de la incertidumbre, la memoria del P. Pierre El-Rahi permanece viva como símbolo de fidelidad, esperanza y fe.
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