El Papa León XIV invita a vivir una “fe de ojos abiertos”: “En contacto con Cristo, la mirada se ilumina”
16 de marzo del 2026
Durante el Ángelus dominical, el Pontífice recordó que la fe cristiana no es una renuncia a la razón, sino una luz que permite comprender mejor el mundo y responder al sufrimiento de los demás
En una Plaza de San Pedro repleta de peregrinos procedentes de distintos países, el Papa León XIV pronunció este domingo una profunda reflexión sobre la naturaleza de la fe cristiana. Durante el tradicional rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice subrayó que creer en Cristo no significa abandonar la razón ni apartarse de la realidad del mundo, sino aprender a mirar la vida con una luz nueva.
Inspirándose en el episodio evangélico de la curación del ciego de nacimiento, narrado en el Evangelio de San Juan, el Santo Padre explicó que la fe cristiana tiene la capacidad de abrir los ojos del corazón humano y de permitir una comprensión más profunda de la vida, del sufrimiento y de la historia.
Ante los fieles reunidos en la plaza, el Papa recordó que el Evangelio presenta a Cristo como la luz que ilumina a la humanidad, una luz que no anula la inteligencia humana, sino que la eleva y la orienta hacia la verdad.
“La fe cristiana no es un salto en la oscuridad; al contrario, en contacto con Cristo los ojos se abren y el corazón aprende a ver el mundo con una luz nueva.”
Cristo, la luz que abre los ojos del corazón
Durante su meditación, León XIV centró su reflexión en el pasaje evangélico en el que Jesús devuelve la vista a un hombre ciego de nacimiento.
Para el Pontífice, este episodio no es solo un milagro físico, sino también un signo profundo del misterio de la salvación. Según explicó, el relato revela cómo Dios interviene en la historia para liberar al ser humano de la oscuridad espiritual.
El Papa recordó que la humanidad, sin la luz de Dios, camina muchas veces en medio de la incertidumbre y de la confusión. Por eso, afirmó, el envío del Hijo de Dios al mundo representa un acontecimiento decisivo para la historia humana. Jesucristo viene precisamente para abrir los ojos del corazón, para permitir al ser humano descubrir el sentido de la vida y reconocer la presencia de Dios.
La fe no se opone a la razón
Uno de los puntos centrales de la catequesis del Papa fue desmontar una idea que, según señaló, se ha difundido durante siglos: la creencia de que la fe sería una especie de salto irracional en la oscuridad. El Pontífice explicó que esta visión no corresponde al mensaje del Evangelio. La fe cristiana no consiste en cerrar los ojos ante la realidad ni en renunciar al pensamiento crítico.
Al contrario, permite mirar el mundo desde una perspectiva más profunda.
Citando la encíclica Lumen fidei, publicada durante el pontificado del Papa Francisco, León XIV explicó que creer significa participar en la forma de mirar de Jesucristo. Es decir, aprender a contemplar la realidad con sus mismos ojos.
La fe no oscurece la inteligencia humana; más bien, la ilumina.
Abrir los ojos ante el sufrimiento del mundo
El Papa insistió en que la fe cristiana no puede quedarse en una experiencia privada o intimista. Creer implica también mirar el mundo con sensibilidad ante el dolor de los demás. Por eso, afirmó que los cristianos están llamados a abrir los ojos ante las heridas de la humanidad.
Las guerras, la violencia, las injusticias sociales y el sufrimiento de tantas personas requieren una respuesta de fe comprometida. El Pontífice afirmó que el Evangelio invita a los creyentes a no permanecer indiferentes ante esas situaciones. Por el contrario, la fe debe traducirse en acciones concretas de paz, justicia y solidaridad.
Una fe despierta para nuestro tiempo
En este contexto, el Papa animó a vivir lo que definió como una “fe despierta”.
Se trata de una fe capaz de iluminar las situaciones oscuras del mundo y de ofrecer esperanza allí donde parece dominar la desesperación.
El Santo Padre recordó que el tiempo presente plantea numerosas preguntas profundas al corazón humano. Muchas personas buscan respuestas ante el sufrimiento, la injusticia o la incertidumbre. La fe cristiana, explicó, no ignora esas preguntas, sino que ofrece una luz para afrontarlas con esperanza.
Todos somos, en cierto modo, ciegos
En otro momento de su reflexión, el Papa subrayó que el Evangelio invita también a una actitud de humildad. Según explicó, todos los seres humanos son de algún modo “ciegos de nacimiento”, porque por sí solos no pueden comprender plenamente el misterio de la existencia.
La inteligencia humana es un don extraordinario, pero necesita también la luz de Dios para descubrir el sentido más profundo de la vida. Por eso, afirmó el Pontífice, Dios se hizo hombre en Jesucristo. Al asumir nuestra humanidad, el Señor permite que la vida humana reciba una luz nueva.
La luz de Cristo transforma la mirada
El Papa utilizó una imagen muy significativa para describir esta transformación.
En el relato evangélico, Jesús utiliza barro para devolver la vista al ciego.
Según explicó el Pontífice, ese gesto simboliza la unión entre la fragilidad humana y la gracia de Dios. El “barro” de nuestra humanidad, cuando es tocado por el aliento de la gracia divina, se convierte en un instrumento de luz.
Gracias a esta transformación, el ser humano puede aprender a ver con una mirada renovada. Una mirada capaz de descubrir a Dios, reconocer la dignidad de los demás y comprender su propia vida con mayor profundidad.
Un cristianismo de ojos abiertos
Al concluir su intervención, León XIV invitó a los fieles a vivir lo que definió como un “cristianismo de ojos abiertos”. Un cristianismo que no se evade de la realidad ni se refugia en la indiferencia. Al contrario, es una fe que mira el mundo con valentía y sencillez, dispuesta a comprometerse con la transformación de la sociedad.
El Papa recordó que quienes han sido tocados por el amor de Cristo están llamados a compartir esa luz con los demás. De este modo, cada cristiano puede convertirse en un signo de esperanza para quienes viven en la oscuridad.
Porque, como afirmó el Pontífice ante los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, la fe auténtica no oscurece la vida humana. La ilumina.
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