León XIV en Lampedusa: “Los migrantes muertos en este mar son víctimas de decisiones tomadas u omitidas”
7 de julio del 2026
En una emotiva visita a la isla italiana, símbolo del drama migratorio en el Mediterráneo, el Papa llamó a transformar la compasión en acciones concretas, agradeció la acogida de los habitantes de Lampedusa y pidió a Europa una respuesta más humana, solidaria y duradera ante el fenómeno migratorio.
"Los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas."
El Papa León XIV visitó este sábado la isla italiana de Lampedusa, uno de los principales puntos de llegada de migrantes que cruzan el Mediterráneo, para rezar por quienes han perdido la vida en el mar y lanzar un firme llamamiento a la conciencia de Europa y de toda la comunidad internacional. Durante la Santa Misa celebrada en el campo deportivo Arena, el Pontífice afirmó que "los migrantes muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas", recordando que detrás de cada tragedia existen personas concretas cuya dignidad no puede quedar reducida a cifras o debates políticos.
Un viaje cargado de simbolismo
Lampedusa se ha convertido durante las últimas décadas en uno de los grandes símbolos de la crisis migratoria en el Mediterráneo. Miles de personas han llegado hasta sus costas huyendo de la guerra, la persecución, el hambre o la pobreza extrema, mientras otras muchas han perdido la vida intentando alcanzar Europa. Consciente de ese significado, León XIV quiso iniciar su visita recorriendo el cementerio de la isla, donde reposan numerosos migrantes fallecidos durante la travesía. Allí depositó flores sobre varias tumbas, deteniéndose especialmente ante las de niños que nunca pudieron llegar a su destino. Posteriormente acudió al monumento Puerta de Europa, frente al Mediterráneo, donde permaneció varios minutos rezando en silencio mientras el fuerte viento acompañaba uno de los momentos más emotivos de la jornada.
El Buen Samaritano como respuesta al drama migratorio
En su homilía, el Santo Padre tomó como referencia la parábola del Buen Samaritano para explicar cómo debe responder un cristiano ante el sufrimiento de quienes se ven obligados a abandonar su hogar. León XIV recordó que los habitantes de Lampedusa han contemplado durante años a "miles de seres humanos caídos en manos de bandidos", despojados de todo y abandonados a su suerte. "El mar se ha quedado con muchos de ellos", lamentó el Pontífice, recordando especialmente a quienes nunca lograron alcanzar tierra firme.
Para el Papa, el verdadero centro del Evangelio consiste precisamente en hacerse cercano al que sufre.
"Nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos."
León XIV advirtió de que el sufrimiento de tantas personas no puede contemplarse desde la indiferencia. Según explicó, las tragedias del Mediterráneo no son únicamente consecuencia de las mafias que trafican con seres humanos, sino también del desinterés por el bien común, de la corrupción en los países de origen, de un sistema económico que genera exclusión, del miedo que alimenta prejuicios y de la lentitud para impulsar políticas eficaces y compartidas. El Pontífice pidió que la compasión deje de ser únicamente un sentimiento para convertirse en decisiones concretas capaces de proteger la dignidad de quienes buscan una vida mejor.
Un agradecimiento a quienes acogen
León XIV quiso dedicar unas palabras de especial reconocimiento a los habitantes de Lampedusa, cuya solidaridad ha convertido a la isla en un lugar de acogida para miles de personas. El Papa agradeció el trabajo de los voluntarios, asociaciones, Guardia Costera, autoridades civiles, personal sanitario, sacerdotes, religiosos, educadores, psicólogos y fuerzas de seguridad que, desde hace años, acompañan a quienes llegan a la isla tras peligrosas travesías. También tuvo palabras de afecto para los propios migrantes presentes en la celebración, recordando que muchos de ellos han demostrado una extraordinaria solidaridad ayudándose unos a otros incluso durante el viaje.
Europa, llamada a responder con visión de futuro
Desde este pequeño territorio situado entre África y Europa, León XIV dirigió una reflexión especialmente significativa al continente europeo. Afirmó que Europa posee una responsabilidad singular por su historia, su cultura y su posición geográfica, y aseguró que dispone de la capacidad necesaria para afrontar el fenómeno migratorio mediante políticas estables que no se limiten a responder únicamente a las emergencias. El Santo Padre defendió un enfoque que permita acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, al tiempo que impulse el desarrollo de los países de origen para que nadie se vea obligado a abandonar su tierra por necesidad.
"La fe nunca puede convertirse en motivo de exclusión"
Durante su homilía, León XIV recordó además que la pertenencia religiosa jamás debe utilizarse para justificar la discriminación. Subrayó que Cristo derribó los muros que separaban a los pueblos y recordó que el amor a Dios siempre está inseparablemente unido al amor al prójimo. Para el Pontífice, la acogida del otro constituye una consecuencia directa del Evangelio y no una opción secundaria para los creyentes.
El gesto de un niño que emocionó al Papa
Uno de los momentos más conmovedores de la visita se produjo cuando un niño migrante entregó al Santo Padre un balón de fútbol acompañado de una carta. En ella contaba que había llegado solo a Lampedusa diez años atrás, tras perder a su madre durante la travesía, y explicaba que un sencillo balón de papel fue el primer regalo que le devolvió la esperanza.
Ahora deseaba que el Papa entregara ese nuevo balón a otro niño para que pudiera experimentar la misma alegría que él recibió entonces.
Una invitación a redescubrir la humanidad
Con esta visita pastoral, León XIV ha querido recordar que el drama migratorio no puede contemplarse únicamente desde perspectivas políticas, económicas o geográficas.
Para el Papa, detrás de cada persona que cruza el Mediterráneo existe una historia, un rostro y una dignidad que reclaman cercanía, compasión y responsabilidad compartida.
Desde la pequeña isla de Lampedusa, convertida en frontera entre la esperanza y el sufrimiento, León XIV ha recordado al mundo que el Evangelio comienza siempre cuando dejamos de pasar de largo y decidimos acercarnos al hermano que más nos necesita.
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