“Recobren valor”: el Papa León XIV anima a los jóvenes a liderar la paz en un mundo herido
2 de febrero del 2026
En un encuentro marcado por la esperanza, la responsabilidad y la mirada puesta en el futuro, Papa León XIV dirigió un mensaje firme y cercano a un centenar de jóvenes líderes procedentes de distintos países, reunidos en el Vaticano con motivo de la convención de la Escuela de Liderazgo Sinodal Global. Desde la Sala Clementina, el Pontífice exhortó a las nuevas generaciones a no dejarse vencer por el miedo ni por el cansancio ante los desafíos del presente, y a recuperar el coraje necesario para construir la paz allí donde viven, estudian y trabajan.
El encuentro, celebrado el sábado 31 de enero bajo el lema “Una humanidad, un planeta”, se concibió como un verdadero laboratorio de innovación social, orientado a traducir los grandes retos de la humanidad y del cuidado de la casa común en iniciativas concretas. En ese contexto, el Papa quiso recordar a los jóvenes que su liderazgo no es una carga solitaria, sino una misión compartida, sostenida por la fe y abierta al diálogo.
“Ante los numerosos retos del presente, recobren valor: la paz nace cuando nadie queda excluido y cada vida es cuidada como un don”.
La diversidad como camino de comunión
En su discurso, el Santo Padre puso en valor la riqueza que supone la diversidad cultural, nacional y religiosa de los participantes. Lejos de ser un obstáculo, afirmó, estas diferencias están llamadas a convertirse en un espacio fecundo de colaboración y crecimiento, siempre que se vivan desde una auténtica actitud sinodal.
La sinodalidad —explicó— no es una simple metodología organizativa, sino una forma concreta de comunión que enseña a escuchar de verdad, a acoger la percepción del otro y a buscar juntos la verdad sin miedo a la confrontación. Se trata de aprender a componer visiones de conjunto que respeten la complejidad del mundo actual sin caer en la confusión ni en la superficialidad.
En este sentido, el Papa subrayó que el estilo sinodal es especialmente necesario para los jóvenes líderes de hoy, llamados a tender puentes en sociedades fragmentadas y a generar espacios donde el diálogo supere la rivalidad y la desconfianza.
Liderazgo joven y responsabilidad por la paz
Al evocar la exhortación apostólica Querida Amazonía de su predecesor, el Papa León XIV recordó los “cuatro sueños” —eclesiales, ecológicos, sociales y culturales— como horizontes que siguen siendo urgentes en un mundo marcado por la injusticia, la violencia y la guerra. En este contexto, invitó a los jóvenes a invertir lo mejor de su energía y creatividad en la construcción de un futuro más humano.
El Pontífice insistió en que la paz no es una idea abstracta ni un ideal lejano. Es, ante todo, un don recibido de quienes nos precedieron, un bien por el que hay que dar gracias y una alianza que compromete a todos. Honrar la paz cuando existe y buscarla con determinación cuando falta forma parte, dijo, de la vocación propia de todo líder cristiano.
Esta responsabilidad, añadió, no se limita a las relaciones entre Estados, sino que se concreta en la vida cotidiana: en los barrios, en las universidades, en los lugares de trabajo y en cada espacio donde se forjan las relaciones humanas.
Cuidar a los más pequeños para construir lo grande
En uno de los pasajes más incisivos de su intervención, el Papa León XIV subrayó que no puede haber paz verdadera mientras la humanidad siga librando una guerra contra sí misma, descartando a los más débiles y permaneciendo indiferente ante el sufrimiento de los pobres, los refugiados y los oprimidos. Sólo quien cuida de los pequeños —afirmó— es capaz de realizar obras verdaderamente grandes.
En esta línea, recordó, haciéndose eco de Santa Teresa de Calcuta, que el aborto constituye hoy uno de los mayores destructores de la paz, porque niega el derecho fundamental a la vida de los más indefensos. Ninguna política, advirtió, puede ponerse auténticamente al servicio de los pueblos si excluye a quienes están por venir al mundo o si abandona a quienes viven en la indigencia material y espiritual.
El Papa animó también a los jóvenes a promover formas participativas de vida política e institucional, capaces de involucrar a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, como base para edificar una fraternidad universal que sea signo de un tiempo nuevo.
Al concluir su discurso, el Santo Padre volvió a dirigirse a los jóvenes con palabras de aliento, recordándoles que no están solos en su compromiso por la paz y la fraternidad. Confiándolos a la providencia de Dios, que ha entregado la tierra como hogar común para todos los pueblos, les impartió su Bendición Apostólica.
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