Santa Rosa de Lima: “una joven feliz” que vivió encendida por el amor de Dios, afirma arzobispo
01 de Septiembre del 2026
El Arzobispo de Arequipa, Mons. Javier del Río, defendió la vida espiritual de Santa Rosa de Lima frente a quienes han interpretado sus prácticas de penitencia y mortificación desde una perspectiva contemporánea. El prelado aseguró que la primera santa de América no fue una mujer “desequilibrada”, sino una “joven feliz” que encontró en el amor de Dios el sentido de su existencia.
En un mensaje dedicado a la santa limeña, difundido el 28 de agosto, Mons. Del Río explicó que la vida de Santa Rosa debe comprenderse teniendo en cuenta su fe, la época en la que vivió y, sobre todo, su profunda relación con Jesucristo.
Santa Rosa de Lima nació en 1586 y murió en 1617, a los 31 años. Su vida estuvo marcada por una intensa oración, ayunos y diversas prácticas de penitencia. Estas expresiones de su espiritualidad han sido cuestionadas por algunas personas que, según el arzobispo, han juzgado su vida sin considerar adecuadamente el contexto religioso y cultural de su época.
“Mucho se ha escrito sobre esta joven limeña”, señaló Mons. Del Río, quien lamentó que algunos hayan reducido su experiencia espiritual a una supuesta alteración psicológica.
Para el arzobispo, esta interpretación deja de lado el elemento fundamental para comprender a la santa: su encuentro personal con Dios.
El amor de Cristo como centro de su vida
Mons. Del Río destacó que el camino espiritual de Santa Rosa no comenzó con las prácticas de mortificación, sino con el descubrimiento del amor misericordioso de Dios manifestado en Jesucristo.
Según explicó, fue Cristo quien la atrajo hacia Él y le permitió descubrir progresivamente el amor que Dios tiene por cada persona. Santa Rosa, por su parte, respondió entregándose completamente a ese amor.
Esta relación alcanzó una expresión particular en el llamado desposorio místico que Santa Rosa vivió en 1617. De acuerdo con la tradición, Jesús le dijo: “Rosa, sé tú mi esposa”.
Para el prelado, esta experiencia ayuda a comprender por qué la santa quiso compartir los sufrimientos de Cristo. Su penitencia, por tanto, no puede separarse del profundo amor que sentía por Jesús.
La espiritualidad de Santa Rosa incluía noches de oración, ayunos y diferentes formas de mortificación corporal. Entre ellas se encontraban el uso de una corona de espinas y una cadena de hierro alrededor de la cintura.
Estas prácticas, consideradas dentro del contexto de su vida espiritual, han sido descritas por algunos estudiosos como expresiones de una penitencia orientada al amor de Dios y no como una búsqueda del sufrimiento por sí mismo.
Una santa que encontró la felicidad en Dios
Mons. Del Río subrayó que Santa Rosa no solamente experimentó momentos de sufrimiento, sino también una profunda alegría espiritual.
El arzobispo recordó algunas de sus palabras sobre la gracia de Dios y destacó que la santa llegó a descubrir en ella una fuente de belleza, riqueza y felicidad.
“Sí, Santa Rosa de Lima fue una joven feliz porque se entregó, sin cálculos, a Dios y a los hombres”, afirmó el prelado.
Su amor a Dios se manifestó también en su preocupación concreta por quienes sufrían. Santa Rosa ayudaba a personas necesitadas con los recursos que tenía a su alcance y buscaba por las calles de Lima a enfermos que habían sido abandonados.
En ocasiones los llevaba a su propia casa para atenderlos y cuidarlos. Para ella, explicó Mons. Del Río, Jesús era el verdadero “Doctorcito”, a quien acudía para servir a los demás.
Una vida entregada a los demás
El arzobispo resaltó que la caridad de Santa Rosa no estaba limitada únicamente a quienes padecían necesidades materiales. Su preocupación abarcaba también la salvación espiritual de todas las personas.
En este sentido, recordó que San Juan Pablo II la presentó como una evangelizadora valiente, destacando su deseo de anunciar a Dios a quienes encontraba.
Santa Rosa hablaba de la fe con las personas que la rodeaban y animaba también a los sacerdotes a llevar el Evangelio a lugares donde todavía no era conocido.
De esta manera, su vida unió la oración contemplativa con el servicio concreto y el deseo de anunciar a Cristo.
Tres dimensiones de la vida cristiana
Mons. Del Río resumió el legado espiritual de Santa Rosa de Lima en tres aspectos fundamentales: la intimidad con Dios, el amor y servicio a los pobres y el compromiso con la salvación de los demás.
Para el arzobispo, estas tres dimensiones muestran que la vida cristiana no consiste solamente en una relación personal con Dios, sino que ese encuentro está llamado a traducirse en amor concreto hacia los demás y en un deseo de compartir la fe.
“En Santa Rosa de Lima vemos con nitidez las tres dimensiones de la vida cristiana: la intimidad con el Señor, de la cual brota la solicitud por los pobres y el celo por la salvación del mundo entero”, concluyó.
La figura de Santa Rosa de Lima, cuya fiesta se celebra el 30 de agosto en Perú y en diversos países, continúa siendo así un referente de vida espiritual, caridad y evangelización para millones de fieles.
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