Discernir para elegir con Dios: el nuevo libro que invita a ordenar la inteligencia y la voluntad
28 de enero del 2026
En plena cultura de la indecisión, donde multiplicar opciones no siempre significa saber elegir, el discernimiento aparece como una de las tareas espirituales más urgentes para el cristiano contemporáneo. ¿Cómo saber qué quiere Dios de uno? ¿Cómo evitar quedar atrapado en la especulación sin pasar jamás a la acción? Estas preguntas atraviesan el nuevo libro del sacerdote argentino Pablo Tomás Patrito, titulado El discernimiento, o el arte de elegir con criterio, en el que propone una vía para orientar la vida hacia una decisión clave: “querer siempre lo que Dios quiere”.
Licenciado en Filosofía y Teología, con experiencia académica en Doctrina Social de la Iglesia y responsable de diversos espacios de evangelización digital, el P. Patrito recoge en esta obra gran parte de sus años acompañando direcciones espirituales, entrevistas y diálogos con jóvenes y adultos que se debaten entre el deseo de seguir a Cristo y los miedos que frenan su paso.
“Discernir no es quedarse pensando para siempre, sino aprender a querer lo que Dios quiere y caminar hacia ello con libertad”
Inteligencia y voluntad: dos obstáculos que paralizan el alma
Uno de los aspectos centrales que desarrolla el autor es que el discernimiento no comienza en las emociones, sino en el orden de la inteligencia y la voluntad. Según su experiencia pastoral, el primer obstáculo para discernir tiene que ver con la falta de criterio: formas de sentir o pensar que no se ajustan al Evangelio y que llevan a leer la realidad con categorías distorsionadas. Sin una inteligencia educada, el alma se extravía en interpretaciones equivocadas.
El segundo obstáculo se sitúa en la voluntad: incluso cuando se reconoce lo que está bien, suele aparecer una resistencia interna que prioriza deseos particulares sobre la voluntad de Dios. Muchas veces —advierte— no se trata de elegir entre lo bueno y lo malo, sino entre lo bueno y lo mejor, o entre lo cómodo y lo verdadero. Cuando lo propio ocupa el trono en lugar de Dios, los deseos se desordenan y el discernimiento se vuelve confuso.
Un discernimiento que se juega en lo cotidiano y exige decisión
El libro insiste en que el discernimiento no es una teoría abstracta sino una práctica diaria. Para el autor, se trata de aprender a preguntarse continuamente: “¿Qué quiere Dios aquí, ahora, en esta circunstancia concreta?”. Esta perspectiva evita reducir el discernimiento a momentos excepcionales o a elecciones dramáticas, y permite detectar la voluntad de Dios en el trabajo, en la familia, en el estudio o en la vida eclesial.
Pero Patrito advierte un peligro frecuente: confundir discernir con rumiar eternamente lo mismo. La indecisión prolongada —señala— termina siendo una forma de evadir el compromiso. Al igual que quien mira un camino sin atreverse a dar el primer paso, algunos creyentes se quedan en el plano teórico, sin pasar de la idea a la acción, de la verdad a la caridad. Por eso insiste en que discernir siempre debe conducir a decidir, aunque exista riesgo de equivocarse, porque la gracia actúa en el movimiento, no en la parálisis.
Vocación, matrimonio y libertad: las grandes preguntas que piden respuesta
En el terreno vocacional, el libro aborda varios mitos frecuentes en quienes buscan orientarse. Sobre el matrimonio, el sacerdote advierte la tentación de construir expectativas irreales, proyectando deseos y emociones sin confrontarlos con el Evangelio. Desde esta óptica, muchos preguntan por qué no existe “alguien destinado exclusivamente para mí”, cuando en realidad, recuerda Patrito, el cristiano está hecho para Dios y solo desde Él puede amar sin caer en dependencias distorsionadas.
Algo similar ocurre con la vida consagrada. El autor alienta a los varones a preguntarse al menos una vez en la vida si Dios los llama al sacerdocio, y propone lo mismo a las mujeres respecto de la vida religiosa. No como obligación sino como maduración lógica de una vida espiritual seria en la que la pregunta decisiva deja de ser “¿qué quiero yo?” para transformarse en “¿qué quiere Dios?”.
Con lucidez pastoral, también identifica un fenómeno recurrente: el del “joven rico”, aquel que desea seguir a Cristo pero se detiene cuando el llamado exige entrega, renuncias y perseverancia. No falta el deseo —señala—, falta el valor para avanzar cuando la fe deja de ser un ideal bonito y pasa a ser una decisión concreta.
Discernir para amar en libertad
El mensaje final es esperanzador: Dios respeta profundamente la libertad humana y nunca la sustituye. De allí que discernir no signifique no equivocarse, sino arriesgarse en el seguimiento de Cristo, sabiendo que Él acompaña y corrige en el camino. El discernimiento auténtico busca ordenar la inteligencia, purificar el deseo y orientar la voluntad hacia el mayor bien: la unión con Dios.
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