El Papa reclama a Europa recuperar su alma: “Sin verdades compartidas no hay paz duradera”
26 de enero del 2026
Europa atraviesa una de las etapas culturales más complejas desde el final de la Guerra Fría. A la fragmentación política y al desgaste del proyecto comunitario se suma un fenómeno más silencioso pero no menos decisivo: la dificultad para defender verdades comunes que permitan sostener la convivencia. En ese horizonte, el Papa León XIV dirigió un mensaje a los participantes de una conferencia sobre la paz celebrada en Luxemburgo, llamando a recuperar los valores católicos como fundamento para un futuro más justo, estable y humano.
La convocatoria estuvo organizada por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) junto con la Fundación Centesimus Annus Pro-Pontefice. Ambas instituciones buscan responder a una pregunta decisiva para el continente: ¿cómo construir una paz sostenible, entendida no sólo como ausencia de guerra, sino como tejido de relaciones justas, solidarias y orientadas al bien común?
La intervención del Santo Padre, transmitida a través del Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, encontró terreno fértil entre intelectuales, diplomáticos, eclesiásticos y académicos que han advertido que la crisis europea es tanto moral como geopolítica.
“Una Europa sin verdad se vuelve frágil; una Europa con verdad puede volver a ser hogar de paz”.
Un continente en búsqueda: de la “paz negativa” a la paz fundada en valores
La COMECE explicó que el objetivo de la conferencia consiste en superar una comprensión meramente táctica de la paz. Más allá del equilibrio militar o económico, la Iglesia propone una visión amplia donde la “paz social” incluye dimensiones culturales, relacionales y espirituales. En la tradición del pensamiento social católico, la paz nace de la justicia y ésta, a su vez, de una visión correcta del ser humano y de su dignidad.
León XIV alertó de que la discusión sobre los valores que fundamentan la convivencia europea se ha vuelto incómoda en diversos ambientes políticos y académicos. Según el Pontífice, hoy existe una resistencia a reconocer la aportación de la religión —y en particular del cristianismo— al bien común, no por razones filosóficas profundas, sino por la difusión del relativismo cultural que disuelve la verdad en un pluralismo ilimitado donde toda opinión se equipara.
Esta situación, señaló, dificulta la construcción de una paz duradera porque “ninguna comunidad, y menos aún un continente, puede vivir y prosperar sin verdades compartidas que orienten las normas y los valores”. Frente a quienes reducen la fe a un asunto privado y subjetivo, la Iglesia recuerda que el cristianismo europeo ha generado instituciones, derechos, sistemas de cuidado, proyectos educativos y un imaginario moral capaz de sostener la vida comunitaria durante siglos.
La crisis del relativismo y la necesidad de una antropología común
El Santo Padre atribuyó parte de la actual confusión a la propagación cultural del relativismo, fenómeno que no sólo afecta al ámbito religioso, sino también a la política, la educación y los medios de comunicación. En ese clima, afirmó, la verdad se presenta como una opinión más, y el consenso social como resultado de cálculos coyunturales, no de búsqueda del bien verdadero.
Para León XIV, la respuesta consiste en recuperar una verdad fundamental: la persona humana es creada a imagen y semejanza de Dios. Desde esta perspectiva antropológica nacen nociones como la dignidad inviolable, la igualdad esencial, el valor del trabajo, la centralidad de la familia y la obligación moral de defender la vida en todas sus etapas. Sin esta base, el continente pierde su alma y la política se transforma en mera administración de intereses.
El Papa recordó además una enseñanza de San Juan Pablo II, quien insistía en que no puede haber progreso auténtico sin el respeto al derecho natural y a la capacidad del hombre para conocer la verdad y vivir conforme a ella. Una Europa que renuncie a la verdad se condena a convivir en el desencanto, la polarización y la debilidad moral frente a poderes que no comparten su herencia humanista.
La Doctrina Social de la Iglesia como contribución para el futuro europeo
Frente a esta crisis, León XIV subrayó que la Doctrina Social de la Iglesia no es una nostalgia histórica ni un discurso meramente confesional. Por el contrario, constituye una de las aportaciones intelectuales más sólidas y transversales al debate sobre la convivencia civil. En ella convergen principios que pueden dialogar con creyentes y no creyentes: la primacía de la dignidad humana, la solidaridad, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes, la defensa del trabajo, la protección de los más vulnerables y la visión comunitaria del desarrollo.
El Santo Padre subrayó que esta tradición de pensamiento “trasciende fronteras”, ofrece criterios estables para discernir y crea espacios para la cooperación internacional. En un mundo fracturado, la Iglesia propone una clave antropológica y moral para reconstruir la unidad sin borrar identidades y para defender la libertad sin caer en la insolidaridad.
La paz europea —recordó el mensaje papal— no será fruto de la inercia ni del mero equilibrio militar, sino de decisiones culturales y políticas que devuelvan al continente su fundamento más profundo. La historia demuestra que cuando Europa olvida su raíz espiritual, pierde orientación. Y cuando la recupera, florece.
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