La bendición de los animales en la fiesta de San Francisco de Asís: un gesto de amor que une al hombre con la creación

06 de octubre de 2025
San Francisco Animales
Cada 4 de octubre, miles de fieles en todo el mundo se reúnen para celebrar la memoria de San Francisco de Asís, el santo que descubrió en cada criatura el reflejo del amor de Dios. La tradición de bendecir a los animales, inspirada en su vida y espiritualidad, es hoy un signo de ternura, fraternidad y respeto hacia la creación.
“San Francisco nos recuerda que toda criatura es un espejo de la bondad de Dios. Bendecir a los animales es bendecir la vida misma”, afirman los franciscanos en torno a esta fiesta universal del amor por la naturaleza.

«Bendecir a los animales no es un acto menor, es un recordatorio de que toda la creación está llamada a alabar al Creador. Como Francisco, aprendamos a mirar cada ser vivo como un hermano.»

Un gesto que nace del corazón franciscano

La celebración de la bendición de los animales tiene su raíz más profunda en la espiritualidad de San Francisco de Asís, aquel joven nacido en Umbría en el siglo XIII que renunció a todo para seguir a Cristo pobre y humilde. Su amor por la creación no era sentimentalismo, sino una experiencia teológica: veía en cada criatura un hermano o una hermana que hablaba del Creador.

El Papa Pío XI, en su encíclica Rite Expiatis, describió a San Francisco como un hombre “unido a los animales en una especie de hermandad”, alguien que “llamaba hermano y hermana incluso a las criaturas más pequeñas” porque “veía en todas la bondad de Dios”.

Ese amor, señala el Pontífice, no nacía de una emoción pasajera, sino de una convicción profunda: amar la creación es amar al Creador. De ahí surge la costumbre, extendida en todo el mundo católico, de bendecir a los animales el día de su fiesta, como signo visible de gratitud hacia el Creador y de comunión con todas sus criaturas.

En muchas parroquias y conventos franciscanos, familias enteras se acercan con sus mascotas —perros, gatos, pájaros o incluso caballos— para recibir la bendición del sacerdote, quien ora para que Dios derrame su gracia sobre los animales y sobre quienes los cuidan.

La bendición en la tradición litúrgica de la Iglesia

El rito de bendición de animales está recogido oficialmente en el De Benedictionibus, el libro litúrgico que reúne las fórmulas y oraciones de bendición de la Iglesia. Allí se recuerda que “Dios creó al hombre y lo puso en la tierra para que, dominando a todos los animales, confesara la gloria del Creador”.

Una de las oraciones del ritual expresa con belleza esta relación de gratitud y servicio:

“Dios, que todo lo creaste con sabiduría, extiende propicio tu diestra y concédenos que estos animales sirvan a nuestras necesidades, y que nosotros, tus siervos, ayudados por estos auxilios presentes, busquemos con más confianza los bienes eternos.”

Lejos de un simple acto simbólico, este gesto es una manifestación concreta de la fe, que recuerda al hombre su deber de custodiar la creación con gratitud y respeto.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 2416, enseña que los animales son criaturas de Dios y, como tales, deben ser tratados con bondad. “Con su mera existencia —dice el texto— bendicen y glorifican al Señor.” Por eso, la Iglesia invita a reconocer el papel que ocupan los animales en la vida humana, como compañeros y como signos del amor providente de Dios.

Incluso la Comisión Teológica Internacional, en un documento de 2004, subrayó que la responsabilidad del hombre hacia la creación “se extiende al mundo animal” y que el creyente está llamado a “acogerlos con gratitud, adoptando una actitud eucarística ante cada criatura”.

La bendición de los animales: un signo que transforma al hombre

Más allá de su valor simbólico, la bendición de los animales tiene un efecto benéfico y educativo. Así lo afirmaba San Juan Pablo II, quien veía en el respeto hacia los animales un modo de crecer en humanidad: “La educación al respeto de los animales y de toda la creación tiene un efecto positivo en el ser humano, porque desarrolla en él sentimientos de equilibrio, moderación y nobleza”.

Según el Papa polaco, amar y respetar la creación ayuda al hombre a elevar su mirada hacia el Creador, a descubrir en la belleza de la naturaleza el reflejo de la grandeza divina.

En la actualidad, muchas diócesis y comunidades cristianas promueven este gesto como una oportunidad para reforzar el vínculo entre fe y ecología. La Arquidiócesis de Washington, por ejemplo, recuerda que bendecir a los animales “ayuda a reconocerlos como dones de Dios y a valorar el lazo de cariño y servicio que nos une a ellos”.

En tiempos en que la indiferencia ambiental y el maltrato animal son realidades dolorosas, esta práctica se convierte en una llamada a la conversión ecológica que el Papa Francisco ha promovido en su encíclica Laudato si’.

“El amor de San Francisco hacia cada criatura —escribió el Pontífice— era una forma de reconocer que todo está conectado, que la creación entera canta las alabanzas de Dios.”

Una bendición sin fronteras: también online

En una muestra de creatividad pastoral, la Iglesia también ha encontrado nuevas formas de acercar esta bendición a los fieles. Este año, el Cardenal Fernando Chomalí, Arzobispo de Santiago de Chile, convocó a una bendición online de mascotas, transmitida en directo por redes sociales y plataformas digitales.

La iniciativa, abierta a personas de toda Hispanoamérica, permitirá que quienes no puedan asistir presencialmente se unan espiritualmente a esta oración comunitaria. “Queremos que nadie quede fuera de este gesto de amor por la creación”, afirmó el purpurado chileno, invitando a los fieles a conectarse a través de Zoom, YouTube o Facebook.

De esta manera, la tradición de bendecir a los animales trasciende templos y plazas, y se adapta a los tiempos modernos sin perder su esencia: unir al hombre con Dios a través de la gratitud y el amor a todas las criaturas.

Cada año, millones de fieles en el mundo acuden con sus mascotas a recibir la bendición. Algunos lo hacen por devoción, otros por cariño, y muchos por una fe sencilla que reconoce en su perro, gato o ave la ternura del Creador.

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