La fe habla también en clave científica: el P. Robert Spitzer explica en SEEK 2026 los milagros eucarísticos y el misterio de Guadalupe
7 de enero del 2026
La conferencia SEEK 2026, uno de los mayores encuentros universitarios católicos de Estados Unidos, se ha convertido estos días en un auténtico laboratorio de diálogo entre fe, razón y cultura contemporánea.
En una de las sesiones más concurridas celebradas en Columbus (Ohio), el jesuita Robert Spitzer ofreció una exposición rigurosa y apasionada sobre los milagros eucarísticos y la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, mostrando cómo la ciencia moderna, lejos de oponerse a la fe, puede convertirse en un lenguaje privilegiado para abrir el corazón de una generación marcada por el escepticismo.
Sacerdote, divulgador y fundador del Magis Center, Spitzer es conocido por su capacidad para tender puentes entre el pensamiento científico y la teología católica. Ante un auditorio repleto de jóvenes universitarios, dejó claro desde el inicio el propósito de su intervención: presentar datos, análisis y evidencias que apunten con seriedad intelectual a la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, sin forzar la fe ni anular la libertad de la persona.
“Dios parece hablar a una generación escéptica utilizando el lenguaje de la ciencia, para mostrar que la fe y la razón no se contradicen, porque proceden de la misma fuente.”
Milagros eucarísticos bajo la lupa de la ciencia
El núcleo de la conferencia se centró en el estudio de tres conocidos milagros eucarísticos contemporáneos: Buenos Aires (1996), Tixtla (2006) y Sokółka (2008). Spitzer explicó con detalle los procesos de análisis científico a los que fueron sometidos estos fenómenos, siempre por investigadores independientes y bajo protocolos estrictos.
En el caso de Buenos Aires, relató cómo una hostia consagrada, que debía disolverse según la praxis litúrgica, permaneció intacta durante años y comenzó a mostrar una sustancia de aspecto orgánico. Los estudios posteriores identificaron tejido muscular cardíaco humano, concretamente del ventrículo izquierdo, con presencia de glóbulos blancos vivos, algo científicamente inexplicable fuera de un organismo vivo. El análisis contó con el aval pastoral del entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.
Un fenómeno similar se observó en Tixtla, México, donde una hostia sangró durante la celebración eucarística. Los exámenes histológicos y moleculares confirmaron la presencia de tejido cardíaco vivo y sangre en activo funcionamiento inmunológico, sin signos de descomposición. En Sokółka, Polonia, la microscopía electrónica reveló una fusión imposible —desde el punto de vista natural— entre el pan consagrado y fibras de músculo cardíaco humano a nivel molecular.
Spitzer subrayó que estos hechos no pretenden imponer la fe, sino mostrar que, cuando se investigan con honestidad, abren preguntas profundas que la ciencia por sí sola no puede cerrar.
Guadalupe: un signo que desafía al tiempo y a la técnica
La reflexión se extendió también al misterio de la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, conservada desde 1531. Spitzer explicó que el soporte —fibras de agave— debería haberse degradado hace siglos, y sin embargo la imagen permanece intacta, sin grietas ni pérdida de color. Los pigmentos no responden a técnicas pictóricas conocidas y presentan un comportamiento óptico comparable al de estructuras naturales como las alas de una mariposa.
Uno de los aspectos que más impresionó al auditorio fue la referencia a los estudios realizados sobre los ojos de la Virgen, donde se habrían detectado reflejos microscópicos coherentes con la escena histórica de la aparición a Juan Diego. A ello se suma la correspondencia exacta entre las estrellas del manto y el cielo nocturno de México el 12 de diciembre de 1531, desde una perspectiva imposible para un observador humano.
Para Spitzer, estos elementos no buscan sustituir la fe, sino acompañarla: Dios parece hablar a una generación formada en la ciencia utilizando precisamente su propio lenguaje.
Una invitación a creer razonablemente
En declaraciones posteriores, Spitzer insistió en que la ciencia no ha refutado a Dios, como a menudo se afirma, sino que hoy existen más indicios científicos que apuntan a una realidad trascendente que en cualquier otro momento de la historia. Recordó que una mayoría significativa de jóvenes científicos reconoce creer en Dios o en un poder superior, y destacó el caso del investigador Ricardo Castañón Gómez, cuya conversión estuvo directamente vinculada a sus estudios sobre milagros eucarísticos.
El sacerdote jesuita puso como ejemplo luminoso a Carlo Acutis, quien supo unir pasión por la Eucaristía, uso responsable de la tecnología y rigor intelectual. Para Spitzer, Carlo muestra que la santidad no está reñida con la inteligencia ni con la ciencia, sino que ambas pueden caminar juntas cuando tienen su origen en la verdad.
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