Redes sociales y fe cristiana: un sacerdote argentino traza un mapa espiritual para el mundo digital
21 de enero del 2026
En tiempos donde la comunicación se mide en notificaciones, “likes” y reacciones instantáneas, surge una pregunta que interpela profundamente a los creyentes: ¿cómo vivir la fe cristiana en el espacio digital? ¿Es posible ser discípulos de Cristo en un ambiente marcado por el anonimato, la velocidad y la polarización? Estas reflexiones están en el corazón del nuevo libro del sacerdote argentino Gregorio Nadal, Cómo ser cristianos en las redes sociales, una obra que propone un itinerario interior para navegar con humanidad y responsabilidad en el universo de las plataformas digitales.
No se trata —subraya el autor— de un manual de estrategias para evangelizar ni de un discurso moralista sobre el uso de la tecnología, sino de una invitación a mirar hacia dentro: a descubrir qué produce en el alma la exposición constante a pantallas, opiniones, contenidos y reacciones. Y, sobre todo, a comprender cuál es el aporte específico del cristiano en esos espacios: no el de “ganar debates”, sino el de humanizar y hacerse prójimo.
“Ser cristiano en las redes no es gritar más fuerte, sino aprender a ser prójimo también en una pantalla.”
Un diagnóstico del ecosistema digital: agresividad, dispersión y reactividad
Nadal reconoce que el entorno de las redes sociales está lejos de ser neutral. Sus lógicas y dinámicas afectan la interioridad, la atención y el modo en que los seres humanos se relacionan entre sí. Inspirado en la encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco y en el documento del Dicasterio para la Comunicación Hacia una plena presencia (2023), el sacerdote describe tres desafíos principales.
El primero es la agresividad normalizada, una suerte de violencia verbal que se ha vuelto paisaje cotidiano. “No es solo lo que decimos —advierte el autor—, sino también lo que consumimos, lo que compartimos y lo que dejamos entrar al corazón”. Aunque uno no participe activamente en esa espiral, la exposición continua moldea la mirada, enfría la paciencia y deteriora el vínculo social.
El segundo reto es la dispersión interior, fruto de una hiperconexión que fragmenta la atención y debilita el silencio. La tecnología —señala el documento citado— configura la interioridad y condiciona el modo en que la persona percibe, piensa y decide. Desde la perspectiva cristiana, esto no es un detalle secundario: el silencio es lugar de encuentro con Dios y sin él resulta difícil discernir.
A estos dos elementos se suma la reacción inmediata, un modo de responder impulsivamente que contrasta con el estilo evangélico, más reflexivo y paciente. Nadal recuerda que el cristiano no puede reducir la palabra a arma arrojadiza, incluso cuando defiende valores verdaderos. Recuperar el intervalo entre estímulo y respuesta es, en este sentido, ejercicio espiritual decisivo.
Una pedagogía para jóvenes hiperconectados: cuidar la atención, custodiar el corazón
Con una especial sensibilidad pedagógica, el sacerdote se dirige también a los jóvenes, a quienes invita a formularse preguntas sencillas pero profundas: cómo entran y cómo salen de las redes, qué emociones se despiertan al exponerse a ciertos contenidos, y quién está eligiendo realmente: la persona o el algoritmo.
Para Nadal, el gran tesoro a custodiar es la atención, porque —recordando el Evangelio— donde está el tesoro, allí está el corazón. Cuidar la atención implica introducir pequeñas prácticas de “sobriedad digital”: caminar sin auriculares, sostener conversaciones sin interrupciones, leer en silencio, orar sin notificaciones, estar con otros “entero y no a medias”. No se trata de huir del entorno digital, sino de evitar que lo digital colonice el centro de la vida.
En el ámbito de la palabra, el autor propone una regla sencilla: detenerse un instante antes de escribir o responder. En ese segundo mínimo —afirma— se juega la libertad interior. “La libertad no consiste en decirlo todo, sino en elegir desde dónde y para qué hablamos”. En una cultura estimulada a reaccionar, la pausa es acto de resistencia y también de caridad.
Más allá de las estrategias: evangelizar en el mundo digital desde la presencia
Uno de los núcleos más significativos del libro es la reflexión sobre el valor agregado del cristiano en las redes. No consiste en desplegar recursos retóricos para “ganar discusiones” ni en amplificar visibilidad, sino en ser prójimo en el espacio digital. Donde abundan la burla, el sarcasmo y el rechazo, el cristiano está llamado a ofrecer cercanía, cuidado y respeto.
Esto puede tomar múltiples formas: defender con serenidad a quien es atacado injustamente, consolar en privado a quien sufre, evitar la difusión de contenido humillante, o simplemente elegir el silencio cuando el clima no permite construir puentes. Para Nadal, la evangelización digital no puede reducirse a estrategia, porque la comunicación cristiana es ante todo presencia, y la presencia no se calcula: se habita.
En una realidad donde abundan “heridos digitales” —personas ridiculizadas, canceladas o expuestas— el reto es no pasar de largo. Como en la parábola del buen samaritano, el acto clave es detenerse, mirar con compasión, no reducir al otro a un error o a una opinión, y preguntarse quién necesita ser cuidado en esa interacción concreta.
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