Estados Unidos será consagrado al Sagrado Corazón de Jesús: una nación que busca renovar su fe en tiempos de prueba

13 de noviembre del 2025
Corazón de Jesús

En un gesto de profunda dimensión espiritual y pastoral, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) aprobó la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús con motivo del 250º aniversario de la independencia nacional, que se celebrará en 2026.


El acto, que se prepara con gran expectación, será un momento de gracia para toda la Iglesia norteamericana, que desea “encomendar la nación al amor y al cuidado del Corazón de Cristo”, según anunció 
Mons. Kevin Rhoades, obispo de Fort Wayne-South Bend (Indiana).


“Consagrar la nación al Sagrado Corazón es recordar que el amor de Cristo es el fundamento sobre el cual se edifica toda sociedad verdaderamente libre y justa”, afirmó Mons. Rhoades.

“Consagrar Estados Unidos al Sagrado Corazón es renovar la promesa de construir una nación fundada en el amor de Cristo, capaz de transformar el miedo, el egoísmo y la división en esperanza, justicia y comunión.”

Una consagración nacional al amor que todo lo transforma



La decisión fue tomada durante la Asamblea Plenaria de Otoño celebrada en Baltimore, donde los obispos votaron unánimemente por renovar el compromiso de Estados Unidos con el Corazón de Jesús, símbolo de su amor redentor y fuente de unidad.


El obispo Rhoades explicó que esta consagración “será una oportunidad para que los fieles recuerden su misión de transformar el orden temporal a la luz del Evangelio”, como lo enseña el 
Concilio Vaticano II.


La iniciativa evoca una tradición centenaria dentro de la Iglesia. “Hace cien años, en su encíclica Quas Primas, el Papa Pío XI —siguiendo la enseñanza de León XIII— promovió la costumbre de consagrar personas, familias e incluso naciones al Sagrado Corazón de Jesús, como expresión de la soberanía de Cristo sobre el mundo”, recordó Rhoades.


La consagración no será un mero acto simbólico, sino un itinerario de conversión personal y comunitaria. Para prepararla, los obispos elaborarán una novena nacional de oración, junto con materiales pastorales para parroquias, diócesis y grupos apostólicos. “Queremos que toda la Iglesia en Estados Unidos participe de esta renovación espiritual —dijo el prelado—, para que cada corazón se una al Corazón de Cristo”.


Una devoción que une pasado, presente y futuro


La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene raíces profundas que se remontan al siglo XVII. En 1673, una humilde religiosa francesa, Santa Margarita María de Alacoque, recibió en el convento de Paray-le-Monial una serie de visiones en las que el mismo Jesús le reveló su Corazón como fuente inagotable de misericordia.


Durante dieciocho meses, el Señor le enseñó a honrar su Corazón mediante 
la Hora Santa de los juevesla comunión reparadora de los primeros viernes y la instauración de una fiesta litúrgica dedicada a su amor redentor.


En una de las revelaciones, el 16 de junio de 1675, Cristo pidió expresamente a la santa que promoviera esta devoción y prometió gracias abundantes a quienes la difundieran. Pese a la inicial cautela de la Santa Sede, la devoción se extendió con rapidez por Francia y por toda Europa.


En 1765, el Vaticano aprobó oficialmente la 
fiesta del Sagrado Corazón, que fue extendida a toda la Iglesia universal en 1856 por el beato Pío IX. Desde entonces, esta devoción ha inspirado innumerables conversiones, familias consagradas, comunidades religiosas y naciones que se han puesto bajo la protección del Corazón de Cristo.


El Sagrado Corazón sigue siendo el símbolo supremo del amor humano y divino, fuente de paz, justicia y unidad”, recordó Rhoades, citando las palabras del Papa Francisco en su encíclica Dilexit Nos. El Pontífice ha insistido en que esta devoción no pertenece al pasado, sino que debe ocupar un lugar central en la vida cristiana contemporánea como “una escuela de amor que transforma los corazones y reconstruye el tejido social desde la misericordia”.


Una preparación espiritual para una nación que busca esperanza

El proceso de preparación hacia 2026 será guiado por un objetivo claro: renovar la fe y el compromiso cristiano del pueblo estadounidense en un tiempo de división y desconfianza.


Mons. Rhoades explicó que la USCCB pondrá a disposición 
materiales catequéticos y oraciones en varios idiomas, con el fin de llegar al mayor número posible de fieles, incluyendo comunidades hispanas, asiáticas y afroamericanas. “La devoción al Sagrado Corazón es universal —recordó—, porque habla el lenguaje del amor de Dios que todos entienden”.


El arzobispo de Seattle, Mons. Paul Etienne, pidió además que estos materiales incluyan contenidos formativos que ayuden a los católicos a comprender la riqueza espiritual de esta devoción, “que nos invita a una relación más profunda con la persona viva de Jesús”.


Por su parte, 
Mons. Arturo Cepeda, obispo auxiliar de San Antonio, sugirió que la consagración también pueda vivirse de forma doméstica: “familias, parroquias e incluso escuelas podrán consagrarse personalmente al Sagrado Corazón el mismo día de la ceremonia nacional”.


Entre las propuestas aprobadas se encuentra la posibilidad de celebrar el acto principal durante la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en junio de 2026, probablemente en Orlando (Florida), en el marco de la Asamblea de Primavera de los Obispos.


El 
arzobispo de Miami, Mons. Thomas Wenski, propuso incluso que se invite a las autoridades civiles a participar como signo de unidad entre fe y vida pública, “para que Cristo reine también en los corazones de quienes sirven a la nación”.


El acto de consagración nacional al Sagrado Corazón de Jesús marcará un nuevo capítulo en la historia espiritual de Estados Unidos. En una sociedad cada vez más secularizada, los obispos quieren recordar que solo el amor de Cristo puede sanar las heridas del alma colectiva.


Al acercarse el 250º aniversario de la independencia, la Iglesia norteamericana mira hacia el futuro con fe y gratitud, convencida de que el 
Corazón de Jesús —abierto en la cruz— sigue siendo el refugio seguro de todos los pueblos y el camino que conduce a la verdadera libertad.

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