La Virgen que desata los nudos del alma: así se ha extendido por el mundo una devoción nacida del amor y la esperanza

27 de octubre de 2025
Virgen desatanudos

De Alemania a América Latina, la advocación mariana de la Virgen Desatanudos se ha convertido en símbolo de consuelo y confianza para millones de fieles que buscan en María la ayuda para “desatar” las dificultades de la vida cotidiana


En templos, capillas y hogares de todo el mundo, una imagen sencilla y profundamente maternal se repite: la Virgen María sosteniendo entre sus manos una cinta blanca llena de nudos. Es la Virgen Desatanudos, una advocación que, en las últimas décadas, se ha extendido con fuerza en los cinco continentes, inspirando a millones de personas a confiarle sus problemas, miedos y esperanzas.


Su historia, aunque antigua, encontró un nuevo impulso en tiempos modernos gracias al Papa Francisco, que promovió esta devoción cuando aún era sacerdote en Buenos Aires. Hoy, la Virgen Desatanudos es una de las advocaciones marianas más queridas del mundo católico, especialmente en América Latina, donde numerosos templos han sido consagrados en su honor.


“La Virgen Desatanudos nos recuerda que ningún problema es demasiado pequeño ni demasiado grande para la ternura de Dios”, resume el padre Luis Pablo Garza, rector del santuario dedicado a esta advocación en Cancún.

"Pongamos en manos de María la esperanza, para ser testigos fieles del Evangelio de la misericordia y la ternura de Dios."

De Augsburgo a Roma: una devoción nacida en silencio



Aunque su difusión es reciente, el origen de la Virgen Desatanudos se remonta al siglo XVII, cuando el artista Johann Georg Melchior pintó su imagen para la iglesia de San Pedro en el Perlach, en la ciudad alemana de Augsburgo. En la obra, María aparece rodeada de ángeles, deshaciendo los nudos de una cinta que le entrega un ángel a su izquierda, mientras otro la recibe ya libre de enredos a su derecha. En el fondo, el Espíritu Santo ilumina la escena.


La inspiración del cuadro surgió de un antiguo rito matrimonial alemán: los esposos unían sus manos con una cinta blanca que simbolizaba su vínculo indisoluble. Según la tradición, una mujer angustiada por las dificultades de su matrimonio llevó ante la Virgen su cinta llena de nudos y pidió su ayuda; al regresar, la cinta estaba milagrosamente desenredada. Desde entonces, la imagen se asoció con la intercesión de María en los conflictos conyugales y en los “nudos” de la vida.


Sin embargo, la devoción permaneció casi desconocida fuera de Alemania durante siglos. Todo cambió cuando un joven jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, conoció la imagen durante su estancia en el país europeo y quedó profundamente conmovido. Al regresar a Buenos Aires, comenzó a difundirla con discreción pero con perseverancia, incluyendo una estampa de la Virgen Desatanudos en cada carta que enviaba.


Ya como Papa, Francisco ha promovido esta advocación en varios momentos significativos de su pontificado. En 2021, con motivo de la coronación pontificia de la imagen en la parroquia de San José del Talar en Buenos Aires, envió una carta exhortando a los fieles a poner en ella su “esperanza y confianza” para ser “testigos fieles y humildes del Evangelio de la misericordia”. Ese mismo año concluyó el maratón mundial del Rosario en los Jardines Vaticanos rezando ante la imagen de la Virgen Desatanudos.


Una Madre cercana que entiende los nudos de cada corazón

La fuerza de esta devoción radica en su sencillez y cercanía. No es una advocación asociada a grandes apariciones ni a mensajes proféticos, sino a la experiencia concreta de quienes sienten el peso de los problemas cotidianos. En Cancún, México, uno de los santuarios más visitados del mundo dedicados a la Virgen Desatanudos recibe diariamente a cientos de peregrinos desde su inauguración en 2016.


Su rector, el padre Luis Pablo Garza, de los Legionarios de Cristo, describe con emoción cómo la imagen toca el corazón del pueblo:


“Esta advocación transmite una maternidad muy humana. La gente llega con la confianza de quien habla con su madre: le cuenta sus problemas de trabajo, de salud, de familia… y se siente escuchada.”


Para muchos fieles, el gesto de escribir su intención o llevar una cinta blanca con un nudo, símbolo de su dificultad, tiene un profundo valor espiritual. “Cuando uno deja su cinta —explica el padre Garza— siente que ya entregó su problema a la Virgen. Es un acto de abandono y de fe que sana el alma.”


Cada cinta representa un “nudo” personal: un matrimonio en crisis, un hijo enfermo, una deuda, un miedo, un duelo. Y muchas veces, esas cintas regresan desatadas, convertidas en testimonio. “He visto familias que no podían tener hijos y hoy vienen a presentar a sus bebés como milagros de la Virgen. También personas que habían perdido la fe y aquí la recuperan”, comparte el sacerdote.


La devoción ha crecido especialmente en América Latina, donde templos, parroquias y capillas se multiplican: desde México y Costa Rica hasta Chile, Perú y Venezuela, miles de personas se encomiendan cada día a esta Virgen que, con suavidad maternal, “desata los nudos” del sufrimiento y de la desesperanza.


Un mensaje para los tiempos confusos: María sigue desenredando el alma del mundo


En un contexto marcado por el estrés, la ansiedad y la pérdida de sentido, el mensaje de la Virgen Desatanudos resuena con una actualidad sorprendente. “Vivimos rodeados de enredos interiores —explica el padre Garza—: conflictos mentales, heridas familiares, adicciones, desconfianza. Pero aquí la gente redescubre la paz. Es como si María tomara entre sus manos el hilo de nuestra vida y, con paciencia de madre, lo volviera a poner en orden.”


Para los devotos, la advocación no solo invita a pedir ayuda, sino a renovar la fe en el amor providente de Dios. Cada cinta depositada a sus pies es también un acto de confianza, una declaración silenciosa de esperanza.


Entre los testimonios más frecuentes están los de personas como Sandra Patricia, colombiana devota desde hace treinta años, quien asegura haber encontrado en esta Virgen “un refugio para cualquier problema: de salud, económico o emocional”. O el de Dafne Campos, mexicana, que acudió a la capilla de la Catedral tras perder su trabajo: “Necesitaba un poco de fe, y vine a dejarle mi nudo a la Virgen. Me siento en paz.”


El mensaje, insiste el sacerdote, es universal: “María quiere recordarnos que no estamos solos. Tenemos una Madre en el cielo que escucha, que se inclina sobre nosotros y nos ayuda a recomponer lo que parece roto. Cada nudo desatado es una gracia, un encuentro con su ternura y con el amor de su Hijo.”


Una devoción sencilla que sana el corazón


Hoy, la imagen de la Virgen Desatanudos puede encontrarse en iglesias, hogares y oratorios de todo el mundo, testimonio de un movimiento espiritual que une lo cotidiano con lo divino. En tiempos de incertidumbre, su figura serena y sus manos pacientes recuerdan que el amor de Dios actúa en los detalles más simples.


En palabras del Papa Francisco, que la ha llevado en el corazón desde sus años de sacerdocio:


La Virgen Desatanudos, la Madre que toma nuestras cintas enredadas, sigue enseñando al mundo que la fe comienza allí donde el alma confía, incluso entre los nudos.

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