La Navidad de la esperanza: el Vaticano revela el pesebre y el árbol que engalanarán la Plaza de San Pedro en 2025

09 de octubre de 2025
Navidad
Un majestuoso abeto de los Alpes italianos y un belén lleno de símbolos espirituales y raíces populares de Campania vestirán la Plaza de San Pedro esta Navidad Jubilar. El arte, la fe y la tradición se unirán para proclamar el mensaje eterno del nacimiento de Cristo.

“El pesebre es un Evangelio vivo: cada figura, cada gesto y cada piedra nos recuerdan que Dios eligió hacerse pequeño para habitar entre nosotros.”

«La Navidad es el recordatorio eterno de que Dios eligió la pequeñez, la pobreza y la ternura para redimir al mundo.»

Un árbol de los Alpes y un belén del sur de Italia: la unión simbólica de dos corazones del país

El Vaticano ha anunciado los detalles del que será el gran escenario navideño de la Plaza de San Pedro para este 2025, una celebración que reviste un significado especial al coincidir con el Jubileo de la Esperanza. Como cada año, el corazón de la cristiandad se prepara para recibir a miles de peregrinos de todo el mundo que acudirán a contemplar el pesebre y el árbol monumental que acompañarán la Navidad en la Ciudad Eterna.

El abeto rojo, de 27 metros de altura, proviene de la provincia autónoma de Bolzano, en la región alpina de Trentino-Alto Adigio, y ha sido ofrecido generosamente por los municipios de Lagundo y Ultimo. Desde sus montañas, cubiertas por la nieve que inspira los versos de los villancicos más antiguos, este árbol emprenderá su viaje hacia Roma como símbolo de la unión entre la naturaleza, la fe y el arte.

A su lado, el belén que ocupará la explanada frente a la Basílica de San Pedro será un homenaje a la tierra de Salerno, en la región de Campania, donde se alza la Diócesis de Nocera Inferiore-Sarno. Fiel al espíritu franciscano que inspiró la tradición del pesebre hace ocho siglos, esta representación buscará “hacer visible el misterio invisible de la Encarnación”, con elementos que evocan tanto la fe como las costumbres locales.

El belén reproducirá, entre otros símbolos, el baptisterio paleocristiano de Nocera Superiore, la fuente Helvius de Sant’Egidio del Monte Albino y una casa típica del Agro nocerino, con su patio abierto, muros de toba gris y un portal acogedor que invita al silencio y la oración.

El mensaje del pesebre: el rostro humano de la esperanza

Cada rincón del belén ha sido pensado para transmitir un mensaje espiritual profundo, en perfecta sintonía con el Jubileo de la Esperanza convocado por el Papa León XIV. En la planta baja, donde se representa el nacimiento del Salvador, aparece un pastor inspirado en el Siervo de Dios Don Enrico Smaldone, sacerdote italiano que dedicó su vida a los huérfanos de la Segunda Guerra Mundial.

Junto a él, dos niños suben una escalera que apunta hacia Cristo, símbolo de que toda educación auténtica tiene en Jesús su centro y su meta. Esta figura rinde homenaje a la obra incansable de Smaldone, quien, conmovido por la película La ciudad de los muchachos, decidió fundar casas de acogida para niños abandonados.

El belén incluye también una pintura de la Virgen de las Tres Coronas de Sarno, realizada por los maestros floristas de la Infiorata di Casatori, que representa la ternura de María como Madre de todos los hombres. En otra escena, aparece San Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia y fundador de los redentoristas, entonando al clavicordio su célebre villancico “Tu scendi dalle stelle”, una de las joyas del canto navideño italiano.

“Cada detalle del belén es una catequesis en sí misma —explicó uno de los organizadores del montaje—. Desde el gesto de un pastor hasta el brillo de la estrella, todo nos habla del Dios que se hizo cercano.”

Un reloj de péndulo, colocado junto al santo napolitano, recuerda cómo San Alfonso recitaba un Ave María con cada campanada, uniendo así el paso del tiempo al ritmo de la oración.

En el centro del belén, la Sagrada Familia irradia serenidad y humildad. José, María y el Niño aparecen rodeados del buey y la mula, mientras los Reyes Magos se postran en adoración ofreciendo dones del alma más que del oro. Una pastora entrega al Niño las delicias de su tierra —tomates San Marzano, cebollas de Nocera, alcachofas, nueces y pan recién hecho—, en una escena que evoca el amor sencillo de los pobres.

Un belén lleno de santos, símbolos y raíces populares

El pesebre de este año no es solo una obra artística, sino una representación teológica y pastoral del amor de Dios hecho carne. A los personajes tradicionales se suman figuras inspiradas en testigos contemporáneos de la fe.

Destaca la presencia del Siervo de Dios Alfonso Russo, fundador de la Pía Unión de los Enfermos de Cristo Salvación, quien ofreció su vida por la “santificación del sufrimiento”. Su figura, representada como un pastorcito que contempla el pesebre con serenidad, es un homenaje a todos aquellos que ofrecen su dolor como oración silenciosa.

Al fondo del escenario se alzará un pescador con un gran ancla, símbolo del Jubileo y de la Puerta Santa que se abrirá en la Basílica de San Pedro, recordando que Cristo es el ancla firme de la esperanza. Sobre todo el conjunto brillará una gran estrella cometa luminosa, cuya cola adopta la forma de un ancla, signo de la fe que no se apaga.

Mientras tanto, el Aula Pablo VI del Vaticano acogerá otro belén, elaborado en Costa Rica por la artista Paula Sáenz Soto bajo el título Nacimiento Gaudium (Nacimiento de la alegría), con un mensaje contundente: “Proteger la vida desde su concepción”. Esta obra centroamericana, con su estilo colorido y contemporáneo, une arte y compromiso, recordando que la Navidad es también una defensa del don sagrado de la vida.

“El Niño que nace en Belén nos enseña que toda vida es un milagro y merece ser acogida con ternura, sin importar su fragilidad.”

El corazón de la Navidad en el año del Jubileo

El encendido del árbol y la inauguración del belén están previstos para principios de diciembre, en una ceremonia presidida por el Papa León XIV, quien ya ha expresado su deseo de que “la Navidad Jubilar sea un signo de reconciliación, paz y esperanza para el mundo”.

Miles de peregrinos llegarán desde distintos continentes para admirar este conjunto monumental, que unirá el arte sacro del norte y del sur de Italia en un mismo mensaje de fe. Durante todo el tiempo de Navidad, los visitantes podrán acercarse al pesebre para orar, contemplar y renovar su compromiso de vivir el Evangelio con sencillez.

El pesebre, como recordaba San Francisco de Asís, no es una decoración, sino una proclamación silenciosa del amor de Dios. En la fría piedra de la Plaza de San Pedro, bajo la luz del árbol de los Alpes, resonará de nuevo el mismo mensaje que hace más de dos mil años transformó la historia: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.”

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